Cultura | El poeta Jeremías Marquines habla de ''Acapulco Golden'' ''Un ejercicio de vida paralela'' El tabasqueño recibió el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2012 por su poemario Acapulco Golden, donde se mete en la piel de Malcom Lowry Por: EL INFORMADOR 11 de julio de 2012 - 00:29 hs Para escribir ''Acapulco Golden'', Marquines partió de un hecho simple: la estancia del escritor Malcom Lowry en Acapulco en 1936. / GUADALAJARA, JALISCO (11/JUL/2012).- Para escribir "Acapulco Golden", Jeremías Marquines partió de un hecho muy simple: la estancia de dos semanas del escritor Malcom Lowry en el Acapulco de 1936. Del viaje quedan algunos registros escritos, orales y fotográficos. Se conoce, por ejemplo, que el poeta inglés se hospedó en el Hotel El Mirador, junto a la Quebrada; que se marchó pasando el Día de Muertos; que bebió en una cantina llamada El Siete Mares; que recorrió las playas, hizo anotaciones geológicas en unas hojas que dejó olvidadas y que, por primera vez, bebió mezcal. A los datos anteriores, el poeta y periodista originario de Villahermosa añadió una cuidadosa investigación bibliográfica de la vida y obra de Lowry, así como un enorme ejercicio de imaginación para lograr meterse en la piel del autor de Bajo el Volcán, y escribir desde las profundidades más turbias de su ebrio mundo. El resultado es el poemario ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2012 publicado por Era, una narración poética a la manera de monólogo interior. “Un ejercicio de vida paralela”, como lo llama el autor, en el que “se conjuga la fuerza mítica del puerto de Acapulco, con un personaje demoniaco, extrovertido, desvinculado de la realidad, como lo fue Malcom Lowry”. No es la primera vez que Marquines demuestra su admiración por el poeta y novelista inglés. Su libro Duros Pensamientos Zarpan al Anochecer en Barcos de Hierro (2002), también se basa en la figura de Lowry, aunque –según el propio autor— está tratada allí de una manera más superficial. Aquel trabajo es el preámbulo de "Acapulco Golden" , que en mayo pasado recibió uno de los galardones más importantes de poesía en el país. —¿Qué le lleva escribir un libro de poesía sobre la estancia del poeta y escritor Malcolm Lowry en Acapulco? —Primero porque tengo más de diez años de vivir en Acapulco. Yo soy de Tabasco, y a mí Acapulco me fascina como mito social de gran valor simbólico. Es un lugar lleno de contrastes, donde la vida se asoma por instantes. Los caseríos pobres confrontándose con las grandes mansiones de los ricos, los coches, las playas, las cantinas, las conversaciones viejísimas que se escuchan, los humedales. Acapulco es realmente un lugar atemporal, por eso es mítico. Parece que es un lugar detenido en el imaginario colectivo. Está lleno de ecos, de fantasmagorías, de rastros de vida de viajeros como Malcom Lowry y cantidad de actores y actrices de la época clásica del cine hollywoodense. Todas esas fantasmagorías están viajando constantemente aquí en el puerto, no se han ido, quedan ahí ancladas. Todo eso me fascina. En el caso particular de Malcom Lowry es el papel que juega en la literatura mundial, con Bajo el Volcán, lo que él significa como personaje de sí mismo. Me fascinan esos infiernos interiores en los que arde por la tarde y al día siguiente en la mañana, resucita. —Es la segunda vez que la figura de Lowry aparece en uno de sus libros, ¿de qué manera se identifica con el personaje? —Fundamentalmente por la cuestión del alcohol. Yo fui, y creo que aun sigo siendo, orgullosamente, un ‘borrachazo’. Por ahí hay una identificación constante con él. Y obviamente el gusto por lo sombrío y lo sórdido; las cantinas enclavadas en rincones, habitadas por seres