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Jueves, 21 de Noviembre 2019
Cultura | Por: Martín Almádez

Itinerario

Y llegó la FIL… y un Palacio de la Cultura

Por: EL INFORMADOR

El ser la feria de libros más importante en lengua española, hace de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara un eje central para la difusión de la cultura, y principalmente, un detonador de la economía.

Ese es el perfil idóneo de los proyectos culturales. En eso se pensó siempre cuando se buscó la franquicia del Guggenheim, por ejemplo, cuyo desenlace ha sido la cancelación y el inmediato anuncio de un museo sustituto.

La diferencia que marca la FIL con las más cercanas comparaciones locales, existentes en maqueta todas, es su diversidad en la generación de la economía: impulso del rubro turístico medible en hoteles, restaurantes y aeropuerto, registro de mayor venta en las zonas comerciales de la ciudad, transacciones editoriales entre las que destaca la compraventa de derechos de autor.

La derrama económica que registra Jalisco durante los 10 días que dura la FIL, difícilmente encuentra parangón con cualquier estrategia gubernamental o privada enfocada a ese fin.
Las oportunidades para la generación de proyectos culturales suelen ser, en estricta realidad presupuestal, muy pocas. Pero se vuelven menos aún cuando dadas las plataformas financieras para su realización, carecen de creatividad y visión a largo plazo.

La coyuntura que representa la conmemoración del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, para la ejecución de un proyecto de largos alcances, es de grandes dimensiones. Sin embargo, la concepción oficial no rebasa los festejos, honores y juegos pirotécnicos.

Las variables de índole cultural que están a la vista y demandan una atención con aseo económico bajo un programa integral, tan solo de la zona metropolitana, son los corredores gastronómicos: zonas como San Juan de Dios y platillos como la torta ahogada; los iconos tapatíos de la mexicanidad: el traje de charro, el tequila y el mariachi; las celebraciones religiosas: la romería del 12 de octubre y el aniversario en la Hermosa Provincia.

La apuesta gubernamental ha ido dirigida a la restauración del patrimonio cultural limitado a construcciones religiosas. Y el esfuerzo es loable. Pero la visión y sistema operativo debiera contemplar, mediante una política pública integral, la reactivación de la economía, y con mayor exigencia, en tiempos en los que se requiere de que el Estado vaya más allá de su labor “gastadora”.

En este contexto, quiero externar mi preocupación por lo anunciado recientemente en el presupuesto de egresos para el próximo año: la designación de 70 millones de pesos para la construcción del Palacio de la Cultura y la Comunicación, que desde hace un par de años, cuando fue propuesto, no acaba por transparentarse su natural función, y mucho menos se ha dado a conocer el proyecto ejecutivo que lo sustente y le marque una justificación social, económica y cultural. Con tanta opacidad se provoca pensar que la única justificación, inherente, sería política-electoral.

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