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Lunes, 10 de Diciembre 2018
Cultura | Literatura. Cambio de piel

Las Fallas de Origen según Daniel Krauze

El hijo más joven del historiador Enrique Krauze habla acerca de su carrera como escritor y de la obra galardonada con el Premio Letras Nuevas de Novela 2012

Por: EL INFORMADOR

Dniel Krauze: ''Yo pensaba que escribir era como una especie de pasatiempo''. EL INFORMADOR /

Dniel Krauze: ''Yo pensaba que escribir era como una especie de pasatiempo''. EL INFORMADOR /

GUADALAJARA, JALISCO (05/ENE/2013).- Fue a principios de octubre pasado cuando se anunció que Daniel Krauze (Ciudad de México, 1982) había ganado la primera edición del Premio Letras Nuevas de Novela 2012, convocado por Sanborns y la Editorial Planeta, y dotado con un millón de pesos, una escultura y la publicación de la obra.

La suspicacia se despertó en más de alguno que señaló la posibilidad de que, más allá de la calidad literaria, hubiera pesado en dicha decisión el hecho de que el ganador sea hijo del historiador y director de la revista Letras Libres, Enrique Krauze.  

Tanto el joven escritor como algunos miembros del jurado, remarcaron que la novela Fallas de Origen (Joaquín Mortiz, 2012) había concursado con el título Días de Lava y bajo el seudónimo R. B. “Yo no sabía nada de quién estaba detrás de ese libro (…) pero de repente me encuentro con que no lo puedo soltar”, expresó la editora y parte del jurado Marisol Schulz, durante la presentación de la obra en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Según Daniel Krauze fue precisamente con esa intención que escribió su tercer libro, publicado después de Cuervos (2007) y Fiebre (2010).

La historia que había empezado a escribir en un tono mucho más pausado y reflexivo, se vio por completo modificada después de que Krauze se enterara de la convocatoria del premio, y de que varios allegados criticaran su primer borrador. Ya con un conocimiento profundo de sus personajes, el autor utilizó sus tablas en la escritura de guión cinematográfico para crear una novela “mucho más compacta y mucho más vertiginosa”.

En el libro, el protagonista Matías Lavalle narra en primera persona lo que sucede a su regreso a la Ciudad de México después de que debe interrumpir su estancia en Nueva York a causa de la muerte de su padre. Además de haber perdido al único miembro de su familia con quien tenía afinidad, el también joven escritor debe confrontarse con una realidad de la que había salido huyendo seis años antes. Una madre frívola y superficial; una hermana que al fin cumple su sueño de casarse con un rico; viejos amigos que gastan su dinero en cocaína y prostitutas; ex novias, familiares y conocidos que habitan en una burbuja degradada y vacua, en un país azotado por la violencia y la desigualdad.  

El jurado del galardón —integrado por Ángeles Mastretta, Marisol Schulz, Francisco Martín Moreno, Fernando Solana y Gabriel Sandoval— la describió como “una novela catártica, escrita en un tono y un ritmo que no sólo contagian al lector, sino que lo hacen vibrar. Es una obra sólida, que sorprende y convence por la forma como se narra la crisis de protagonista y su viaje autodestructivo. Se trata de una voz literaria original y una gran aportación, que, creemos, se identificará con muchos lectores de las nuevas generaciones”.

—Ya en tu primer libro, Cuervos, habías desarrollado personajes como estos jóvenes ricos, ociosos, machos, promiscuos ¿Por qué los retomas en Fallas de Origen?

—Yo no creo que un escritor tenga mucho que ver en esa elección; los temas tienden a escogernos a nosotros más de los que nosotros los escogemos a ellos. Yo, después de escribir Cuervos, pensé que ya había explorado ese tema a fondo, y no pensé que quisiera regresar a un mundo similar, porque es muy desgastante habitar la piel de tipos tan desagradables. Mi segundo libro es distinto a Cuervos, y pensé, ‘ya voy cambiando de piel’, y de repente no sé por qué me nació una historia que, para poder contarla de manera clara y fiel, tenía que volver a habitar ese mundo.  

