Lunes, 20 de Enero 2020
Cultura | Política de engaño

Itinerario

Por Martín Almádez

Por: EL INFORMADOR

Dicen que no. Pero la realidad los abofetea. Dicen que programas y presupuestos destinados a la cultura no forman parte de estrategias electorales. Pero las acciones en dos años y medio nunca vistas brotan como hongos en plazas y calles. Dicen que una cosa no se enlaza con la otra. Pero candidatos y caravanas se hacen acompañar por actos artísticos. Dicen que les preocupa el desarrollo cultural de la ciudad. Y para demostrarlo esperan el arranque de las campañas electorales para convocar y aglutinar grupos y asociaciones, formar consejos, contratar montajes de danza y teatro y organizar seminarios con participantes de alfombra roja.

Dicen que las promesas que en un principio suscribieron fueron malentendidas. Pero les preocupa la cultura. Más ahora que nunca. Por eso la cultura se integra al discurso de sus propuestas. Como hace dos años y medio, con falsedad y engaño.

En el origen fue la inactividad. La desarticulación. La falta de un programa definido e integral. La incapacidad de la dependencia oficial y la arrogancia de su titular para aplicar una política cultural que diera respuestas a requerimientos y aún más, a exigencias de la comunidad. Luego asomó la duda y después el escándalo. Lo dijeron los medios de comunicación y lo comprobaron los hechos mismos: la cultura en Guadalajara estaba en pleno movimiento: se sumaban militantes y no creadores a la promoción y difusión, y no necesariamente, de la cultura.

Guadalajara fue el Ayuntamiento exhibido pero no el único. Los gobernantes -con el alcalde Alfonso Petersen a la cabeza- no han sabido distinguir entre la aplicación de una política de Estado a la que están obligados por ley y una política de Partido a la que por mismas razones están impedidos. Fiel a ese proceder y modus operandi, el alcalde tapatío hizo como que escuchó a los artistas, asumió compromisos, empeñó su palabra, preparó un discurso elocuente, llamó a los medios de comunicación para anunciar sus intenciones que registró y difundió en su informe de gobierno, nombró a un nuevo titular en cultura y tomó decisiones: ignorar todo lo anterior y hacer como que nunca nada había pasado.

El engaño y el cinismo recobraron fuerza. Tanta, como siempre ha existido. Solo que nunca como ahora, a la que se ha agregado la burla y el menosprecio por los que hacemos la cultura en esta ciudad, al grado de pisotear acuerdos con quienes tuvimos la osadía de proponer y sugerir lo que él mismo solicitó.

Necesitamos en Guadalajara recuperar el respeto por el ciudadano y el valor de la palabra. Y exigir a quienes gobiernan y todavía más a quienes pretenden hacerlo, no solo el conocimiento de su probable encomienda, sino una gobernabilidad que responda a la pluralidad y diversidad que conforman a esta metrópoli, así como el apego a las leyes y no a sus compromisos de partido, que acaban por ensuciar y devaluar la política que hoy tenemos.

"El alcalde tapatío hizo como que escuchó a los artistas, asumió compromisos, empeñó su palabra, preparó un discurso elocuente (...) y tomó decisiones: ignorar todo lo anterior y hacer como que nunca nada había pasado", señala el presidente del CECA, Martín Almádez.

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