Cultura | Juan Cruz indaga en la cara más oculta de los escritores Los “Egos revueltos” del universo literario Tusquets publica el libro del autor y periodista español ganador del Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias Por: EL INFORMADOR 28 de marzo de 2010 - 01:46 hs ESPAÑA.- A lo largo de una dilatada carrera como periodista y también como editor, a Juan Cruz (Tenerife, España, 1948) le ha tocado relacionarse con autores como Günter Grass, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Paul Bowles, Camilo José Cela, Carlos Fuentes, Guillermo Cabrera Infante, Francisco Ayala, Mario Vargas Llosa, Susan Sontag y Manuel Vázquez Montalbán, entre otros muchos. Si algo ha comprobado en el transcurso de 40 años es que a los escritores los mueve “la pasión y la vocación”, pero “sobre todo un exceso de autoestima”, del que da fe en su libro ''Egos revueltos'' (Tusquets), merecedor del XXII Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias. Y es que como apunta, “la envidia es uno de los grandes defectos del universo literario”. El título de la obra tiene su origen en una comida en un restaurante bastante humilde de Chile con los escritores Arturo Pérez-Reverte y Marcela Serrano. “De repente, ella le recriminó a voces a uno de sus editores, que nos acompañaba: ‘Carlos, no hay limones’. Allí mismo organicé un decálogo para editores cuyo primer artículo dice: ‘Los escritores desayunan egos revueltos’”, cuenta Cruz, quien actualmente ejerce como adjunto a la dirección en el diario El País y fue director de la editorial Alfaguara entre 1992 y 1998. En ''Egos revueltos'', el autor recorre el camino de su propia memoria, al caprichoso ritmo de ésta, y repasa las impresiones que algunos escritores le dejaron, las emociones que sus libros le provocaron, la conmoción que le produjeron algunos encuentros. Y, de paso, deja caer el tipo de ego que acompaña a cada uno de ellos. Lejos de chismes, este periodista veterano seduce con algunas anécdotas y pequeños secretos. “Este libro no es un ajuste de cuentas, está escrito con nobleza. Mi propósito no ha sido levantar heridas, sino cicatrizarlas”, afirma. ''Egos revueltos'' es también una despedida a escritores que un día fueron admirados y finalmente terminaron siendo amigos personales de Cruz. “Mi vida ha sido, hasta ahora que la cuento en relación con los egos que he ido tratando o descubriendo, una especie de confabulación para hacer que la gente sea feliz, y seguramente no lo he conseguido nunca; pero siempre he estado disponible, como si me sintiera en la obligación de proporcionar a los escritores papel y lápiz para que escribieran sus libros (cuando fui editor), por eso viene de más lejos, de cuando yo era un niño y necesitaba animar a los demás para que vinieran a jugar conmigo”. – ¿Cómo son los escritores? – Son gente solitaria. Complicados, muy inseguros, tienen casi la obligación de la incertidumbre. Suelen ser desmañados y hay que hacerles de todo, desde enchufarles la tele hasta darles de comer en la boca. – Además de darle la sopa a Borges, ha llevado a John Berger al dentista y a Paul Bowles al traumatólogo. – El editor tiene que estar siempre en la sombra y anularse, ser eco y propagandista. – Y si hace falta buscar un helicóptero, se busca. – Eso fue de lo más extraordinario que me ha pasado. Que me pidiera la agente literaria Carmen Balcells un helicóptero para salvar de la nieve a Nélida Piñón en la ciudad de Soria (España). Y terminaron durmiendo en un hotel de citas. – La mayoría de los “egos revueltos” son masculinos y son una constante sus otras acompañantes: la mujer de Ayala, la mujer de Borges, la mujer de Cela… – Son decisivas, casi todas estaban un metro detrás, menos la de Cela (Marina Castaño), que estaba un metro delante. Ella fue determinante en la manera de abordar Cela su éxito como premio Nobel. El entorno de Cela le quitó a Cela el glamour literario y le dio un glamour social que terminó perjudicándole. – En el libro hay tensión entre el Juan Cruz periodista y el Juan Cruz editor. – Claro, siempre echo de menos lo que no estoy haciendo. En este libro he querido ser sobre todo periodista. El trabajo de editor está reñido con el cinismo, pero el de periodista muchas veces está marcado por el cinismo. – ¿Cómo mantiene un periodista la distancia frente al autor cuando se ha sido editor? – Un periodista puede ser editor y es bueno que tenga esa experiencia. La diferencia entre ambos trabajos es que el editor no puede hacer su trabajo desde el cinismo (que en el caso del periodista es una decisión), porque en cierta forma es el coautor de la obra del escritor. – ¿Cómo fue la vuelta al periodismo tras la etapa como editor?