—Y sin embargo hay cuestiones que subyacen a estas vidas superficiales, ¿qué es realmente lo que te interesó explorar con este libro?

—Lo que me interesaba mucho era la cuestión de la identidad en función del país en el que creciste, y cuál es la responsabilidad hacia éste. Es decir, ¿Matías hace bien en querer largarse de aquí, o cuál es su responsabilidad con el país en el cual su papá lo crio, y el país que no le da enteramente la bienvenida? Lo que es la crítica a la burguesía y a esos seres detestables es un poco la decoración, porque a mí lo que me interesa realmente es cómo Matías se relaciona con su papá, y por lo tanto cómo se relaciona con la Ciudad de México. Un lugar en el que no nació, pero donde se crio.

—Uno de los aspectos más notorios de Fallas de Origen es el lenguaje que decides utilizar; sin ningún tipo de censura y con una fuerte carga del “slang” que utilizan estos jóvenes ¿Por qué decides hacerlo así?

—A mí siempre me ha molestado, sobre todo cuando estás narrando en primera persona, que la gente le diga ‘padre’ a su papá, ‘madre’ a su mamá, ‘silbar’ en vez de chiflar, ‘estoy en apuros’ en lugar de ‘estoy en un pedo’ (risas). El libro no sólo está escrito en primera persona sino que es un libro escrito en el presente: al personaje le está ocurriendo todo mientras lo narra. Entonces tenía que ser lo más impúdico, no adulterado y sin filtro posible. Todavía abro el libro y encuentro palabras como ‘contemplar’ en vez de ‘observar’, y me saca roncha. Siento que Matías nunca diría eso. Entonces el chiste era alejarse lo más posible de la solemnidad y crear un idioma en el que se sintiera que el tipo te lo está platicando.

—Estudiaste comunicación, ¿en qué momento y por qué decidiste ser escritor?

—Siempre he creído que uno no debe fijarse tanto en lo que dice sino en lo que hace, y yo me pasé toda mi adolescencia y el principio de mis veintes diciendo que quería ser director de cine. Pero mientras decía eso, lo que yo estaba haciendo era ser escritor. Yo pensaba que escribir era como una especie de pasatiempo; mi hermano ya era escritor, mi papá, mi mamá, y dije, ‘bueno, pues yo no quiero ser escritor porque ya hay demasiados escritores en la familia, y qué incómodo’. Pero llegó un momento, a los 23, 24 años, donde me dije, ‘pues ya deja de hacerte güey. Claramente no eres director porque nunca has dirigido nada, y en cambio ya te aceptaron el primer libro para que lo publiquen’, que era Cuervos. Y ya, pues me asumí como escritor y la verdad es que es una profesión muy bonita.

—¿Qué ha significado tener tu apellido en la carrera profesional que elegiste?

—Es un reto hacerse nombre por ti mismo; estar a la altura de lo que el apellido significa en este país. Yo siempre he dicho que es como si fuéramos deportistas y estuviéramos en disciplinas distintas. Como si yo fuera futbolista y mi papá jugador de futbol americano, porque no hacemos lo mismo. Más que una responsabilidad es un reto, y yo lo asumí cuando decidí ponerme Krauze en lugar de otro apellido. La verdad es que no le doy muchas vueltas. Yo escribo de lo que quiero escribir y tengo la suerte de que mis libros se publiquen y se lean. Eso es lo que puedo hacer, y si  estoy a la altura del legado de mi familia, ya lo dirá el lector y el tiempo.

PERFIL

Fiebre por las letras

Daniel Krauze (Ciudad de México, 1982) estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana y la maestría en Dramatic Writing en la Universidad de Nueva York. Es autor de Cuervos (2007) y Fiebre (2010). Actualmente es coeditor del sitio de Internet de Letras Libres y estudia la maestría en Creative Writing en la Universidad de Columbia.

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