Domingo, 14 de Junio 2026
Cultura | Por: Antonio Ortuño

El mundo alucinante

La venganza del “soporte papel”

Por: EL INFORMADOR

También en la red (y en los aparatos eléctricos en los que uno puede leer) lo notable es notable. ESPECIAL  /

También en la red (y en los aparatos eléctricos en los que uno puede leer) lo notable es notable. ESPECIAL /

GUADALAJARA, JALISCO (04/SEP/2011).- Hace poco más de un mes que poseo un kindle. Reconozco, de entrada, que leer en ese aparatejo es una derrota personal. Me resistí durante mucho tiempo a otro formato que no fuera el del consabido y entrañable volumen con portada, lomo, pastas. Huí de los iPad y sus acólitos, acusándolos de querer el cacharro para ver fotos de sus bebés y jugar al solitario, pero nunca para leer (sigo sosteniéndolo). Repasé, azorado, artículos de profetas culturales (cuyo éxito parece ir en relación directa con lo apocalíptico de sus vociferaciones) que preconizan la impostergable y necesaria desaparición del impreso. Leí, incluso, a un español con fama de arrojado haciendo un llamamiento público a los escritores a rebelarse contra el libro, ese objeto-prisión que captura dentro de sí a la pobrecita literatura y, naturalmente, la sofoca.

Antes del kindle, pues, hice acopio de valor y me lancé a rebuscar en la red las diversas y, sin duda, tremebundas mutaciones que debería sufrir la literatura una vez libre de los barrotes del papel. Frecuenté blogs y revistas online, desmigajé facebukes, martiricé tuíteres. Debo reconocerme, otra vez, vencido. No sólo no encontré al Joyce o la Jelinek de las redes, sino que ahora tengo la seguridad de que menos del uno por ciento de lo que se publica tendría por qué existir. Al menos, entendiéndolo como literatura. Apoyo el derecho de cualquiera a saludarse en la red, contarse chistes, mentarse la madre, “compartir” fotos de su niño en la piñata o su esposa en paños menores… Pero me resisto a pensar que eso sea más literatura que, por ejemplo, hablar por teléfono. O chupar un limón. Y al respecto de lo “subido” con pretensiones literarias (narrativa, poesía, ensayo, campechanas de todo lo anterior), sólo cabe decir que no encontré una sola cosa bien escrita (que, pese a todo, las hay) que no pudiera, perfectamente y sin sobresaltos, dar el brinco al dichoso “soporte papel” y confundirse con el resto de sus textos hermanos.

 Nada, pues, ha cambiado tanto. También en la red (y en los aparatos eléctricos en los que uno puede leer) la basura es basura y lo notable es notable. Una vez comprobado que el salto del papel a la pantalla importará tanto como el del papiro manuscrito al impreso, comencé a leer tan quitado de la pena en el kindle. Es un aparato silencioso, con el grado exacto de luz y un diseño tan conservador que la mayoría de las novedades impresas parecen más cachivache brillante que el kindle mismo. Me parece que nos entenderemos.

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