Deportes | A propósito * Corona Por Jaime García Elías Por: EL INFORMADOR 17 de mayo de 2011 - 01:41 hs Se suponía que Chuy Corona había escarmentado. ARCHIVO / Bien dicen que “el hombre es el único animal que se tropieza dos veces en la misma piedra”. Precisamente porque ya vivió la amarga experiencia de estar en el centro de un escándalo y de quedarse como espectador distante de un Mundial --el del año pasado en Sudáfrica-- del que pudo haber sido protagonista, se suponía que Chuy Corona había escarmentado; que sería especialmente cuidadoso de su conducta; que evitaría dejarse llevar por la calentura del momento; que entendería que, como figura pública, tenía que aprender a ejercitar la virtud de la continencia (atributo, dice el diccionario, “que modera y refrena las pasiones y afectos del ánimo”... como la proclividad a la violencia, por ejemplo). * Es notable el contraste en la personalidad del arquero del Cruz Azul, a quien ahora se da de baja ignominiosamente, por su reprobable conducta en el deplorable corolario del partido del domingo pasado en Morelia, de la Selección Nacional que participará en la Copa de Oro. Por una parte, su sobriedad extrema como guardameta: ni vestimentas chillantes, ni actitudes protagónicas, ni desplantes de vedettismo. Por la otra, sus intemperancias; sus arrebatos contra los árbitros cuando estima que se está cometiendo una injusticia; su incapacidad para aprender de los sabios del futbol que en el mundo han sido, que “ponerse contra los árbitros es peor que ponerse contra Dios, porque aquellos anticipan para el presente lo que Dios guarda para el Día del Juicio”. * La intromisión del fanático en la cancha, después del gol que dio la puntilla al Cruz Azul, el domingo, no hubiera pasado de ser un incidente irrelevante, si los jugadores “cementeros” no hubieran cometido el error de aprovecharlo para dejar escapar toda su frustración por el enésimo fracaso en sus afanes por reverdecer los laureles de la institución, que empiezan a marchitarse... Pero lo de Corona --el cabezazo aleve al rostro del preparador físico del Morelia, como corolario de la trifulca-- fue un gesto de matarife de barrio bajo; fue la reacción de un desquiciado: algo indigno de un profesional del deporte, de un futbolista de élite y de un hombre bien nacido. La Selección Nacional ya lo sancionó. Falta que hagan otro tanto la Comisión Disciplinaria y su club --el Cruz Azul--, que ha intentado que sus jugadores merezcan el respeto del público por su calidad como futbolistas... pero, principalmente, como personas. Temas A propósito Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones