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Jueves, 27 de Junio 2019

Pátzcuaro y su eterno resplandor

Grandes leyendas y belleza eterna se dan la mano en uno de los espacios más atractivos que tiene Michoacán

Por: Juan Rodríguez

Janitzio. La isla, emblema del Lago de Pátzcuaro. CORTESÍA / @PACOESCRITOR

Janitzio. La isla, emblema del Lago de Pátzcuaro. CORTESÍA / @PACOESCRITOR

Dicen los que saben que un viaje se vive tres veces: al momento de planearlo, al instante de vivirlo y cuando nos toca contarlo. Con Pátzcuaro me sucede eso en efecto: siento como si hubiera ocurrido apenas ayer, ¿y sabes una cosa? Al cerrar los ojos aún puedo olerlo. Aún siento que estoy allí.

Lo primero que recuerdo de Pátzcuaro es el aroma. Esa humedad boscosa que todo lo rodea y que se apodera de cada sentido. Lo segundo es su gente: amables, pacientes con el turista y con una historia siempre en la flor de los labios.

Luego vienen a mi mente sus colores. Las casas, siempre combinando el blanco con el colorado. Las calles empedradas y serpenteantes en eterno sube y baja. Y el cielo más azul que puedas imaginar.

Lo acepto. Llegué a Pátzcuaro cansado de la monotonía de las grandes ciudades y del estrés de la oficina. Con ganas de olvidar mi celular y la voz del jefe pidiendo “un encarguito” más antes de salir del trabajo.

Lo acepto. Aquí me olvidé de todo. Este Pueblo Mágico no lo es solamente por un programa de gobierno. Pátzcuaro es mágico por la cultura que sudan sus calles, los sabores que tiene su mercado y la música de su gente.

A Pátzcuaro llegué agotado y de esa ciudad volví renacido.

Sacro. Los templos michoacanos, ricamente decorados. CORTESÍA / @PACOESCRITOR

Todo comienza caminando

Esta ciudad michoacana grita en cada rincón su pasado colonial. ¿El mejor ejemplo? Su plaza central. Llamada Vasco de Quiroga, se pavonea con orgullo por ser la mayor explanada colonial que queda en América, con sus árboles centenarios y portales que han estado allí, viendo a una generación tras otra sucederse. Caminar por aquí forma parte integral de la experiencia de conocer esta ciudad.

Muy cerquita se encuentra el Teatro Emperador Caltzonzin, sus acabados en madera y elegante fachada sirven de portada a un recinto que lo mismo es teatro que cine. Entrar y admirar sus murales es dar un paseo por la historia. Yo lo conocí durante un Festival de Cine de Morelia (del que Pátzcuaro es una de las sedes estelares), aunque ofrece funciones todo el año.

No muy lejos se encuentra la Basílica de Nuestra Señora de la Salud. No se parece a ninguna otra porque quienes la construyeron decidieron levantarla sobre una loma… respetando la loma. Eso le da un aspecto alargado y curvilíneo único. Levantada en el siglo XVI, sirvió como uno de los grandes focos evangelizadores de los primeros españoles con los purépechas.

Caminando por los rincones de la ciudad lo mismo uno se encuentra con el Palacio de Huitzimengari (antigua residencia de los gobernadores tarascos) que con la Biblioteca Municipal Gertrudis Bocanegra, que presume un espectacular mural de Juan O’Gorman.

Santuario de Guadalupe. Rincón de enorme tradición en la ciudad. CORTESÍA / @PACOESCRITOR

Navegar

Lo sé. Hasta ahora he hablado de caminar por Pátzcuaro. Pero no podemos olvidar que este Pueblo Mágico también se navega. Muy cerquita se encuentra el mítico lago que le brinda nombre a esta localidad y que ha sido objeto de tantas leyendas como tributos.

En el lago se encuentra la isla de Janitzio, con su monumental estatua de José María Morelos y Pavón levantando el puño. Es posible ascender a la cima del monumento, previo pago de un boleto.

Caminar por Janitzio (no hay de otra, pues la isla no tiene automóviles), es un deleite y un viaje en el tiempo. Si no pierdes el aliento en el ascenso a su cima, lo harás cuando contemples su bello cementerio, silente y eterno testigo de los vaivenes del lago.

Es posible llegar en una panga o lancha, un viaje que te regala espectaculares postales. ¿Recomendación? Lleva tu cámara. Una y otra vez el horizonte te regalará escenarios espectaculares, bañados de un color sin igual.

Riqueza. Restaurante El Patio, ejemplo de la riqueza artesanal que tiene Pátzcuaro. CORTESÍA / @PACOESCRITOR

El mejor momento es ahora

Dicen los que saben que los mejores momentos para conocer Pátzcuaro es en Semana Santa y Día de Muertos. Si bien en ambas fechas el colorido con el que se pintan sus calles no conoce comparación, también es verdad que durante todo el año hay “algo” que atrae al turismo.

Ya sea por sus sabores, o sencillamente por recorrer sus rincones, este pedacito de Michoacán es irresistible a los aventureros, a quienes se quieren desconectar del patrón que les pide “5 minutos más” en la oficina o simplemente para aquellos curiosos de corazón que desean conocer y recorrer un poco más de México.

Para saber

¿Y dónde me quedo?

Disfruta de tu estadía en Michoacán y quédate en el Hotel Misión Pátzcuaro, en el Centro Histórico de esa ciudad. Cómodo y tradicional, es también un excelente punto de partida para viajar por diversas localidades de ese Estado. Sus 82 habitaciones se caracterizan por ser amplias y cómodas. Para más informes, el hotel ofrece el teléfono 01 800 900 3800 o la página www.hotelesmision.com.mx.

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