espectrales y figuras terroríficas, cosas terribles. Al leer la novelística de Lowry siento esa fijación hacia su figura, hacia sus gestos alterados, hacia sus gustos tanto en la música como algunos lugares que visita y que están registrados en el itinerario de Bajo el Volcán: Acapulco, Cuernavaca, Oaxaca. Y sobre todo la vinculación más inmediata son sus periodos en Acapulco. —Lo llama un ejercicio de vida paralela… —Sí, porque en cierta forma voy haciendo todo el recorrido aquí en Acapulco. Me meto a bucear en las profundidades de su inconsciente –porque prácticamente nunca tuvo un consciente despierto— y es instalarme en el personaje. Instalarme en su estado existencial, apropiarme, y de ahí empezar a fabular una historia paralela. —¿Qué deja la experiencia de escribir “desde” la piel de alguien más? —Te deja una sombra muy pesada que luego uno tiene que revolcarse muchísimo en el lodo y en la arena para que se quite, porque deja mucho tiempo impactado, mucho tiempo cimbrado el meterse en el cuero de otro. En mi caso aun me estoy quitando la presencia, es bastante densa, muy alucinante. Es prácticamente vivir en estado de delirium tremens. Y sí deja cierto daño de alguna manera. —¿Por qué decide combinar la narrativa con la poesía? —Yo pienso que lo que domina ahora el ámbito de la poesía y lo que va dominar durante bastante tiempo más, es el imperio de la narratividad como fenómeno emergente. Yo construí este libro, este tipo de estructura, pensando en un cambio de estrategia de la poesía: trabajar mucho más bajo la dirección de la ética que de la lírica. La lírica es muy solipsista, la ética es más abierta, cuenta historias. Cuando trabajas poemas por temas el tiempo está detenido. Es un no-tiempo; es angustioso, como estar en el útero. Yo quiero trabajar más con historias cotidianas. En resumen: lo que yo me propuse dejar de hacer es una poesía de temas, para pasar a una poesía de tramas, de historias, de tiempos, donde el lector pudiera tener referentes narratológicos donde guiarse. —El poeta Charles Simic dijo: “la poesía es el proyecto más utópico que los seres humanos han imaginado jamás” ¿qué opina de esto? —Estoy totalmente de acuerdo. Primero porque la poesía, en razón de lo que ya había dicho Marcel Proust, es la búsqueda de un tiempo perdido. La poesía no habla de un lugar. Incluso toda la literatura cuando menciona un lugar, ese lugar no es real, no existe. Ya hay una transfiguración de lo que en algún momento nosotros vimos como el lugar. Macondo no es ese Macondo que el autor se imaginó o vio, no es el que está escrito en la novela. La literatura y particularmente la poesía, hablan más bien de un tiempo mítico, de un tiempo original, la edad de oro. Siempre anda en busca de una edad de oro, de un tiempo perdido. Por eso precisamente el sentido mítico, el sentido utópico. Utopos paradójicamente no es lugar, es un no lugar. Precisamente por eso una utopía: porque es la búsqueda de un no lugar; es más bien la búsqueda de un tiempo. —¿Cómo combina el periodismo con la poesía? —Yo escribo periodismo cuando no puedo escribir poesía. Hay días en que no ocurre nada en el mundo de la ilusión, entonces ocupo la mañana observando la aburrida ilusión de la realidad. Obviamente cada uno tiene sus propias herramientas de lenguaje: uno trata de comunicar un hecho; busca convencer, orientar. En cambio la otra busca equivalencias sensibles de la realidad. La separación ocurre en el uso del lenguaje. No hay confusión. Yo tengo muy claro que el verso solamente sirve al verso, a la nube que se toca con la mano, a la estrella que se toca con los labios. En cambio el periodismo sirve al realismo, al cliché social, al hombre unidimensional. Obviamente al