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Miércoles, 26 de Septiembre 2018

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Rémora

¿Qué nos dice la supervivencia del Partido Verde acerca de las disfuncionalidades del sistema político en México?

Por: Enrique Toussaint

Rémora

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La rémora es un pez que se alimenta de otros. Una de sus características es que se adhiere fuertemente a objetos flotantes. La rémora sobrevive de otros y se alimenta de despojos. El Partido Verde, desde su gestación, es un instituto político que se vende al mejor postor con tal de asegurar su supervivencia y seguirse alimentando de las sobras del sistema de partidos. Un pez que se desenvuelve hábilmente en las sucias aguas del sistema.

El Partido Verde es el reflejo más fidedigno de las perversidades del sistema en México. Existe porque entendió, tal vez mejor que nadie, como el sistema de partidos se fue cartelizando luego de la transición. Es decir, supo interpretar que su fortaleza residía en ser relevante en cada reacomodo de élites.  No importa si se apellidaba Fox o Peña Nieto, el Tucán debía adherirse con fuerza al nuevo proveedor. El Verde nunca pensó ganar elecciones. Tampoco quiso ser un partido con militantes que dinamizaran el debate interno. Simplemente, siendo fiel a percibirse como una organización más cercana a un consejo de administración de una empresa familiar que a un partido político, entendía que debía encontrar el punto de equilibrio para siempre ser esa bisagra que podía exprimir al poder.

Y lo logró. A pesar de nunca alcanzar una votación significativa, el Verde siempre ha sido útil. Seguramente el cénit de su estrategia de chantaje se alcanzó en el peñanietismo. Allí, los del Tucán se convirtieron en el aliado más fiel del Presidente de la República. Con acuerdos bajo la mesa y una opacidad indigna de una democracia, obtuvieron bancadas relevantes para la definición de mayorías, posiciones en el gabinete y hasta una gubernatura. La personificación más auténtica del tipo de político que produce el Verde es Manuel Velasco, gobernador de Chiapas. O qué decimos de Arturo Escobar. Vivas imágenes de la forma de entender el poder y el influyentismo que caracteriza a la familia González. Pragmáticos y dispuestos a todo con tal de asegurar la supervivencia del proyecto familiar y del grupo que los acompaña.

El Verde no sólo ha contado con la complicidad de los partidos hegemónicos del país (PAN, PRI y ahora ¿Morena?) para mantenerse relevantes. También ha jugado en la arena de los poderes fácticos. Los “González” han construido toda clase de relaciones con las televisoras, las empresas más potentes del país y los intereses económicos más determinantes para potenciar su posicionamiento en el sistema de partidos. De la misma forma, han aprovechado los flancos débiles de la ley para abusar de ella y construir un discurso demagógico que aparece cada elección (pena de muerte a secuestradores, por citar un ejemplo). La conjunción entre una partidocracia que no quiere renunciar a un aliado que tiene un precio muy claro, y una élite que lo usa de vehículo para defender sus intereses, explican la supervivencia de la rémora verde.

Luego de rendir pleitesía al peñanietismo, Manuel Velasco, Arturo Escobar y sus acompañantes ahora tienden puentes con el proyecto de Andrés Manuel López Obrador. Los resultados electorales en Chiapas no son una coincidencia. Desde la campaña, incluso desde la definición misma de los candidatos, el Verde comenzó a llevarse sus fichitas al proyecto que les podía dar cobijo. Los principales responsables del partido idearon un plan para esquivar la hoguera de los comicios -alejándose del denostado PRI- y le pusieron la alfombra al nuevo mandamás. Muerto el rey, viva el rey. No sorprende la cercanía de Velasco al presidente electo, en particular en el seno de la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO). Todo concluyó con la aprobación de los senadores de Morena de la solicitud de licencia a su curul de la Cámara de Alta de Manuel Velasco y el “traspaso” de diputados del Verde a la bancada de López Obrador para que tuviera mayoría absoluta.

La pregunta es: ¿hasta cuándo va a sobrevivir esa rémora? ¿Hasta cuándo tendrá la posibilidad de alimentarse de un sistema de partidos funcional para sus intereses?

La rémora verde depende de tres condiciones para existir en la “cuarta transformación”: 1. La posición que ocupe en el régimen político que nace de la elección del primero de julio. Es decir, el Verde seguirá formando parte de la coalición gobernante o será simplemente un aliado que puede activar López Obrador cuando se le cierran los caminos en las negociaciones con otras fuerzas parlamentarias. ¿El fin justifica los medios? Es la pregunta que flota en el aire luego de la polémica sesión en el Senado.

También, la supervivencia de la rémora verde está supeditada al mantenimiento de un sistema de partidos que se apoya en satélites que no aportan nada a la vida pública del país, pero que dotan de certidumbre a los jugadores hegemónicos del tablero. Cada centro gravitacional de la política mexicana ha tenido sus leales rémoras: la izquierda con la vieja Convergencia (MC) o el Partido del Trabajo. El PRI con el propio Verde y Nueva Alianza. Y ahorita, todo indica que el PAN podría contar con la complicidad futura del nuevo partido pequeño de México: el PRD. La única forma de cambiar esta realidad es haciendo transformaciones en la Constitución: adiós al financiamiento público, subir el umbral de representación y ser aún más severos con las condiciones para hacer coaliciones. El actual marco normativo fomenta la aparición de rémoras.

Es fundamental la pervivencia de la selectividad y politización de la justicia. El Partido Verde puede actuar descaradamente porque no hay institución que le ponga un alto. Lo vimos en el Senado esta semana: la licencia de Velasco viola los artículos 116 y 125 de la Constitución y, sin embargo, obtuvo el aval de 82 senadores para volver a despachar en Tuxtla Gutiérrez. El Verde escapará de sus responsabilidades siempre y cuando exista un Presidente que le garantice ese velo de impunidad.

El Partido Verde, con todo su cinismo, ha entendido su rol en el juego de la incipiente democracia mexicana. Son disciplinados y se “cuadran” el Presidente en turno. Los pactos con este partido no sólo cuestan en metálico, sino también en impunidad, discrecionalidad y descrédito público. Luego de obtener la mayoría que los mexicanos le concedieron, ¿López Obrador tiene necesidad de sucumbir ante los chantajes del Verde? La supervivencia del Verde depende enteramente del próximo Presidente de la República.

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