Jueves, 25 de Julio 2024
Cultura | Por: Enrique Navarro

Visiones de Atemajac

Medio siglo de la Casa de la Cultura Jalisciense (VI)

Por: EL INFORMADOR

La nueva sede de la Biblioteca Pública del Estado, sin embargo, no funcionó cabalmente. Recordemos que el edificio proyectado por Julio de la Peña representaba la funcionalidad y garantía técnica propias de la modernidad. Parecía que la amplitud de la sala de lectura, del área técnica y oficinas nos enviaban mensajes en un sentido positivo. Las cosas, no obstante, no eran tan halagüeñas: tanto los mantos freáticos del cercano Parque Agua Azul como problemas estructurales y de ventilación en la torre ocasionaron serios problemas de humedad y lama en parte de los acervos, así como la alarma de un resquebrajamiento de parte del edificio.

Esto, aunado al sobrepeso de los materiales bibliográficos y documentales acumulados en la torre, obligaron a que parte de la Biblioteca (los acervos bibliográficos contemporáneos y la hemeroteca actual) se cambiara hace pocos años (2004) a un edificio cercano a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, quedando los fondos históricos y las áreas técnicas en la Casa del Agua Azul. Todo indica que en 2010 toda la Biblioteca Pública del Estado se mudará al nuevo edificio ubicado en el Centro Cultural Universitario (CCU) de la Universidad de Guadalajara.

Ahora bien, ¿cuáles son las colecciones y fondos que integran el acervo de la Biblioteca? Lo componen los testimonios escritos más importantes del Occidente de México. Comencemos con los fondos históricos, integrados por el de la Real Audiencia, por los archivos eclesiásticos de las provincias franciscanas y por los archivos del Supremo Tribunal de Justicia (1821-1919). Prosigamos con la nutrida hemeroteca, que incluye desde El Despertador Americano hasta publicaciones actuales. La invaluable Colección Bibliográfica abarca publicaciones generadas entre 1498 y 1950, incluyendo algunos “incunables”.

La Mapoteca resguarda croquis de la Nueva Galicia de los siglos XVI y XVII hasta otros fechados en 1800. Mención especial amerita la donación hecha hace un par de años a la Biblioteca dependiente de la Universidad de Guadalajara del acervo de don Jorge Álvarez del Castillo, integrada por joyas manuscritas e impresas que totalizan 112 mil volúmenes y documentos de fondos contemporáneos y antiguos.

La sala de lectura constituye, a mi juicio, el espacio arquitectónico más atractivo del conjunto. No sólo exhibe proporciones, iluminación y atmósfera propicias para el estudio y la concentración, sino que se prodiga generosamente hacia el visitante por conducto del bello mural que el maestro Gabriel Flores pintara en 1958 en la cúpula que cubre el espacio.

Estamos frente a El Parnaso Jalisciense. Por ahí se asoman Ignacio L. Vallarta, Mariano Otero, Mariano Bárcenas, José María Vigil, López Cotilla y Agustín Yáñez mostrándonos una edición de Al Filo del Agua, entre otros personajes. Pero, sobre todo, se asoma la maestría de las resoluciones técnicas y dibujísticas de Flores.

Es cierto que los escorzos exagerados nos remiten al maestro Orozco o a Siqueiros; también lo es que la intensidad de los pigmentos se ha debilitado con el paso de los años, pero, más allá de ello, insisto, podemos disfrutar la calidad de la propuesta visual y temática del inapreciable maestro Gabriel Flores.

navatorr@hotmail.com

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