– Fue raro. Todo estaba mucho más planificado. Ahora el periodista está más cerca del funcionario que del bohemio. – Escribió un decálogo sobre cómo tratar con esos seres tan delicados, los escritores. – Sí, uno de los puntos es que se deben juntar los escritores pero sólo si ellos lo quieren. Y nunca dos de la misma generación. Y uno debe cumplir todas sus promesas. – Como con los niños. – Exacto. Los autores son un poco niños. Son mimosos, no se les puede cambiar. – Usted dice también que un catálogo no se hace robando autores. – Yo he sufrido algunos robos, pero nunca robé ninguno. Los autores que vinieron con nosotros vinieron ellos. El más emblemático, Mario Vargas Llosa, vino a mí para que yo le publicara en Alfaguara. – ¿A qué autor no ha editado y le hubiera gustado? – A Francis Scott Fitzgerald. Y me hubiera gustado publicar más a Vázquez Montalbán; le hubiera frenado, creo que publicó demasiado. – ¿El ego de periodistas y críticos iguala al de los escritores? – En algunos casos, sí. Yo creo que debemos hablar del ego de las personas. Piensa en esos entrenadores de futbol que hablan en tercera persona de sí mismos, eso es ego. O de los empresarios que se consideran que deben mirar a los demás desde un pedestal. El ego de los periodistas es peligrosísimo, porque el poder del que disponen es una bomba de efecto instantáneo. La humildad es el antídoto, pero de eso hay en el alma, no en las farmacias. – Además de los egos, están las paranoias de los autores. Para un editor, ¿qué es más molesto? – La paranoia, sin duda, es más molesta que el ego. El ego crea; la paranoia destruye, corrompe, se convierte en envidia. En el libro póstumo de Castilla del Pino (Conductas y actitudes, Tusquets) se estudian muy bien las consecuencias que tiene la paranoia. – ¿En ese revoltijo de egos reconoce el suyo? – Yo tengo un ego instantáneo, de usar y tirar. Fui un niño asmático y me acostumbré a ver el mundo desde la cama y a veces tengo la sensación de continuar allí. De todas maneras, el periodismo me ha quitado la pasión de quererme. – ¿De quererse o de creerse? – Ambas. El otro día en un chat alguien me dijo que ya era hora de que me bajara del pedestal. Si la gente supiera la consideración que yo tengo de mí mismo, quizá no me querrían más, pero me entenderían mejor. Porque yo no tengo una alta consideración de mí mismo, yo me siento muy defectuoso. EL INFORMADOR/ A. MARTÍN Apuntes biográficos Juan Cruz nació en Puerto de la Cruz, en la isla española de Tenerife, el 27 de septiembre de 1948. Periodista desde muy temprana edad, se vinculó al diario El País desde su fundación, en 1976, donde ha trabajado en diferentes secciones de cultura y opinión. Publicó su primer libro, Crónica de la nada hecha pedazos, en 1972, al que siguieron numerosos títulos. Entre los más recientes destacan Retrato de un hombre desnudo (2005), Ojalá octubre (2007) y Muchas veces me pediste que te contara esos años (2008). Fue director de la editorial Alfaguara entre 1992 y 1998. Más tarde estuvo al frente de la Oficina del Autor del Grupo Prisa. En la actualidad, de vuelta al periodismo, ejerce como adjunto a la dirección del diario El País. Entre otros galardones, ha obtenido el Premio Canarias de Literatura, el Premio Benito Pérez Armas y el Premio Azorín de novela. “Yo tengo un ego instantáneo, de usar y tirar” Juan Cruz, escritor y periodista. Temas Literatura Escritores Presentaciones de Libros Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones