Las emociones rara vez siguen un camino recto. El duelo, el deseo, la culpa, la frustración o el enamoramiento suelen avanzar entre contradicciones que difícilmente caben en respuestas simples. Esa complejidad es el territorio donde la psicoterapeuta y escritora Tere Díaz Sendra ha desarrollado buena parte de su trabajo y que ahora vuelve a reunir en la colección “Recupera tu brújula emocional”, integrada por cuatro libros que recorren distintos momentos de su trayectoria profesional.La colección incluye “El GPS de tus emociones”, “Los patanes están más cerca de lo que crees”, “Rutas para atravesar una infidelidad” y “Encuentra tu norte emocional”, este último publicado por primera vez como parte del proyecto editorial. Aunque cada volumen aborda una problemática distinta, todos parten de una misma intención: ofrecer herramientas para comprender aquello que ocurre antes de tomar decisiones sobre la propia vida.“El último libro sí es completamente nuevo. A diferencia de los otros, está construido a partir de trece capítulos y cada uno desarrolla un tema completo. Los anteriores tenían un eje muy específico; este reúne distintas situaciones que atraviesan la experiencia humana”, explica la escritora, en entrevista con EL INFORMADOR. En sus páginas aparecen asuntos tan diversos como la aceptación del cuerpo, las expectativas sobre la maternidad, la idea de felicidad, el aprendizaje del dolor o la dificultad de sentirse diferente dentro de una sociedad que suele premiar la adaptación antes que la autenticidad. Para Díaz, buena parte del sufrimiento comienza cuando las personas intentan responder a modelos que poco tienen que ver con su propia forma de vivir.“Muchas veces nos violentamos tratando de pertenecer, intentando ser alguien que no somos. La normalidad es un concepto mucho más complejo de lo que creemos”, asegura. La autora ha dedicado décadas a la consulta clínica y considera que esa experiencia le permitió construir una mirada que combina investigación académica con observación cotidiana. Cada libro surge de cientos de historias escuchadas a lo largo de los años, aunque siempre filtradas desde la confidencialidad y la reflexión profesional. Uno de los títulos que mayor conversación ha generado es “Los patanes están más cerca de lo que crees”, donde analiza la violencia dentro de las relaciones afectivas. El interés del libro no consiste únicamente en describir conductas abusivas, sino en identificar las condiciones culturales que permiten normalizarlas.“La intención es ayudar a reconocer cuándo una relación ya dejó de ser simplemente complicada para convertirse en un espacio de maltrato”, explica.Otro de los ejes de la colección aparece en “Rutas para atravesar una infidelidad”. En lugar de abordar el tema desde una condena moral, Díaz intenta comprender por qué el deseo, el compromiso y el amor no siempre avanzan en la misma dirección. Desde su perspectiva, muchas relaciones fracasan porque se espera que una sola persona satisfaga todas las necesidades afectivas, sociales, intelectuales y sexuales que antes eran compartidas por comunidades mucho más amplias.“Siempre digo que uno se casa -o se empareja- con la persona que ama, con quien comparte valores y proyectos, pero el deseo no se casa con nadie. Ese es uno de los grandes retos de la vida afectiva. Gestionar el deseo requiere muchísima madurez, porque probablemente sea uno de los impulsos más difíciles de administrar”, dice. “Además, tampoco somos monógamos por naturaleza; elegimos ciertos acuerdos y esos acuerdos deben sostenerse de manera consciente. Cada vez conozco más personas que no eligen la monogamia, pero incluso ellas establecen reglas muy claras sobre cómo quieren vivir esa libertad”, suma.“Muchas veces esperamos que la pareja satisfaga absolutamente todas nuestras necesidades. Antes eso lo hacía una comunidad entera: la familia, los amigos, el trabajo, las personas con las que convivíamos. Hoy queremos que una sola persona ocupe todos esos lugares. Si no entendemos eso y no aprendemos a actualizar nuestros acuerdos, a tolerar la frustración y a gestionar el deseo, resulta muy difícil construir relaciones afectivas duraderas”, explica.