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Domingo, 24 de Marzo 2019
Cultura | El esperanto, el idioma inventado por el judío Ludwig Lazarus Zamenhof en 1887

Guadalajara parolas esperanton

El esperanto no fue el idioma universal que Zamenhof imaginó, pero en la ciudad hay al menos seis personas que lo practican con estusiasmo

Por: EL INFORMADOR

El número de esperantohablantes apenas ronda el 0.03% de personas en el mundo.  /

El número de esperantohablantes apenas ronda el 0.03% de personas en el mundo. /

GUADALAJARA, JALISCO (10/ABR/2012).- Son muchas las maneras de decir hola. En francés, los labios van fruncidos y sin tocarse entre sí. De la boca sale un agudo y delicado sonido: Salut. Para expresar lo mismo, en alemán se tiene que jalar aire desde los pulmones. La corriente que roza el paladar y la lengua se expulsa provocando un: Hallo. En el idioma esperanto, inventado hace más de un siglo, no es tan complicado. Se pronuncia el saludo tal cual se lee: Saluton. Pero esa facilidad de hablarlo, se contrarresta con que el idioma se sostiene por una filosofía de vida, por una interna ideo.

No hay certeza en el número de esperantohablantes en el mundo. La Universala Esperanto Asocio (UEA) estima que la cifra se encuentra entre los cientos de miles y los millones. Ethnologue, una enciclopedia que cataloga las lenguas vivas en el planeta, es ligeramente más precisa al respecto. Señala que la comunidad esperantista puede ir desde los 500 mil hasta los dos millones.

Es complicado un rastreo de tal magnitud, aun más cuando el esperanto se habla, se piensa y se vive en los cinco continentes. La misma UEA identifica notables comunidades en China, Brasil, Japón, Cuba, Irán, Hungría y Madagascar. Actualmente son 70 los países que cuentan con organizaciones afiliadas a la asociación internacional.

Mallely Martínez, presidenta de la Meksika Esperanto Federacio (MEF), afirma vía correo electrónico que el idioma “sigue en auge” y que únicamente en 2010, por lo menos 750 personas tomaron un curso de esperanto virtual o presencial en México. Sin embargo, reconoce el esfuerzo que implica un registro detallado de los hablantes al ser la mayoría de ellos autodidactas.

Esta situación también se aplica a Guadalajara, donde sólo hay aproximaciones sobre el número de integrantes de la comunidad esperantista. El dato es impreciso, pues habría que considerar qué  nivel de conocimientos debe alcanzar una persona para que se le considere esperantohablante.

De cualquier manera, en la ciudad es posible identificar al menos a seis personas que hablan fluidamente el idioma inventado por el judío Ludwig Lazarus Zamenhof en 1887. Hoy, a casi 130 años de su origen se le promueve principalmente a través de cursos, clubes de conversación, congresos y en los últimos años, en internet.

Ulises Franco es ingeniero en computación. Tiene 27 años de edad y desde hace tres, li parolas esperanton (él habla esperanto). “Me gusta que el idioma es muy flexible”, dice uno de los difusores y organizadores del grupo de conversación de esperanto en la ciudad. Gracias a la poca rigidez en la estructura del idioma, es posible cambiar el orden de las palabras con bastante libertad. Aquí el orden de los factores no altera el producto.

Esa fue la apuesta de Zamenhof: crear un lenguaje simple y universal que facilitara la comunicación entre las personas. Notable políglota, el fundador polaco tomó elementos desde el ruso hasta el latín para crear la Internacia Lingvo (Lengua Internacional), nombre original del idioma. Algo así como sucede en El nombre de la rosa, novela de Umberto Eco donde el monje Salvatore “hablaba todas las lenguas y ninguna en particular”.

A la facilidad de aprendizaje, los esperantistas arguyen que es posible escribirlo en pocas semanas y hablarlo después de algunos meses de práctica. De acuerdo con “La experiencia del esperanto”, tesis del licenciado en periodismo Jorge Gutiérrez Galván, el novelista ruso León Tolstoi fue de los primeros en recibir uno de los folletos que Zamenhof repartió para promover su recién invento. La respuesta del famoso escritor corrobora los argumentos: “Pude en dos cortas horas, si no escribir, al menos leer fluidamente en esta lengua”.

A diferencia de los idiomas nacionales, que se transmiten desde el seno familiar, el esperanto se juega su existencia en la disposición de sus hablantes. Los denaskuloj (aquellas personas que tienen al esperanto como su lengua madre), representan una minoría del universo esperantista. De hecho, suele pasar que algunos denaskuloj no demuestran tanto interés por el movimiento internacional.

