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Lunes, 18 de Noviembre 2019
Economía | Predicen que cambiará el patrón a largo plazo

El consumidor será más cauto después de la crisis

La gente en Estados Unidos está molesta, pues su forma de vida ha tenido que cambiar por las restricciones financiera

Por: EL INFORMADOR

NUEVA YORK. Los problemas económicos que están afectando al planeta desde 2008 han sido desastrosos, y continuarán agobiando por un tiempo más. De acuerdo con instituciones multinacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), la pérdida implica la “desaparición” de tres billones de dólares, y la pérdida de empleo para cien millones de personas en el mundo, que se suman a los 190 millones que ya buscan un trabajo sin poderlo conseguir.

La suma de las pérdidas es tan grande, que equivale a 13 veces todo el presupuesto del Gobierno federal para 2010, o 623 veces el del Gobierno de Jalisco para el próximo año. Si hubiera que repartir la descomunal cifra entre todos los habitantes de la Tierra, incluidos los niños, a cada uno le tocaría perder seis mil 400 pesos.

De los 290 millones de personas que buscan sin conseguir un empleo en el mundo, y pese al optimismo gubernamental del mes de octubre pasado, casi 100 mil son jaliscienses: 18 mil 200 puestos registrados en el Seguro Social que se han perdido en un año, y alrededor de 80 mil que el crecimiento de la población en el Estado requiere anualmente para cubrir su expansión.

No obstante, hay optimismo. Gary Wendlandt, vicepresidente del Consejo de Administración y director de Inversiones de New York Life (NYL), reconoce que aunque los responsables de la especulación con malos créditos que dio origen a la crisis económica internacional, seguirán activos, el horizonte es prometedor hacia un sistema financiero menos volátil y especulativo, con regulaciones más firmes.

Sin embargo, será el consumidor quien capitalizará mejor esta experiencia devastadora, pues será más cauteloso en el uso de su dinero, en la adquisición de bienes, sobre todo de inmuebles y consumo duradero, y planeará mejor el futuro de su familia.

El entorno de los consumidores y sus familias es complicado. “Por fortuna, el colapso económico se ha ido frenando”, explica el directivo de NYL. “La crisis en el sector inmobiliario está llegando a su fin, aunque el desempleo muestra datos de que empeorará. Pero, lo más importante, el consumidor está desalentado, ha dejado de gastar como en otros tiempos”.

Finalmente, explica Wendlandt, los consumidores saben más que hace un año sobre lo que ha sucedido con la economía. Los ciclos son así, y eso es inevitable, “la economía se mueve así, por ciclos”. Mucha gente ha tenido problemas porque le ofrecieron crédito sin garantías, y ahora hay deuda mala, que en muchas ocasiones se volverá impagable”.

Según Wendlandt, en Estados Unidos hará 400 mil millones de dólares en créditos que no serán pagados nunca. Ese es uno de los resultados que traerá la crisis. Son créditos fundamentalmente hipotecarios, en compra de autos y en tarjetas de crédito. “Esto es terrible”, subraya. Muchas de las deudas dejaron de pagarse desde 2005, y no hay acuerdo en lo que se tiene qué hacer con ellas.

Los créditos impagables generarán repercusiones en la economía estadounidense hasta 2012, estima el financiero.

Sólo en 2009 hubo 116 bancos en problemas en la Unión Americana; la mayoría pequeños y regionales, aunque hay algunos grandes, como Citibank.

Noviembre de 2008 marcó la cúspide del pánico generalizado entre la población y entre los inversionistas, que a veces se deja convencer por un optimismo irracional.

Al final, recomienda Wendlandt, debe alcanzarse el equilibrio, y en esto muchos consumidores habrán aprendido de toda esta experiencia: aprenderán a gastar, aprenderán a ahorrar. Será el aprendizaje de la actual crisis. La cautela será mayor entre muchos de los consumidores, en Estados Unidos y en muchos otros lugares del planeta.

En el informe a los socios mutualistas, Wendlandt tiene un nombre a lo que está sucediendo: “Es un tsunami financiero”. Y ante ello, la receta es una: debemos quitarle emoción al sistema financiero, riesgo insostenible, y establecer uno más cauto, que no deje de tomar riesgos, pero que se frene la aventura con la que algunos especuladores llevaron al planeta tras de sí, con las consecuencias que hoy vivimos.

“Yo puedo dormir”

New York Life es una anciana experimentada, a la que ya no le asusta la crisis actual porque ha experimentado y aprendido de otras, hasta hacerla una empresa conservadora; “aunque más bien es prudente”, puntualiza Wendlandt.

Es tan antigua esta compañía que cuando fue fundada California, Nevada, Arizona y Nuevo México todavía eran parte de nuestro país, y Estados Unidos era un joven rubio, pecoso e impulsivo.

