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''Cuendas'' le da forma a los desaparecidos

Laura Valencia Lozada, artista plástica, trabaja en la creación de una escultura-instalación para que no se olvide el terror que viven miles de familias

Por: EL INFORMADOR

Laura Valencia Lozada en su estudio. ESPECIAL  /

Laura Valencia Lozada en su estudio. ESPECIAL /

GUADALAJARA, JALISCO (11/OCT/2011).- “Desaparecido” es una palabra que cuando se pronuncia parece tener hasta volumen. Tal vez del tamaño del cuerpo de la hija, el esposo, el hermano que ya no puede abrazarse… Desde hace un año, Laura Valencia Lozada trabaja dándole forma a esa ausencia. Lo hace con una madeja de hilos negros que  será una escultura-instalación que ocupe el mismo espacio que el cuerpo ausente que un día, de repente, se lo tragó la tierra. En México, de acuerdo a cifras oficiales, hay más de 10 mil desaparecidos.

Con su obra, Cuendas,  esta artista originaria de Hidalgo intenta representar eso que los familiares intentan decir con palabras: “Después de que no vuelves a escuchar la risa de la persona que quieres, de que no sabes dónde está, ¿qué más queda? Ahí se acaba todo”, contaba la tía de Adri Morlett –una joven que desapareció en la Ciudad de México– en una marcha de la Caravana del Sur, que se realizó del 9 al 19 de septiembre pasados. “Hijo, si me escuchas en algún lugar, quiero decirte que extraño tus malos chistes”, decía otra madre desesperada en Acapulco. “Después de no encontrar a cuatro hijos, ya no puede haber más dolor”, reflexionaba Julián LeBarón sobre María Herrera, una de las mujeres emblemáticas del Movimiento por la Paz.

Cuando alguien desaparece es como si la vida de los familiares quedara suspendida… “Todo queda como en pausa permanente”, reflexiona Laura Valencia, quien se interesó en la problemática por una serie de circunstancias que sucedieron en ese momento  (conoció víctimas de Ciudad Juárez, asesinaron a los 72 migrantes, en su familia hubo un caso de desaparición…) “y que me movieron muchísimo; por eso decidí comenzar esta pieza”.

Valencia Lozada ya trabajaba en el proyecto cuando Javier Sicilia llamó a los artistas a unirse al Movimiento por la Paz. Ella se incorporó en la mesa de cultura y comenzó a trabajar con algunos familiares de desaparecidos, especialmente en la Caravana del Sur donde realizó dos talleres con ellos.

La desaparición es violencia permanente

“La desaparición es una violencia permanente, no se puede encontrar un término porque no está el cuerpo, no sabes qué le pasó a tu ser querido, porque normalmente desaparecen en contextos violentos. Entonces, la idea de la ausencia y de la presencia son como dos elementos que quise trabajar. Como que no está pero sí está la persona, es una cosa doble, ambigua; hay un vacío que no se logra cerrar, y tampoco es mi intención cerrarlo, sino estudiarlo, tocarlo… y de alguna manera el hilo crea una metáfora física. Porque justo eso es lo que hace el arte: materializa las emociones, las sensaciones, le da forma a la realidad. Medir la ausencia es hacer visible y real a la persona que ya no está”.

Cuendas tiene tres dimensiones. La primera es visibilizar a las víctimas de la violencia que vive el país. La segunda es tallerear con los familiares porque la escultura es una pieza colectiva “en la que mi papel es simplemente coordinar”. La última es la evocación de la idea de la ausencia-presencia. Es decir, la pieza crea una presencia simbólica.

La artista egresada de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP) de la UNAM, cursó el seminario de Medios Múltiples con José Miguel González Casanova, a través del cual se financiará la instalación de la pieza en algún punto de la Ciudad de México, que aún no se define. Hasta el momento, ha trabajado 20 cuendas.

—¿Con qué te enfrentaste en los talleres?

—Preparé muy bien los talleres porque sabía que algo podía pasar. No hablábamos, todo era estirarnos, tocar el hilo, sentir la música, escribir el testimonial, hacer el cálculo de los metros de hilo que tiene cada cuerpo ausente –el promedio es de entre 300 y 400 metros de largo-, ellos agarraban las madejas e intentaban crear la presencia de su familiar. Fue muy fuerte: algunos sí le dieron esta presencia simbólica a la figura, y la abrazaban, la tocaban, lloraban y hasta se despedían de ella…

—Es una pieza artística, sí, pero también es un espacio para canalizar la ausencia…

—A mí me pasó (tener un familiar desaparecido) y yo tuve que hacer ese duelo en algún momento. Entonces les comparto mi experiencia. Cuendas es un proyecto de arte, sí, pero también tiene como meta que con los hilos sientan la ausencia. Materializar el dolor ayuda mucho. Lo más duro de este fenómeno es el silencio, callarlo, porque de alguna manera lo borras. Por ejemplo, hace tiempo hice entrevistas sobre el 2 de octubre y todos coinciden en que hubo por lo menos 200 desaparecidos, pero no hay ni siquiera un registro de su nombre, entonces es como si no hubiera pasado. Y mi idea es tener un registro físico del cuerpo ausente, y no solo tener listas con los nombres.

—Normalmente los artistas no se involucran, son simplemente observadores. ¿Cómo te planteas un proyecto que incluso requiere construir la pieza con víctimas de la violencia?

—Tiene que ver con mi formación y lo que aprendí con González Casanova, pues en el seminario lo que veíamos era cómo involucrarnos en el espacio en que vivimos. Existen muchas líneas, como el arte-colaboración, que inicia en los noventa; el arte relacional, que tiene un boom como a partir de 2000; el situacionismo, que surge en los años sesenta en Francia y que plantea la relación del ciudadano con el espacio público, con tomar las calles, y que incluye conceptos como la deriva, la psicogeografía… Una lectura básica de lo anterior es La sociedad del espectáculo, de Guy Debord. Entonces, soy consciente del papel que el artista tiene en su comunidad y que no tenemos qué hacer lo que nos dice la galería  o el museo, sino sentirnos libres y ser conscientes del momento histórico en el que vivimos.

—¿Qué te ha provocado esta experiencia?

—He tenido que ir poco a poco, midiendo mis fuerzas, porque sí te toca emocionalmente. Pero a la vez me ha hecho más fuerte. Cuando me incorporé al Movimiento, un amigo me decía, “vas a ver que cuando conozcas a más gente se te va a hacer más ancho el corazón”. Y sí, creo que uno se hace más sensible al conocer a gente tan maravillosa. Además, me pasó algo curioso. Yo participé antes un proyecto de recuperación de  conocimientos de adultos mayores, porque nos interesaba saber qué era estar cerca de la muerte. Ellos decían que sí, que dormían con la muerte, pero lo que más les interesaba era el buen vivir. Y creo que eso me pasó después de ir a la Caravana del Sur, regresé como con un amor más fuerte a mi trabajo, mi casa, mis amigos… suena cursi, pero algo pasa, es como un amor a la vida, todo lo opuesto a deprimirme. Y bueno, es un proceso que tengo abierto desde hace tiempo y que aún no cierro, pero creo que ante tanto dolor lo que queda por hacer es aferrarse a la vida. 

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