Para Edgar López, de 24 años de edad, y también organizador de los grupos de conversación, saber esperanto no te convierte necesariamente en un esperantista: “No basta con hablarlo. Hay que promover de igual forma los valores de fraternidad, solidaridad y paz”. De hecho, la misma palabra esperanto lleva implícita estas ideas, pues significa ‘el que tiene esperanza’”.

Cuando Zamenhof publicó el Unua Libro (Primer Libro) donde se incluían las bases del idioma, firmó el texto bajo el pseudónimo de Doktoro Esperanto. Él mismo había depositado todas sus esperanzas en el proyecto. Esto provocó al poco tiempo que la gente identificara más al nuevo lenguaje por Esperanto que por el nombre largo y claramente artificioso de Internacia Lingvo.

Una de las personas que perdió aquella esperanza fue Kazimierz Bein, oftalmólogo y gran promotor del esperanto durante su primera etapa. El doctor firmaba bajo el nombre de Kabe, por el que es más conocido. Pero un día la duda fue más fuerte que su convicción. Sin explicar nada, Kabe abandonó la lucha y el recuerdo se volvió palabra: kabei, un verbo que, todavía hoy, significa “dejar el movimiento esperantista”.

Sin embargo, a quien incurre en kabei no se le ve con rencor, y el acto nada tiene de traición. El mismo Ulises acepta que las ocupaciones diarias de los hablantes son la principal causa por la que se desligan del esperantismo. Además, no podría ser de otra forma, ya que él ve al movimiento como algo “incluyente” y “donde todos se respetan”.

Zamenhof fue muy contundente con esta visión del mundo cuando inauguró el Unua Universala Kongreso de Esperanto (Primer Congreso Universal de Esperanto) en 1905: “Hoy, entre los muros anfitriones de Boulogne-sur-Mer no se han reunido franceses con ingleses, ni rusos con polacos, sino hombres con hombres”, según apunta Gutiérrez Galván en su tesis de licenciatura.  

A partir de ese momento, el valor de los discursos en público cobró un significado especial para el movimiento esperantista. Tanto, que el esperanto designa un verbo específicamente para ello: Prelegi, “dar una conferencia, disertar, pronunciar un discurso”.

Y aunque no existe una nación que aglutine al conjunto de esperantistas, es precisamente en los congresos donde coinciden en tiempo y espacio. Edgar nunca olvidará la sensación de haber asistido al Congreso Universal de Esperanto de 2010, en Cuba: “Fue como si todos perteneciéramos a un mismo país. Nos entendíamos a la perfección”. A este lugar común que ellos comparten, sin importar su lengua materna ni el país de origen, se le denomina Esperantujo, “una especie de nación abstracta”.

Y en los pasillos de estos congresos es cuando más se escucha el argot esperantista. Por ejemplo, cuando alguien habla en su idioma materno se escuchará el reproche de más de alguno: “Ne krokodilu!, ne krokodilu!”. El verbo krokodili significa “hablar en la lengua nativa con un esperantista”. O cuando alguien cae en el aligatori, quiere decir que no está usando ni el lenguaje materno, ni el esperanto.

Baja California como ejemplo


Con todo, al esperanto aún le queda un largo camino que recorrer antes de cumplir con su objetivo final. Entre la falta de maestros y el poco apoyo de los gobiernos, el esperanto necesita de la institucionalización para posicionarse en las mentes de la gente.

Por ejemplo, la Facultad de Idiomas de la Universidad Autónoma de Baja California ya ofrece la asignatura “Esperanto: Lengua y Cultura” como parte de su plan de estudios. Su inclusión en el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas pone al esperanto al mismo nivel que los idiomas nacionales. Y es quizá el reconocimiento oficial de la UNESCO, desde 1954, el mayor hito en la vida del idioma.

Pero los mayores avances se han logrado en los circuitos alejados del sistema escolar. El auge del internet demuestra ser un importantísimo espacio de aprendizaje, convivencia y difusión del idioma. El sitio web gratuito lernu.net está dedicado al estudio y a la enseñanza en línea del esperanto. En junio de 2011 el portal alcanzó los 100 mil usuarios registrados.

Si la tendencia permanece, el sueño de Zamenhof tendrá que conseguirse entonces desde las periferias y a largo plazo. Y es que el número de esperantohablantes apenas ronda el 0.03% de personas en el mundo. Esto, si tomamos como cifra oficial a los dos millones de esperantistas.

PARA SABER
Club tapatío


Para mayores informes  sobre el club de conversación de Esperanto en Guadalajara, se puede escribir al mail de esperanto.gdl@gmail.com o contactar al grupo de facebook, Esperanto GDL.

Con algunos meses de práctica el alumno podrá ser un esperantista. Pronto se comunicará con miles de personas en el mundo que, en lugar de hola, le dirán Saluton.


EL INFORMADOR / PAP-ITESO/ ALEJANDRO ZAMORA ESQUEDA

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