hombre trágico con su impotencia, su enajenación y ese sentimiento de autocastigo que a veces tenemos quienes habitamos la realidad. —Además de escribirse, ¿la poesía se vive? Yo pienso que debería de ser; la literatura debería de vivirse. Si los seres humanos habitáramos la poesía, no seríamos tan sanguinarios, tan desalmados. Seríamos un poco raros, eso sí. Pero no como somos ahora: hombres tan carentes de fe, llenos de odio y de violencia. Seríamos raros como la risa del gato de Alicia. Pero no vivimos con la poesía en el corazón, no vivimos con la estrella en el labio. Desgraciadamente no somos felices, somos más bien trágicos. —¿Cómo vive el Acapulco de la actualidad? —Es bastante trágico, terrible más que trágico, desalmado, violento. Obviamente ya no es el paraíso sino una antesala del infierno, porque la gente vive con miedo, trabaja con miedo. Los locales cerrados, la vida nocturna disminuida. Yo recuerdo cuando llegué a Acapulco hace diez años, no dormía. El zócalo estaba siempre reluciente de luces, de gente, podían pasear las familias. Hoy a las ocho y media de la noche ya no hay nadie, es algo bastante tangible. Pero solamente queda tener fe, no hay otra. Incluso la fe sirve para poder escribir, sin fe nadie podría escribir, ni siquiera podría hacer periodismo. PERFILPoeta y bloguero Jeremías Marquines Castillo (Villahermosa, 1968) es poeta y periodista. Estudió Filosofía y Letras Hispanoamericanas. Ha trabajado como periodista en diversas publicaciones, entre las que destacan Tierra Adentro, La Jornada y El Sur. Actualmente publica la columna “Apuntes de un viejo lépero” en distintos portales de internet y en su blog (www.jeremarki.blogspot.com). Tiene en su haber nueve libros de poesía. Algunos de los galardones que ha recibido son el Premio Nacional de Poesía Efraín Huerta 1996 (Tampico, Tamaulipas), el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 1998 (CONACULTA-Chiapas), y el Premio de Poesía José Carlos Becerra 2000. Entre sus obras están: El ojo es una alcándara de luz en los espejos (1996), La décima intención del petirrojo (1997),De más antes miraba los todos muertos (1999), y Bordes trashumantes (2009). FRAGMENTOACAPULCO GOLDEN (Ediciones Era, 2012) Deja que todo pase, la memoria, la carne. Los fantasmas de ayer, su ropa sucia. Los ruidos del amor, su infierno solitario. Deja que todo muera sin explicaciones: la aflicción de Cristo, la culpa en tus costillas, los cables del rencor, el resorte del odio, los mapas que recuerdan lo imposible. Nada tiene remedio, la vida no tiene remedio. Deja que todo pase: la humillación, el miedo que acomoda tu cama. El color de las uñas, la prudencia del vidrio que no te pide nada. El sueño que nos ayuda a reír ante los lobos. Es bueno que lo sepas, ya no te queda tiempo. Ya nadie tiene tiempo de escribirse una carta, de tomarse otro trago. De volverse imprudente sin mirar el reloj. El mundo está cerrando, quebrado por el tiempo. Ya nadie tiene casa, sólo tiene una sombra. Deja que todo pase, es bueno que lo sepas, y si no eres feliz porque no tienes sombra, es bueno que tú sepas que mi sombra es la tuya. FRASE"Yo pienso que lo que domina ahora el ámbito de la poesía y lo que va dominar durante bastante tiempo más, es el imperio de la narratividad como fenómeno emergent e"Jeremías Marquines, poeta Temas Literatura Poesía Acapulco Lee También László Krasznahorkai: Libros para adentrarse al mundo del nuevo Nobel de Literatura ¿Cuánto cuestan y dónde comprar los libros del Nobel de Literatura 2025? Otorgan Premio Nobel de Literatura al húngaro László Krasznahorkai Colocan a mexicana entre las favoritas para el Nobel de Literatura 2025 Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones