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Lunes, 22 de Octubre 2018

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Tiempo para “Venid y ved”

La Cuaresma invita a los cristianos a un cambio de actitud; a un planteamiento distinto, serio, con la mirada puesta en Cristo

Por: El Informador

Cristo vencedor confundió al enemigo y dejó una enseñanza para todos: la de saber vencer al mal con las fuerzas del bien. ESPECIAL

Cristo vencedor confundió al enemigo y dejó una enseñanza para todos: la de saber vencer al mal con las fuerzas del bien. ESPECIAL

Primer domingo de Cuaresma
Dinámica pastoral UNIVA

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA
Génesis 9, 8-15

“Esta es la alianza que establezco con ustedes: No volveré a exterminar la vida con el diluvio ni habrá otro diluvio que destruya la tierra”.

SEGUNDA LECTURA
Primera carta de san Pedro 3, 18-22

“Cristo murió, una sola vez y para siempre, por los pecados de los hombres; Él, el justo, por nosotros, los injustos, para llevarnos a Dios”.

EVANGELIO
San Marcos 1, 12-15

“El Espíritu impulsó a Jesús a retirarse al desierto, donde permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás”.

Después de casi siete semanas de tiempo ordinario de la Iglesia, desde el miércoles pasado, ya con la ceniza en la frente y en el espíritu el pensamiento: “Recuerda, hombre, que eres polvo y en polvo te convertirás”, dio principio el tiempo fuerte llamado Cuaresma.

La cumbre más alta, la Pascua de los cristianos, la resurrección del Señor, hecho clave donde tiene su principio y su fin el ser discípulos de Cristo vencedor de la muerte.

La Cuaresma toma su nombre de los cuarenta días de preparación para la Semana Mayor, y singularmente para el día festivo, solemne, del triunfo del Señor.

¿Para qué, ahora, la Cuaresma? Fundamentalmente tiene un sentido: conversión; y para que llegue la gracia de la conversión, primero está la atención. “Venid y ved” son las palabras de Cristo que invita: “venid” y luego “ved”.

Para la conversión, primero está ver el rostro de Cristo. Cuántos que se dicen cristianos y lo son por el bautismo, no viven como lo que son porque poco o nada saben de Jesús, el Cristo, el Ungido del Señor. Primero ver el rostro de Cristo, conocer a Cristo. Éste era el ideal del recién convertido San Agustín: “Señor, que te conozca; Señor, que me conozcas”.

La Cuaresma llama, invita a los cristianos a un cambio de actitud; a un planteamiento distinto, serio, con la mirada puesta en Cristo, de quien el cristiano no debe ser un simple admirador, sino un fiel seguidor.

El Espíritu Impulsó a Jesús a retirarse al desierto. Antes, y como preámbulo, como preparación a sus tres años de vida pública, Jesús voluntariamente se retiró 40 días y 40 noches al desierto.

Silencio, soledad, sol inclemente, tierra, arena y nada más. Allí el mundo nada le ofrece, nada le puede dar. Sus pisadas a ninguna parte van. El desierto es paz; no hay estímulo alguno para los ojos, para los oídos ni para la lengua. Silencio. En ese desierto inmenso y uniforme se siente la total dependencia de Dios. Jesús, guiado por el Espíritu, ha venido a unirse desde allí con su Padre.

Retirarse. La fuga de muchos los viernes al mediodía es frecuente en las ciudades. Las aglomeraciones, las prisas, las estridencias ,y los desasosiegos enferman y cansan.

El vivir sin orden, sin un verdadero, plan de vida, sólo al impulso de los sentidos y atraídos por la última novedad, vacía los espíritus, los empobrece, los despersonaliza y hasta los deshumaniza.

Es un espectáculo triste contemplar a las multitudes en un estadio; perdida la conciencia de la propia persona, confundidas en una masa informe, gritan, ofenden a una sola voz con un lenguaje soez, tal vez sin entender lo que dicen y sin atreverse a decir lo mismo ya aparte y a solas.

Cuando los jóvenes -siempre los más indefensos- son bombardeados continuamente por una publicidad que los manipula y una televisión que los enajena, urge invitarlos a que sepan retirarse, para encontrarse a sí mismos y encontrar a Cristo.

Mas no se trata de estar en una egoísta soledad, sino de establecer un medio reservado para oír la voz de Dios para el diálogo, para crecer en el amor a Dios, principio, medio y fin de toda existencia.

Quien más se aparta, más crece y mayor es la mirada amplia la sabiduría sobre los hombres, los acontecimientos, las historias, él mismo y Dios.

Y fue tentado por Satanás. El Hijo único de Dios, al descender hasta el bajo nivel de ser hombre, se asemejó en todo a los hombres menos en el pecado. Por lo mismo allí, en el umbral de su actividad mesiánica, le permitió al maligno que le propusiera las tres tentaciones.

Son esas en las que los hombres débiles, cobardes, caen: “tener, valer, poder”.

Cristo vencedor confundió al enemigo y dejó una enseñanza para todos: la de saber vencer al mal con las fuerzas del bien.

Cuaresma es tiempo de ser más cristiano; Cuaresma es tiempo de buscar el silencio y la soledad, para encontrarse cada uno a sí mismo y para encontrar a Cristo.

José Rosario Ramírez M.

No sólo es el tiempo

El inicio de la Cuaresma nos permite adentrarnos en una reflexión en orden a mejor vivencia de este tiempo de gracia, teniendo como referente siempre a Cristo.

El Hijo de Dios, en el bautismo, aceptó mezclarse con los pecadores para cargar con el pecado del mundo, a esta misión se preparó en la soledad del desierto, lugar de encuentro con Dios y del enfrentamiento con el Demonio.

El Espíritu es quien empuja con fuerza a Jesús. El Evangelio de este primer domingo de cuaresma, no precisa los detalles concretos de las tentaciones, pero deja entender que se prolongó a lo largo de su estancia en el desierto, cuarenta días.

Nos refiere también que fue un combate victorioso desde el principio: afirmar que Jesús vivía con los animales salvajes, equivale a presentarlo a la vez como un nuevo Adán que resiste al tentador y por eso es señor de un cosmos en paz y armonía. El servicio que le rinden los ángeles recuerda el Salmo, indicando que su misión va acompañada con la ayuda y protección de Dios.

Esta práctica ya tradicional de la cuaresma tiene un para que se describe exquisitamente en los últimos versículos del texto dominical: Jesús superado el tiempo del desierto, se marchó a Galilea para predicar el Evangelio, la Buena Nueva de Dios, que consiste en la posibilidad de poder acceder al Reino de Dios, el tiempo se ha cumplido, solo se requiere de nuestro arrepentimiento y aceptar el Evangelio.

Este también es el propósito de nuestra Cuaresma: recibir el Evangelio, arrepentirnos para ser pregoneros de la Buena Nueva, lo que Cristo ha hecho en nosotros. No reduzcamos la Cuaresma sólo al tiempo en el que transcurren cuarenta días, sino tener la actitud de volver a Dios, para lo cual siguen siendo necesarios la oración, ayuno y limosna.

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