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Miércoles, 13 de Noviembre 2019
Cultura | Por: Fernando Barrera

Torerías

El miedo en la boca

Por: EL INFORMADOR

El domingo pasado, la seria corrida de Real de Saltillo aceleró las palpitaciones de los toreros y gente del callejón. Había una sensación extraña, un ambiente tenso. Sin exageraciones, el aliento de todos ellos tenía un tufillo amargoso. Era miedo.

Antes del paseíllo torero que se paseaba nerviosamente por el túnel de cuadrillas, pedía, casi imploraba, un caramelo o lo que fuera para ahuyentar el sabor ácido que incomodaba aún más la espera.

Es curioso, pero a veces se olvida que en la boca también se viven las emociones, que la voz se entrecorta, que la saliva se evapora, la lengua queda árida y el aliento refleja a cabalidad que la adrenalina fluye a raudales. No es otra cosa que miedo puro. Y se tiene que aprender a vivir con ese sabor, con ese olor, si es que se quiere vivir del toro.

Alguna vez alguien le preguntó a un novillero “figurita” que se jactaba de ser el “plus ultra”, como dijera Pancho Camioneto, personaje de Luis Sporta en Más cornadas da el hambre, si sabía qué era lo más difícil de hacer delante de la cara del toro.

Él, desarmado ante una pregunta que por simple dejó a relucir su basta inexperiencia, no supo qué contestar. La respuesta fue simple, escupir. La boca está tan seca… 
Cualquier palabra, cualquier descripción no puede reflejar ese ambiente, angustioso, tenso, casi fúnebre. Y se cumplió el presentimiento que desde la salida del primero de la tarde vagaba por el ambiente.

El banderillero Gustavo Campos clavó el primer par de su intervención, clavó con cierta exposición y al llegar por el segundo juego de zarcillos exclamó: “¡¿Por qué no me las escondieron?!”.

Después de dejar un par como lo mandan los cánones, pasó lo que no podía evitarse, fue herido de fea forma, de pronóstico grave, heridas que laceran el cuerpo, pero más la mente.
Ya en el hospital, relató que no tenía la claridad de lo que pasaría, no había una premonición y aunque se sabía que la corrida no daría facilidad alguna, la única sensación extraña que tenía era el sabor de la boca, el aliento del miedo.

Así es esto del toro. Pone en evidencia todo por lo que la mente y el cuerpo pasan cuando se sabe o se está delante de un animal de lidia, del tamaño que sea, y aún así hay quien se empeña en negarlo.

Aprovecho la ocasión para informar de la alianza que EL INFORMADOR y mundotoromexico.com han concretado. A partir de estos días habrá un mayor flujo de información taurina en beneficio de la fiesta. Esté pendiente.

fotografiataurina@yahoo.es




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