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Viernes, 22 de Febrero 2019

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Deportes | Por Héctor Huerta

Atuendo futbolero

“La victoria pertenece al más perseverante”. Napoleón.

Por: EL INFORMADOR

Fue Pumas, finalmente, el que a lo largo de 210 minutos mostró mayor determinación para ser campeón. Fue Guillermo Orta, cuyo nombre nunca aparecerá en las marquesinas, el que trabajó la parte física de los universitarios y los dotó de la fuerza con la que terminaron la final ante Pachuca.

Fue Ricardo Ferreti quien tuvo mayor capacidad de convencimiento sobre sus jugadores para que se entregaran minuto a minuto, fuese cual fuere el resultado parcial, para terminar imponiéndose con autoridad a un rival que aparecía como favorito, pero al cual le faltó convicción de campeón.

Otras veces Pachuca logró el título justo por eso: porque a los futbolistas les sobraba la convicción de campeón, que les permite luchar cuando la fuerza mengua y encontrar el chispazo genial para hacer el gol.

Pumas ganó por empuje, por fondo físico, por determinación, porque administró mejor los tiempos, porque creyó más en su entrenador, porque los jugadores sabían que podían entregar todo su esfuerzo pues había preparación física para soportar el desgaste de un juego que se fue hasta tiempo extra.

Pachuca, tal vez sabedor de que Enrique Meza se iba al Cruz Azul, según apuntan todos los rumores de las últimas horas, pareció perder la confianza, el optimismo y la convicción al saber que su líder era una sombra a punto de emigrar. El primer asomo de caída se vio con la derrota ante los Indios en la vuelta, en la mismísima cancha del Estadio “Hidalgo”, demostrando que no era imbatible y dándole a los Pumas el arma táctica que necesitaban para la final.

Pumas aprendió de Indios que si apretaban a Pachuca en su propia cancha, ejerciendo marcación dos a uno o hasta tres a uno, los harían equivocarse en el manejo de la pelota, que ha sido su arma letal. Al cortarle circuitos de pases interminables, Pachuca entró en desconfianzas y Pumas se convenció desde el primer tiempo en CU que podía derrumbar al gigante del toque de balón.

Y fue así como Pumas ganó la batalla, a base de presión física sobre los jugadores habilidosos del Pachuca. Secó de golpe al “Chaco” Giménez y a Damián Álvarez y limitó en menos del 50 por ciento la capacidad ofensiva de los Tuzos. El “Chaco” anotó ayer, pero ambas a balón parado, ya que los circuitos de pasar de un lado a otro la pelota fueron rotos en los dos partidos.

Pachuca perdió su encanto. A la Cenicienta del pase interminable le llegaron las doce de la noche y terminó con su belleza de juego. Fue un equipo desconcertado, desconfiado, incierto, que no pudo sacar nunca algún otro recurso para emparejar las acciones con unos Pumas resueltos a la victoria.

La diferencia no fue un gol: fue la convicción de Pumas de que podía ser campeón. Y fue la presencia en la banca de un líder sólido, en el que creen los jugadores.

En Pachuca se avecinan cambios. Nadie quedó conforme con esa forma de perder, menos en casa, menos una final, menos ante Pumas, que ya lo aventaja en la historia de los ganadores.

Pumas fue el único equipo que no se reforzó en el actual torneo y que rescató el valor de los canteranos como Efraín Juárez, el “Pikolín” Palacios, el “Chispa” Velarde, Pablo Barrera, David Toledo, Sergio Bernal e Israel Castro, fortalecidos por la experiencia de Paco Palencia, Dante López, Leandro Augusto, Darío Verón o Ismael Íñiguez.

Ganó con todo merecimiento porque sacó todas sus fortalezas y escondió sus debilidades. Desde el portero hasta todos los relevos, compartieron la fisonomía de un equipo que creyó siempre en que podía ser campeón. Al interior del equipo se incubó el huevecillo de la convicción que todo campeón posee. La determinación mostrada en toda la Liguilla suplió la ausencia de grande nombres, por la firmeza de un puñado de hombres resueltos a matar o morir en la cancha.

Tras la final de ayer, “Tuca”, su directiva y sus jugadores podrían hacer suya la frase de Buda: “Ni siquiera un dios puede cambiar en derrota la victoria de quien se ha vencido a sí mismo”.

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