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Lunes, 24 de Septiembre 2018

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Deportes | Por Héctor Huerta

Atuendo futbolero

“Nos sentimos ajusticiados, nos sentimos acribillados”. José Antonio García, presidente Atlante.

Por: EL INFORMADOR

Que Cruz Azul merece estar en la final, ni duda. Que ha tenido un levantón importante, que le permite llegar a su segunda final consecutiva y que hasta puede ser campeón, tampoco se discute. Lo que no se vale, en el caso de Cruz Azul o en el de cualquier otro, es que los árbitros den margen a la maledicencia popular, que colaboren al caldo de cultivo de la desconfianza en la credibilidad del futbol mexicano.

Que se equivoquen en un penalti, es error humano; que regalen otro, es torpeza; que no vuelvan a marcar otro, es sospecha y que no marquen un cuarto, es mala leche.

Se puede afirmar que en esta semifinal de Cruz Azul contra Atlante, donde supuestamente se produjeron seis penales de los cuales sólo se marcó uno, en realidad ninguno de ellos fue.

En el primer partido, Gerardo Lugo se le recargó a Clemente Ovalle, se tiró de espaldas y el árbitro Francisco Chacón obsequió un penalti navideño a los cementeros. Luego, Carlos Bonet chocó la pelota con la mano y no se marcó penal; Jaime Lozano detuvo otro balón en el área con el brazo y tampoco se señaló. Y en el segundo partido, arbitrado por Roberto García, Jaime Lozano volvió a detener el balón con la mano y se perdonó la falta. Y Gabriel Pereyra fue derribado dentro del área y en lugar de marcar penalti lo amonestaron.

¿Fueron penales? Tratando de ser justos con la verdad, no, ninguna de las seis faltas fue penal. Pero, ¿por qué regalarle una de Cruz Azul y negarle cinco al Atlante? ¿Es una venganza contra los azulgranas porque Miguel Ángel Couchonnal denunció la falta de trabajo del Comité de Selecciones Nacionales y la inoperancia de los mandos federativos? ¿Es un aviso para Alejandro Burillo de parte de uno de los grupos poderosos de la televisión porque quiere crear su propio canal deportivo?

El presidente ejecutivo de los atlantistas, José Antonio García denunció con todas sus letras que hubo consigna para sacar al Atlante de la final, para jugar el próximo sábado en el estadio Azul el título del futbol mexicano, en el juego de los cementeros contra Toluca o Santos.

Desde el primer partido que pitó Francisco Chacón, Toño García denunció: “Ustedes que son los expertos, díganlo. Nos sentimos ajusticiados, nos sentimos acribillados. Creo que está muy claro, al minuto uno Gerardo Torrado le pega a Gabriel Pereyra y creo que la falta debió ser sancionada al minuto uno o al 39 (con tarjeta). El abanderado es un árbitro frustrado porque antes era central y hoy como abanderado marca por segunda vez un penal”.

Cruz Azul mereció ganar, sin duda. Pero los arbitrajes así manchan no sólo una serie semifinal, sino que ensucian el patrimonio incólume del futbol que es la credibilidad.

Muchos partidos en México han dejado la duda razonable de que una decisión arbitral decidió no sólo partidos, sino títulos o descensos a lo largo de la historia.

Y eso no se lo merecen ni el futbol ni la noble afición que todavía cree en este deporte.

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