Deportes | A propósito por Jaime García Elías * “Mita y mita” A propósito por Jaime García Elías Por: EL INFORMADOR 9 de noviembre de 2009 - 07:30 hs Por favor: una cosa es que el 4-1 con que se escribió la historia del “Clásico” sabatino refleje claramente la diferencia que hubo entre el Guadalajara y el Atlas, y otra muy diferente proclamar que la selecta —que no masiva— concurrencia atestiguó una reconciliación espectacular del “Rebaño Sagrado” con la eficiencia y espectacularidad que siempre quisieran verle sus legiones de simpatizantes, y, de paso, con la cacareada (y un tanto devaluada últimamente) “filosofía Chiva”. * Es cuestión de repasar la película del partido; de ponderar, con la objetividad que sea posible en tratándose de un “Clásico”, en qué medida el abultado marcador es el justo premio a las virtudes futbolísticas de las huestes (desde hace una semana) del “Güero” Real... y en qué medida es la penitencia a la medida de los pecados cometidos por el Atlas. Lo más probable es que haya que conceder “mita y mita”. * Sin demérito del elogio que merecen la ambición, la disposición de ánimo y el equilibrio táctico del Guadalajara (al final de cuentas, en el futbol es el balón el que determina lo que debe hacerse: atacar cuando se tiene, y defender cuando se pierde; el que equivoca los tiempos, lo paga caro), la desconcentración, el desorden y la impotencia de los rojinegros siquiera para meter las manos, rayaron en el terreno de lo escandaloso. La inoperancia del Atlas no sólo fue indigna de la actitud que tiene que ponerse de manifiesto en un “Clásico”. Fue indigna de profesionales... Los rayados abrieron el marcador cuando los rojinegros, ausentes del juego, aún musitaban parsimoniosamente el consabido “de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro”, cuando el orfeón que acompañó el gol de Bravo los devolvió, abruptamente, a la grosera realidad. Tres minutos más tarde, otro pecado mortal del bloque defensivo —es un decir...—, y la penitencia del segundo gol, más que suficiente para proclamar que el arroz, como en horno de microondas, en tres patadas —literalmente— ya estaba cocido cuando el partido apenas arrancaba. * En una banca, José Luis Real, sin hacerle al David Copperfield, puso a los jugadores en sus puestos y les encomendó funciones acordes a sus atributos. En la otra, Ricardo La Volpe continuó en la tónica en que ha estado toda la temporada: inventando formaciones, con la esperanza indecisa de acertar en alguna... como el burro flautista de la fábula. Temas A propósito Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones