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Martes, 19 de Noviembre 2019
Deportes | Por Jaime García Elías

* Disyuntivas

A propósito por Jaime García Elías

Por: EL INFORMADOR

No quedó muy claro, al final de cuentas, qué pretendían los simpatizantes del Atlas que acudieron, identificados colectivamente como “integrantes de la Barra 51”, a las instalaciones del club de sus amores --y también, habría que decir, “de sus frustraciones”...-- el miércoles pasado.
Vagamente se dijo que querían externar su inconformidad --sin digerir todavía la humillación del 4-1 adverso en el “Clásico” del sábado pasado-- por la pésima campaña de los rojinegros en el actual Torneo de Apertura. Hizo falta puntualizar si tenían a alguien en particular en la mira: el presidente del club; sus dirigentes; el técnico; uno o varios jugadores; los supuestos “refuerzos” que a la hora de la verdad, por angas o por mangas, fueron absolutos fraudes...

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El gesto, en todo caso, quedó registrado como una expresión --un tanto insólita-- de un grupo representativo de “La Fiel”, como se hace llamar el núcleo de estoicos incondicionales de un equipo que les ha dado, a lo largo de la historia, muchas más amarguras que alegrías.

La manifestación de inconformidad se produce, además, en un momento en que los dirigentes del club se encuentran ante diversas disyuntivas...
Una de dichas disyuntivas es coyuntural: se centra en la conveniencia de dar a Ricardo La Volpe, o no, la revancha que solicita: la oportunidad de enderezar  lo que él mismo contribuyó, por acciones y omisiones, a que se torciera... La cuestión estriba en decidir si se le da crédito a su palabra: si hay elementos de juicio para suponer que esta vez elegirá mejor los refuerzos que solicite a la directiva; si manejará al plantel menos caprichosa, menos autoritaria y más criteriosamente; si tendrá el liderazgo necesario para que los jugadores ejecuten en la cancha las ideas del técnico. En fin...

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La otra disyuntiva es mucho más seria; es de carácter estructural; no tiene que ver con una serie de malas actuaciones y de resultados negativos que pudieran calificarse de “accidentales”, etiquetarse como “imponderables”, atribuirse a la mala suerte o a los errores arbitrales --todos, como si se tratara de un hechizo, en contra del equipo-- y clasificarse como meros “accidentes del futbol”; sí tiene que ver, en cambio, con la conveniencia de hacer efectiva la idea de dejar el manejo de la institución en otras manos; es decir, de reconocer su incompetencia para este negocio, reiterativamente demostrada por los hechos.

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