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Jueves, 22 de Agosto 2019
Cultura | Entrega cobijada por Joaquín Mortiz

La liga entre el amor y la muerte, según Vicente Quirarte

Historias conmovedoras y desgarradoras, desenlaces inesperados y revelaciones en torno al amor son algunas sorpresas del reciente trabajo del escritor

Por: EL INFORMADOR

El escritor Vicente Quirarte regresa al medio editorial con Morir todos los días.EL UNIVERSAL  /

El escritor Vicente Quirarte regresa al medio editorial con Morir todos los días.EL UNIVERSAL /

GUADALAJARA, JALISCO (20/FEB/2011).- La esencia de Morir todos los días, de Vicente Quirarte, podría hallarse en una sentenciosa frase: “El amor es lo más parecido a la muerte, pero también es lo más alto de la vida”. A través de este conjunto de nueve relatos, cuya prosa diáfana, que redunda en una lectura placentera, el escritor y académico explora los embrollos a los que puede arrojarnos esta paradoja.

El amor y sus dominios, sus triunfos y derrotas, es el eje temático en torno al cual giran las historias de este libro editado por Joaquín Mortiz. En él, el poeta, y ensayista permite al lector vislumbrar los claroscuros que emanan de la fuerza de este sentimiento. Pero las contraposiciones intrínsecas a éste sorprenden al autor: “Uno escribe los cuentos tratando de reflejar sus experiencias, pasiones y obsesiones en torno al amor, pero cuando los textos conforman un libro, uno se da cuenta que todos están signados también por la imposibilidad o la transgresión. Son textos donde el amor es una práctica prohibida o que para llevarse a cabo tiene que transgredir una serie de reglas”.

Así lo muestran el delicado amor que un adolescente siente por su prima –que desemboca en experiencia traumática–, la pasión destructiva que experimenta un fotógrafo por su bella modelo o la imposibilidad de una relación entre seres de diferentes edades que se encuentran en Venecia, tres historias diversas que, no obstante, encuentran un punto en común en el desbordamiento amoroso y el resquebrajamiento de normas familiares o sociales.

Wilde como inspiración

Más allá de las experiencias o reflexiones en torno al amor, el origen de Morir todos los días se remonta a la lectura de los cuentos de Oscar Wilde: “Me di cuenta de que sus cuentos amorosos son cuentos de amor imposible. La dinámica de El ruiseñor y la rosa o El gigante egoísta es la del amor que no alcanza a consumarse, sin embargo, es el amor que tiene la mayor intensidad”, explicó el actual miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

De ahí que el título del libro esté tomado de un verso de Carlos Pellicer en el que el poeta mexicano sostiene que padecer el desamor equivale a morir todos los días. No obstante, matizó Vicente Quirarte, eso que es doloroso, que causa aflicción, finalmente también es lo que nos hace sentir vivos.
Así, en Morir todos los días se revela esta paradoja que envuelve al amor, pues en ellos éste no llega a la plenitud, lo cual, nos lleva al otro epígrafe del libro –de la autoría de Eduardo Lizalde–, que parece conjurar la vida de los personajes: “el amor es un árbol que da frutos dorados sólo cuando duerme”. La presencia de la ciudad también es fundamental en estos cuentos.

Sea Nueva York, Venecia, Oviedo, Bogotá, Campeche o México, el entorno citadino no sólo ambienta sino que determina la vida de los personajes, el desarrollo de las historias. Más que estar presente como escenario, la ciudad se convierte en un personaje que modifica las conductas de los otros.

El amor, antídoto contra la violencia

¿Puede la literatura, la poesía, el relato, en algún sentido, combatir los estragos de un entorno tan violento como el que sacude al México actual? ¿Cuál es la importancia de escribir acerca del amor y sus vaivenes en un contexto tan hostil?

Sin dudarlo, Vicente Quirarte respondió a estos cuestionamientos citando a Dante Alighieri: “El amor es la fuerza que mueve el sol y las demás estrellas”. Y agregó: “Esa fuerza tiene que ser superior al odio. En el momento que hay más odio, hay que escribir más sobre el amor. El amor es lo único que nos puede salvar de la mediocridad, de la chatura gris de los días, del odio cotidiano. El amor profundo y autentico hacia otro ser, que es lo que plantea este libro, puede hacerlo”.

El autor de Cancionero de Lucrezia Buti ha dedicado gran parte de su obra a la poesía, sin embargo, no la desliga de la narrativa: “Uno nunca deja de apostar a la poesía en el sentido de que el lenguaje en un texto narrativo debe tener la atención de la poesía. El cuento, al igual que el poema, es un arte de sustracción”.
Y ya internándose en los lares de la narrativa, el también investigador del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM reveló que está escribiendo su primera novela, la cual, será policíaca y abordará la estancia de personajes mexicanos –como Francisco Zarco– en Estados Unidos entre 1864 y 1867, cuya finalidad era defender la causa republicana, que estaba en contra de la intervención y el imperio de Maximiliano.

Vicente Quirarte ha dejado en Morir todos los días una serie de historias conmovedoras y desgarradoras en torno al amor.

Perfil

El autor


Vicente Quirarte es doctor en Literatura Mexicana por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha impartido cursos y conferencias en universidades de México, Estados Unidos, Francia, Canadá, Colombia. En dos ocasiones fue profesor visitante en Austin College y en 1999 ocupó la Cátedra “Rosario Castellanos” en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ha recibido distintos galardones durante su trayectoria, como el Premio Nacional de Poesía Joven (1979), el Premio Nacional de Ensayo Literario (1990) y el Premio Xavier Villaurrutia (1991). Por el conjunto de su obra le fue otorgada en 1994 la Distinción Universidad Nacional. Es miembro de número a la Academia Mexicana de la Lengua.
Ha publicado libros de poesía, narrativa, teatro, crítica literaria y ensayo histórico. Sus poemas publicados entre 1979 y 1999 aparecieron en 2000 bajo el título Razones del samurai (UNAM, Poemas y ensayos). Ha publicado además el libro de crónicas Enseres para sobrevivir en la ciudad y ensayos de crítica cultural como Sintaxis del vampiro. Una aproximación a su historia natural y Tras la huella del niño centenario (sobre Jean-Arthur Rimbaud).

Como dramaturgo ha escrito y han sido llevadas a escena las obras El fantasma del Hotel Alsace. Los últimos días de Oscar Wilde (Premio Sergio Magaña para autor nacional, 2000) y Retrato de la joven monstruo. Marry Shelley y compañía.

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