Jueves, 09 de Octubre 2025
Cultura | Charlas literarias

Lluvia, melancolía y Hugo Hiriart

El dramaturgo estuvo en Paseo Chapultepec para hablar sobre La torre del caimán, su obra más reciente

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- El dramaturgo Hugo Hiriart arrastra su voz lentamente, mientras adentro de la carpa instalada en Paseo Chapultepec, los pocos asistentes a su charla, enmarcada en el programa Encuentros Literarios, de la Dirección General de Cultura de Guadalajara, comienzan a convertirse en sombras por la nula iluminación del lugar, al tiempo que se guarecen de la ininterrumpida llovizna que azotó la tarde del pasado sábado.

La charla se enfoca en la más reciente publicación del autor, La torre del caimán (Almadía, 2009). Pero la plática de Hiriart se detiene en múltiples pasajes de su vida pasada, como “la época en que bebía muchísimo y escribía crudo en la mañana”. O cuando comía con Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín. O cuando le mandó uno de sus libros a Octavio Paz, con dedicatoria, sin siquiera conocerlo, y éste tras leerlo, le recomendó: “Váyase usted de México. Estos libros no son para aquí”.   

Respecto a su más reciente publicación, La torre del caimán, dijo que está compuesto por versos de ocho sílabas, estructura con la cual son realizados los corridos y los versos populares, porque “es el verso natural en español”. Agregó: “El verso debe hacerse en un verso apagado, al servicio a la obra y no la obra al servicio de la obra, sería una estupidez hacerlo así”.

Esta publicación, expuso Hiriart, es un coctel en el cual pueden saborearse canciones como La cárcel de Cananea, y obras literarias como Alicia en el país de las maravillas, más ingredientes de 20,000 leguas de viaje submarino, de Julio Verne.

La torre del caimán estuvo mucho tiempo inconclusa, confesó el dramaturgo procedente de Ciudad de México, autor también de Cuadernos de Gofa o La destrucción de todas las cosas, Vivir y beber y Disertación sobre las telarañas. Fue “el régimen de Vicente Fox”, el que lo motivó a terminarlo, reconoció.

La llovizna, melancólica, según consideró Hiriart, hizo incluso cantar al autor de Galaor, y evocar los corridos en octasílabos que entonaba su padre: “Estaba Eligio dormido / su mamá andaba llorando / levántate hijo querido / que Gabriel se está peleando”.

Evocó un recuerdo de su infancia, cuando en cierta ocasión, a punto de ingresar al bachillerato, su padre lo descubrió entretenido cuando jugaba con soldaditos de juguete. “Lo vi y sé que pensó: ‘tengo un hijo idiota”. No me dijo nada, pero le vi en los ojos el brillo de piedad por su hijo idiota”. Luego le diría Hiriart a su padre: “Ya ves, sigo jugando con soldaditos, y me pagan. El teatro es lo mismo, en vez de juguetitos, juegas con actores”.

Acércate a Hiriart

Galaor.
Sobre la naturaleza de los sueños.
Los dientes eran el piano.
Cuadernos de Gofa.  
La destrucción de todas las cosas.
Vivir y beber.
Disertación sobre las telarañas.


Frase
 
“Sigo jugando con soldaditos, y me pagan. El teatro es lo mismo, en vez de juguetitos, juegas con actores”, Hugo Hiriart, escritor.

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