Jueves, 09 de Octubre 2025
Cultura | Se convirtió en símbolo de Uruguay

Conmemoran 30 años de la muerte de la poeta Juana de Ibarbourou

''Fue una mujer rebelde y transgresora''

Por: EFE

URUGUAY, MONTEVIDEO.-Uruguay conmemoró hoy los 30 años de la muerte de la poetisa Juana de Ibarbourou, "Juana de América", una autora que se convirtió en símbolo de un país y que conoció las luces y las sombras en su vida y su literatura.

"Fue una mujer rebelde y transgresora", cuyo gran mérito consistió en "romper el círculo cerrado de los intelectuales y calar en el alma del ciudadano corriente", afirmó el periodista y escritor uruguayo Diego Fischer, autor de una biografía novelada de la poetisa.

Nacida en la villa de Melo en 1892, Ibarbourou accedió a la fama de manera fulminante, tras publicar su primer poemario, "Las lenguas de diamante" (1919), y vio consagrada su carrera diez años después con su proclamación como "Juana de América" en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo (Parlamento) de Montevideo.

Esa distinción, impulsada por estudiantes universitarios y jóvenes poetas, hizo de Ibarbourou la "figura fetiche" de Uruguay, dijo el autor de "Al encuentro de las tres Marías. Juana de Ibarbourou más allá del mito".

"Sus libros comenzaron a venderse tanto o más que los discos del cantante de tango Carlos Gardel" aseveró Fischer, quien subrayó los elogios que el pensador español Miguel de Unamuno dedicó a Ibarbourou en una carta que supuso "el gran espaldarazo" a su trayectoria literaria.

Según el periodista, esa misiva fue "profética", pues Unamuno reconocía la "extrema sensibilidad" de la autora y ensalzaba su valentía al asegurar que "ninguna mujer en España se atrevería a escribir versos" como los de "Las lenguas de diamante", a la que siguieron "Raíz salvaje" (1922) y "La rosa de los vientos" (1930).

El erotismo, la belleza y la exaltación de la vida marcaron la primera etapa de su obra, reflejo también de "un país feliz, de un Uruguay que tenía fe en sí mismo y progresaba", relató Fischer.

El reconocimiento de su obra traspasó enseguida fronteras y Juana de Ibarbourou comenzó a ser ensalzada por autores de la talla de Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca, quien la visitó en repetidas ocasiones durante su estancia en Montevideo en 1934.

Su adicción a los barbitúricos y a la morfina, y la violencia doméstica -primero por parte de su marido, un militar de bajo rango, y después por parte de su hijo- marcaron las sombras de una vida que se prolongó 87 años.

Para el poeta uruguayo Jorge Arbeleche, uno de los mayores estudiosos de la obra de Ibarbourou, los versos de esa última etapa se alejan de la sensualidad y la alegría de los primeros años y se aproximan a "lo metafísico" y "lo religioso, en el sentido de concebir la vida como un don sagrado, pero también voraz".

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