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Jueves, 21 de Noviembre 2019
Economía | Un dato habla por sí solo: las ventas totales del sector cayeron en octubre 31.9 por ciento

Sector automotriz pone en jaque economía estadounidense

General Motors encendió las luces de alarma esta semana tras caer sus ventas un 45 por ciento

Por: NTX

NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS.- Tras el colapso de los bancos de inversión, que remeció el tablero de juego en Wall Street, le ha llegado el turno ahora a la industria automotriz, en serios aprietos y con el fantasma de la bancarrota en el horizonte.  

Al gobierno de Washington se le está agotando el tiempo para salvar un sector reconocido como 'la espina dorsal' de la industria estadunidense y cuyo derrumbe supondría un golpe devastador para el conjunto de la economía nacional, con consecuencias mayúsculas.  

El futuro de Detroit, sede principal de la industria del automóvil, se oscurece conforme se agrava la crisis económica y financiera en Estados Unidos.  

General Motors (GM), Ford y Chrysler, las tres todopoderosas empresas “made in USA”, ven cómo se quedan sin dinero en el banco y sus ventas caen en picada.  

Un dato habla por sí solo: las ventas totales del sector cayeron en octubre 31.9 por ciento, situándose en el nivel más bajo en 25 años. Otra cifra: tan sólo GM ha despedido a 46 mil trabajadores en este país desde 2004, el último año que obtuvo beneficios.  

General Motors encendió las luces de alarma esta última semana. Luchando desde hace meses contra lo inevitable, reveló que se está quedando sin efectivo a toda velocidad y sólo dispone de la liquidez 'mínima necesaria' para financiar sus operaciones del resto del año.  

La automotriz, cuyas ventas cayeron en octubre 45 por ciento, perdió dos mil 540 millones de dólares en el tercer trimestre y anunció que suspende las negociaciones para fusionarse con Chrysler, por lo que los expertos no descartan la bancarrota como salida más probable.  

Los agresivos planes de recorte de gastos implementados por estas tres firmas –con cierres de fábricas y despidos masivos- no están dando los resultados esperados.  

El reloj corre en contra de los tres gigantes de Detroit, que esperan que Washington actúe rápido y les arroje un salvavidas.  

Se prevé que la Casa Blanca y el Congreso podrían llegar a un acuerdo la próxima semana. A falta de afinar algunos detalles, se baraja la posibilidad de conceder una línea de ayuda y créditos directos por 25 mil millones de dólares.  

Los analistas coinciden en señalar que tan sólo GM necesita 15 mil millones de dólares en ayuda directa para sobrevivir un año.  

Pero no todos están de acuerdo en que el gobierno ponga encima de la mesa un plan de rescate para estas compañías, como ya hizo con los 700 mil millones de dólares destinados a reflotar el sistema financiero.  

“Dar dinero de los contribuyentes (a estas tres empresas) sería un terrible error. Lo que haría sería subsidiar las malas prácticas de gestión de sus burócratas y recompensaría a los sindicatos intransigentes”, sostuvo Daniel Mitchell, analista del Instituto Cato.  

 Y es que muchos ciudadanos comunes están descontentos ante la posibilidad de que el gobierno use dinero público para rescatar a empresas privadas cuyos errores las hundieron en crisis. El mismo malestar que generó el rescate financiero.  

No obstante, casi todos los expertos –y la mayoría de la clase política- consideran que no hay otra opción, pues quedarse de brazos cruzados sería mucho peor para la economía que apoyar a las firmas en apuros que sostienen la economía nacional.  

En este debate, el punto crucial para muchos es que el paquete de ayuda no servirá por sí solo para mantener a salvo a las tres grandes firmas de Detroit, las cuales deberían cambiar su modelo de negocio.  

“Las tres compañías necesitan desesperadamente reestructurar fundamentalmente su modo de operar. Básicamente, deben sufrir en el corto plazo para recuperar la viabilidad a largo. Pero eso no pasará si los políticos intervienen”, dijo Mitchell.  

La otra posibilidad es que se declaren, sobre todo General Motors, en bancarrota bajo el Capítulo 11 de la Ley de Quiebras, según el cual pueden seguir operando mientras un juez revisa la reestructuración de su deuda.  

No obstante, esto tampoco sería la solución definitiva a los problemas de base que afectan al sector. GM se resiste a esta salida, según han repetido una y otra vez sus directivos.  

Douglas Baird, especialista en bancarrotas de la Universidad de Chicago, afirma que estas compañías tienen dos problemas centrales: uno, que tiene que ver con las deudas y su liquidez; y dos, con su modelo de negocio.  

“La bancarrota ayudaría a resolver el primero al contener a los acreedores, pero no al segundo, que es más profundo y necesita un cambio de mentalidad y ajustarse a los nuevos tiempos”, apuntó Baird.  

Los nuevos tiempos significan ser más competitivos frente a la pujanza de marcas japonesas como Toyota, que les está arrebatando el liderazgo en Estados Unidos a toda velocidad, y a la demanda de los consumidores, que cada vez quieren autos más pequeños, ecológicos y con menor consumo.  

En cualquier caso, parece claro que algo hay que hacer pues, según datos de la firma de análisis económico IHS Global Insight, el proceso de quiebra y liquidación tan sólo de GM costaría al gobierno hasta 200 mil millones de dólares.  

Ante este panorama, los 25 mil millones a debate en el Congreso no parecen la peor salida. 

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