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Suplementos | Nos platicaron de las islas de enfrente y de las corrientes marinas

Un lugar llamado Loreto Conchó

Nos platicaron de las islas de enfrente; de las corrientes marinas; de los accidentes de los turistas; de los problemas ejidales
Hermoso. Un romántico y típico callejón de Loreto en Baja California. EL INFORMADOR / P. Fernández

Hermoso. Un romántico y típico callejón de Loreto en Baja California. EL INFORMADOR / P. Fernández

GUADALAJARA, JALISCO (29/ENE/2017).- No tuvimos tiempo de disfrutar Loreto, que ya parecía recibirnos con la amabilidad característica de los pueblos mexicanos porque, cuando preguntamos por nuestro hotel a un muy digno policía, nos dijo que ocho kilómetros adelante encontraríamos nuestro destino con playa, campo de golf, spa. Al fin encontramos nuestro dichoso hotel en medio de un enorme proyecto iniciado por FONATUR en 1974, y que hasta ahora está teniendo un éxito relativo, al agregarle viviendas para gringos y canadienses retirados; todas iguales -bonitas sin lugar a dudas- que nos hicieron sentir como si estuviéramos fuera del país.  

¡Eso era justamente lo que no queríamos!  Pero ni modo; ese es el problema de las reservaciones por medio de agencia de viajes; pero entiendo que es difícil acertar siempre a los deseos de los viajeros. En lo particular siempre procuramos llegar a lugares chicos y modestos, donde fácilmente podamos comunicar con la gente y disfrutar de los lugares y de la idiosincrasia de nuestro México insólito: de hecho, Dalí alguna vez dijo que no le gustaba México porque no podía soportar algo que fuera más surrealista que su pintura.

Siendo así, y ya estando en el enorme hotelón (que nos dijeron había sido diseñado -hace  años- por Legorreta y  que había pasado por varias manos con poco éxito, y que últimamente lo había adquirido -para variar- el gran Carlos Slim, que estamos seguros de que pronto resucitará ese enorme y vetusto elefante blanco) nos dedicamos a recorrer tanto el edificio como su solitaria playa en donde, al pasar la barrera imaginaria de su “pertenencia”, nos encontramos con un simpático gordo, colorado, ojos verdes, cachetón y muy platicador que, acompañado de su señora -más mexicana que las tunas- rentaba tablas de surfear bajo una muy arreglada palapa, en donde además vendía refrescos, papitas y almejas chocolatas. La plática se suscitó de inmediato con un veloz ‘combate’ de chascarrillos y albures mexicanos; y como la conversa no podía ser más divertida, además de interesante, una coca, una bolsa de papitas, una silla de plástico y una sombra fresca, nos hicieron el resto de la tarde. Nos platicaron sobre las islas de enfrente; de las corrientes marinas; de los accidentes de los turistas; de los problemas ejidales; de las familias Davis y Murillo viejos residentes loreteños; de los frailes antiguos; de los ciclones; de los vuelos internacionales incluyendo horarios y destinos; de las temporadas de almejas y de uff… En fin, fue una agradabilísima tarde con Jorge Zatarain y su esposa Lulú.  

Un callejón empedrado, muy bien cuidado y cubierto de lado a lado por frondosos ficus delicadamente cultivados, nos llevó al antiquísimo edificio de la Misión de Loreto Conchó que en algún tiempo fue Capital de las Californias; y al bien puesto Museo de las Misiones donde se mencionan las increíbles hazañas de los temerarios misioneros. En el señorial atrio entre los edificios, una cruz de tronco natural le agregaba un cierto aire dramático al contexto. Bello conjunto.  

Vale la pena mencionar las dramáticas expresiones con las que Curiel, un sensible artista regional, armado con su pincel se dedicó a narrar en los muros del edificio del Ayuntamiento, algunos hechos históricos sucedidos en las Californias. Aparecen con gran talento y energía, desde la diosa Calafia con sus grifos desafiantes, hasta las proezas de los misioneros y las diferentes ideologías. Vale.

No podemos dejar de mencionar la magnífica misión de Francisco Javier ‘Viggé Biaundó’ (tierras altas entre las cañadas en idioma cochimí) trepada en la hirsuta Sierra La Giganta; asombrosamente fundada en 1699 por el jesuita Fco. Ma. Píccolo, y completada en 1744 en un sencillo estilo barroco, con los ingeniosos sistemas hidráulicos y agrícolas de Juan de Ugarte. Se dice que es ‘la joya de las misiones de Baja California. Los 27 kilómetros de ascenso valen muchísimo la pena, ya que además de las vistas de sus bellas formaciones montañosas, entre las cañadas se pueden encontrar los célebres petrograbados de “Las Cuevas Pintas”.  

Loreto es digno de una larga estancia.

pfs@telmexmail.com

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