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Viernes, 22 de Noviembre 2019
Cultura | Por: Enrique Navarro

Visiones de Atemajac

Medio siglo de la Casa de la Cultura Jalisciense (III)

Por: EL INFORMADOR

Pasemos a la segunda variable antes mencionada: me refiero a la volatilidad de las políticas y recursos aplicados. Este apartado me permitirá resaltar -por contraste- los buenos tiempos. Comencemos con las de cal. La bonanza abarca del 71 al 84, cuando el desaparecido Departamento de Bellas Artes manejaba la Casa de la Cultura Jalisciense. ¿Cómo era posible que con menos recursos se pudiera hacer más? Recuerdo con un agradable sabor de boca las excelentes (como visitadas) exposiciones plásticas de los más destacados artistas nacidos o radicados en Jalisco, así como muestras representativas de artistas de otras regiones.

Estas muestras eran museografiadas por el discreto y eficaz equipo comandado por el maestro Talavera, quien, sin estridencias o excesos, realizaba los numerosos montajes programados. Recuerdo a Talavera con su infaltable bata azul-gris, pelo y bigote rigurosamente acicalados y una gran y roja manzana guardada en su bolsa, por aquello del cuidado de la salud. Ya era un hombre mayor y cargado de espaldas, pero trabajaba y caminaba diligente por las salas del Exconvento, Casa de la Cultura, mezanine del Teatro Degollado, Patio de los Ángeles y -cómo olvidarla- La Moreña. Supongo que de estos sitios, la casona de La Barca era su preferida: era oriundo de esta población y presumía, con orgullo inocultable, que un pariente cercano había plantado la centenaria arboleda ubicada en la ribera del río Lerma, al otro lado del pueblo.


Recuerdo, asimismo, los estupendos ciclos de cine programados de manera permanente en el auditorio de la Casa de la Cultura Jalisciense. Lo mismo temáticos, que de autor o incluyendo cintas de “culto”, todos estos ciclos nos enseñaron a los numerosos asistentes a gozar y aprender del “séptimo arte”.

El Auditorio fue también sede de memorables conferencias, seminarios, ciclos y conciertos. Quisiera destacar, por ejemplo, las pláticas orientadas a fomentar la conciencia ambiental y ecológica, anticipadas por una singular como beligerante asociación denominada “Pro-Hábitat”, encabezada por el entusiasta arquitecto Fernando González Gortázar y secundada por destacados especialistas y profesionales de las humanidades, la ciencia y la cultura ambiental. Participaban, entre otros, gente de la talla de Enrique Estrada Faudón, Otto Shöndube y Enrique Flores Trischler.

La maestra Ida Rodríguez Prampolini impartió, principiando los ochenta, un memorable Seminario de Arte Contemporáneo y el doctor Raúl Páramo propiciaba exploraciones entre las esferas de la psique humana y el arte. A su vez, el ingeniero Heberto Castillo, desde su trinchera de lucha social y política y ante un pletórico auditorio, nos ayudó a comprender la importancia de la transición democrática pacífica para este país.

El patio central de la Casa de la Cultura Jalisciense, por último, fue sede de numerosos recitales y conciertos, como los ofrecidos por el memorable Quinteto de Jazz del desaparecido Departamento de Bellas Artes.

navatorr@hotmail.com

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