NYL es la empresa mutualista se seguros más grande del planeta, y pese a la enorme atracción de convertirse en empresa pública, entrar a la Bolsa y atraer más capitales para invertir, la sesquicentenaria aseguradora se ha mantenido al margen.

La figura de mutualidad es poco conocida en el país. “Es una empresa cuyos propietarios son sus propios clientes”, explica Lidya Fresnedo”, directora de IC&M, la empresa de relaciones públicas de NYL en México.

Este rasgo característico de la empresa, preservado y consentido a lo largo del tiempo, hoy la tiene al margen de las enormes pérdidas bursátiles y bancarias en Estados Unidos. Redujo utilidades, pero no ha dejado de crecer.

En su informe anual 2008 a los clientes-socios, dueños de NYL, el nuevo presidente de la compañía, Ted Mathas, escribe: “Poco después de la dramática serie de sucesos que sacudieron la economía de Estados Unidos en septiembre de 2008, comencé a recibir mensajes de los socios de la mutual, que expresaban un mismo sentimiento: “Me siento feliz de que mi dinero esté en New York Life”, o “Estoy muy agradecido de la estabilidad y prudencia de New York Life”, o “Gracias a la compañía, puedo dormir en las noches”.

No obstante, dijo el directivo en febrero pasado, “Hay amplias razones para creer que 2009 será un año difícil para la economía. La extensión, profundidad e intensidad de la crisis crediticia está afectando a todos los negocios estadounidenses; las pérdidas en valores bursátiles no han terminado, y el desempleo seguirá subiendo hasta tasas muy preocupantes”.

“Nuestro negocio resentirá el efecto del reducido gasto de los consumidores este año, ya que las familias están dedicadas a subsistir en muchos aspectos”, expresa Mathas. (José Antonio Cázares/Enviado)

PARA SABER
¿V, U, W o L?


Si la caída comienza a ceder, aún es desconcertante cómo será la recuperación. Gary Wendlandt lo explica con letras.

“Lo ideal, pero poco probable, es que luego de la caída, la tendencia sea la de una ‘V’, con una recuperación veloz. Lo más probable es que sea como una ‘U’, pero yo no apostaría porque esto sea lo que suceda”, dice.

Los estímulos gubernamentales pueden provocar un comportamiento económico de “W”, de alzas y bajas pronunciadas y mucha volatilidad. “Pero lo peor que puede pasar es que esta crisis, luego de la caída, se comporte como una ‘L”, al que llaman escenario japonés, que nos tenga por muchos años paralizados”, explica Wendlandt. “Sería terrible para Estados Unidos y el resto del mundo”.

El dilema se resolvera, estima, en las políticas fiscal y monetaria.

La gente en Estados Unidos está molesta, pues su forma de vida ha tenido que cambiar por la restricciones financieras.

Un año difícil será útil para el futuro


Hace un año, esta imagen vistió a Times Square, en el corazón dramático de Manhattan. Aludía a una producción de espectáculos, pero la imagen se combinó muy bien con los tableros luminosos que describían, un día sí y el siguiente también, que la economía estadounidense entraba, con el resto del mundo detrás, en una desordenada y profunda caída.

Doce meses después, los problemas financieros siguen siendo muchos, pero de acuerdo con New York Life, ha sido muy útil porque está generando un nuevo tipo de consumidores: más cautos, resistentes a asumir deudas que puedan darles problemas en el futuro, y molestas con las autoridades que no impidieron la especulación financiera.


La capital de las compras

Manhattan no deja de ser un hormiguero, pero ha cambiado. La gente se mueve en grandes cantidades a lo largo de todo el día, no importa si va la Downtown (Sur de la isla) o al Uptown (Norte, a los alrededores de Central Park y más allá, a Harlem o al Bronx.

Pero hay algo distinto. Las tiendas de la Quinta Avenida han “ablandando” a los antes serios y gorilones guardias a la entrada, que ahora se han vuelto sumamente atentos y saludadores. De vigilantes, se han convertido en edecanes sonrientes, aunque siguen teniendo cuerpos de refrigeradores.

Dentro de las tiendas —H. Stern, Louis Vuitton, Cartier, Sacks Fifth Avenue o D&G— por mencionar a algunas— muestran soledades en sus pasillos. Ni siquiera las mesas con grandes tableros de rebajas sirven para atraer a los compradores.

Pero lo más dramático está en la calle, lo mismo en Madison, Broadway Park o Houston. Los transeúntes neoyorquinos, que siempre caminan en multitudes ensimismados cada uno en su personal soledad, van de la casa al trabajo y de regreso sin el poder del crédito, que daba para gastar.

Algo ha cambiado en Nueva York, la capital mundial del consumo. Es fácil percibirlo entre el hormiguero de personas. (JAC)

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