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Domingo, 17 de Noviembre 2019
Deportes | Por Jaime García Elías

* Telón

A propósito por Jaime García Elias

Por: EL INFORMADOR

Mientras el Atlas conseguía un triunfo tardío como visitante del Jaguares —útil únicamente para efectos del promedio en la lucha por evitar el descenso al cabo del próximo Torneo de Clausura—, y los rebautizados “Estudiantes” se despedían con un empate sin goles frente al Atlante, que sirvió para que Bruno Marioni oficializara su retiro del futbol varias temporadas después —las últimas con Pachuca, Atlas y Autónoma— de que la cancha le demostrara, reiterativamente, que el futbol ya lo había abandonado a él, el Guadalajara refrendaba, de manera escandalosa, el que fue su sello en esta campaña: la incompetencia.

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Las circunstancias que envolvieron su compromiso del sábado pasado, eran del dominio público. Su acceso al boleto disponible aún para la “Liguilla” dependía de una combinación de resultados. Para efectos del que dependía de terceros, el Querétaro le hizo el caldo gordo aplastando al San Luis. Y fue en el capítulo que dependía exclusivamente de su propio esfuerzo, de los argumentos futbolísticos que acertara a esgrimir para imponerse al Cruz Azul, que el Guadalajara —para decirlo con todas sus letras— claudicó.
Lo dijo bien, al final del partido, el “Chícharo” Hernández: “No merecíamos avanzar (a la ‘Liguilla’), porque no se puede llegar a estas instancias en la última jornada”... Más honesto, imposible. Más objetivo, ídem.
El orfeón, en las tribunas, con sus cantos, hizo lo suyo: “¡Sí se puede...!”.
El equipo, en la cancha, exhibiendo sus pobrezas, lo desmintió: “No se pudo”.

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José Luis Real jugó a la lógica durante una hora. Mantuvo el equilibrio táctico. Dio a sus jugadores la motivación necesaria para que, como en el “Clásico” de la semana anterior ante el Atlas, se diera el extra en el esfuerzo físico. El equipo generó tantas o más oportunidades de gol que el adversario... En la última media hora decidió salirse del librito y jugársela al “Viva México”. Consiguió abrumar al Cruz Azul y ponerlo de espaldas contra las cuerdas. Lamentablemente, la definición se frustró porque sus atacantes (“para variar...”) no dieron el kilo: el “Venado” Medina estuvo errático; el “Chícharo” estuvo bien vigilado en el último trecho; Arellano acusó desencanchamiento; Bravo volvió a ser una triste caricatura del goleador que alguna vez fue.
Al Guadalajara le quedó el 4-1 del “Clásico”, como consuelo; como rotunda constancia de que fue, en el balance del Torneo de Clausura, menos malo que el Atlas.

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