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Jueves, 20 de Septiembre 2018
Deportes | Por Héctor Huerta

Atuendo futbolero

“Genialidad: singularidad, originalidad, capacidad de crear e inventar cosas nuevas”. Definición de la Real Academia Española

Por: EL INFORMADOR

Los futbolistas diferentes o geniales, son aquellos capaces de improvisar sobre la partitura conocida. Como los magos, suelen también sacar conejos de la chistera.

Cuando se junta dos jugadores geniales (que en sus botines no sólo tienen desarrollada al nivel más alto nivel su capacidad técnica, sino que sus cerebros crean a velocidades inesperadas jugadas inverosímiles), entonces las posibilidades de triunfo de su equipo se multiplican, como ocurrió ayer con Santos Laguna, que incluyó dos “dieces” en el campo con Cuauhtémoc Blanco y Daniel Ludueña en el partido que ganaron claramente al San Luis por 3 a 1.

Con los sistemas actuales de juego, que han hecho del antiguo “10” un futbolista en proceso de extinción, fue verdaderamente grato comprobar que a Daniel Guzmán le sigue gustando el futbol de artistas del balón. Recurrió a dos futbolistas con talento esférico, para que en la cancha produjeran el deleite de los aficionados y las jugadas de gol suficientes como para tomar ventaja sobre el líder general del torneo.

Cuauhtémoc, en particular, vino a inyectarle a la liguilla la cuota de interés que escaseaba. Ha sido el actual uno de los torneos más parejos a la baja, aburridos en muchos de sus trayectos y con partidos para el bostezo.

Jugadores como Cuauhtémoc son capaces de pasar de lo sublime a lo grotesco, pero también generan un ambiente de optimismo ante la muerte silenciosa del futbol espectáculo.

Los directivos exigen triunfos por encima de todo; los entrenadores han sacrificado cuotas de espectacularidad por el resultadismo, con el afán de mantenerse varias semanas en sus cargos; los futbolistas son autómatas del sistema de juegos, obediente hasta el grado de la sumisión y los espectadores son entes descuidados, menospreciados, a los cuales están matando de aburrimiento.

Es de celebrarse que en estas condiciones surja un rebelde como Cuauhtémoc Blanco, capaz de tocar la pelota con ambas piernas, de rematar con la cabeza, de sacar pases con la joroba, con la cadera, con los glúteos, con el talón, con cualquier parte del cuerpo. Es un inconsciente que brinda sin saberlo alegrías a los espectadores. A los que vistan la playera que él tiene en la cancha los hipnotiza, los alegra, las hace vivir la experiencia del futbol de otra manera. A los rivales de su equipo, los irrita, los enerva, los hace sufrir, aunque en el fondo reconozcan su talento esférico.

Verlos ayer a esos dos locos del balón, como Cuauhtémoc y Ludueña, es un ingrediente esperanzador para una liguilla que se esperaba tan aburrida diría Héctor Rial) como una pelea de pulpos.

Santos, con Cuauhtémoc y Ludueña en la mitad del campo, libres de funciones defensivas y dedicados los 90 minutos del partido a improvisar sobre la partitura conocida, se ha instalado otra vez como candidato al título. Bastó un golpe de astucia de la directiva santista, aprovechando el recurso legal que le permitiría registrar casi sobre la hora de la liguilla a un jugador como Cuauhtémoc, para que aumentara sus posibilidades de repetir como campeón.

De los otros partidos de cuartos de final hay poco que comentar. Han cumplido con el pronóstico de anteponer el resultado al espectáculo. Hay pocos entrenadores en esta liguilla que piensan como Jorge Valdano, que en el futbol es imperioso hoy día poner un ojo en la cancha y el otro en la alegría de los espectadores.

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