Miércoles, 22 de Enero 2020

Más que un profeta

“Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu Santo descendía sobre Él”

Por: El Informador

Más que un profeta

Más que un profeta

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA: Is. 42, 1-4. 6-7. “Miren a mi siervo, en quien tengo mis complacencias”.

EVANGELIO: Mt. 3, 13-17. “Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu Santo descendía sobre Él”.

SEGUNDA LECTURA: Hech. 10, 34-38. “Dios ungió con el Espíritu Santo a Jesús de Nazaret”.

Más que un profeta

Termina este domingo el tiempo de Navidad. Empezo con el Adviento, y con el bautismo de Cristo se cierra este tiempo, de esperanza en cuatro semanas y de gozo estas dos últimas por la presencia de Emmanuel, Dios con nosotros, el Verbo de Dios hecho hombre.
Ahora el evangelista San Mateo presenta una escena distinta: el escenario es el río Jordán, donde predica Juan el Bautista. La multitud lo escucha ávidamente, porque él es “más que un profeta”.

Él es un hombre de intensa vida interior. Valiente, estalla, rompe el muro, supera las barreras; expone ideas atrevidas, anuncia, denuncia, truena contra las injusticias y las inmundicias. Tremendo, enardecido, el más arrebatado, el más temible, el más justiciero, porque su oficio es el de preparar la llegada del Reino de Dios, del Mesías largamente esperado. Ese es su único tema, su única pasión es enderezar lo torcido, allanar lo erizado de rocas, que el camino sea recto y llano.

Amenaza y maldice. Es una llama. Es un látigo. Duro oficio el de Juan el Bautista. Será motivo de risa y burla para unos, pero otros “venían a él de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región del Jordán”. Muchos reconocían ser pecadores, enmendaban sus torcidas maneras de pensar, de hablar y de vivir, y en señal de arrepentimiento bajaban a las aguas corrientes del río y Juan los bautizaba con un bautismo de penitencia. De él dijo Cristo: “Es más que un profeta”.

El anunciaba: “En medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis” y “vino Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él”. “Juan se oponía diciendo: ‘Yo necesito ser bautizado por ti, y ¿tú vienes a mí?’”. Jesús quiso someterse al bautismo, para recomendar y sancionar solemnemente el bautismo de Juan, para santificar las aguas haciéndolas puras y purificadoras, y como anuncio de otro bautismo que recibiría después. 

Allí en el Jordán es apenas el anuncio. Cristo, que no tiene pecado, en el bautismo por Juan es el Cordero de Dios que toma y quita los pecados. Es un acto de solidaridad con la humanidad pecadora.

José Rosario Ramírez M.

¿Rito o rutina?

Hoy domingo 12 de enero celebramos la fiesta del Bautismo del Señor y, con ella, damos conclusión al Tiempo de Navidad. Así damos paso también al inicio del Tiempo Ordinario. Es muy probable que, para muchos de nuestros lectores, coincidan estos dos tiempos con el fin del descanso de fin de año y también con el comienzo de las tareas estudiantiles o laborales. Así, podríamos tener la sensación de estar pasando de celebraciones, encuentros familiares y visitas a lugares que teníamos tiempos sin ver, para regresar a lo cotidiano de nuestra vida, es decir, a la rutina de siempre, más insabora pero aún necesaria para alcanzar nuestras metas.

Lo anterior nos puede ayudar a comprender la diferencia entre dos palabras similares pero que en realidad tienen una diferencia sustancial. Se trata del rito y la rutina. Por ejemplo, durante la Navidad parecemos estar más en modo del rito. Los pequeños o grandes rituales nos conectan con la alegría del encuentro con los demás durante las festividades. En contraste, lo ordinario de nuestra vida, pareciera estar más en “piloto automático” como si todos los días fueran iguales. A esto le solemos llamar rutina y pareciera alienarnos en alguna medida.

El rito es un gesto repetido conscientemente y de manera ordenada que nos construye interiormente. Por el contrario, la rutina es un gesto repetido inconscientemente y de manera mecánica que no construye ni aporta.  La invitación hoy es a pensar que nuestra vida también puede ser ritual y construir sentido profundo desde lo cotidiano. Necesitamos espontaneidad pero también necesitamos un orden exterior que nos lleve al orden interior. Como dice la canción “Ritualitos” de la cantante colombiana Marta Gómez: “Ritualitos que tiene uno para vivir, para seguir cantando bajo este sol”. Lo ritual nos ayuda a caminar juntos. Necesitamos expresar colectivamente lo que vivimos, lo que experimentamos.

Pensemos, por ejemplo, la Eucaristía dominical no como una rutina sino como un rito que nos conecta colectivamente con la presencia alegre de Jesús y llena de sentido lo cotidiano de nuestra existencia.

Juan Enrique Casas, SJ - ITESO / rudbeck@iteso.mx

¡Identifícate!

Hoy, fiesta del bautismo de Jesús, el evangelio nos presenta el episodio ocurrido a orillas del río Jordán: en medio de la muchedumbre que avanza hacia Juan Bautista para recibir el bautismo también se encuentra Jesús. Juan quería impedírselo diciendo: “yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice? En efecto, el Bautista es consciente de la gran distancia que hay entre él y Jesús. Pero Jesús vino precisamente para colmar la distancia entre el hombre y Dios. Él le pide a Juan que lo bautice, para que se realice el proyecto del Padre, que pasa a través de la obediencia y de la solidaridad con el hombre frágil y pecador, la vida de la humanidad y de la plena cercanía de Dios a sus hijos.

El bautismo del Señor es la identificación de Jesús como Mesías e Hijo de Dios, según el testimonio cualificado del Bautista, del Espíritu Santo y del Padre. Asimismo el bautismo cristiano, prefigurado en el de Jesús, y su consecuencia inmediata: nuestra adopción filial por Dios, constituyen la carta de identidad del discípulo de Cristo, es decir, nuestras raíces cristianas a las que debemos volver continuamente.

La psicología y la psiquiatría actuales detectan, como una de las enfermedades más frecuentes y males mayores de nuestro tiempo, las crisis de identidad personal, que surgen de la falta de aceptación de sí mismo y de las propias limitaciones por parte del individuo. Esto le conduce a la frustración, por ignorancia del propio puesto y destino en la vida y en la sociedad, y desemboca en la ruptura de la alteridad y del equilibrio en las relaciones con los demás.

A nivel religioso también se advierte esa falta de identidad personal en muchos bautizados que no ejercen como tales, porque están en paro. Son cristianos dimisionarios. Otros ven su bautismo como imposición, y no como oferta de gracia. “Mis padres no me consultaron para bautizarme”, dicen algunos. Es cierto; y tampoco para darte la vida, que es el bien natural más grande que posees. Al nacer recibiste también un nombre y un apellido familiar que no has elegido y que, no obstante, te identifican personal y civilmente para siempre.

Pues bien, en el bautismo nuestros padres nos posibilitaron la vida en Dios y allí recibimos un nombre: cristiano, y un apellido: católico, como don gratuito. Todo esto nos identifica inevitable pero libre y gozosamente; y no es carga impuesta, sino don y oferta de gracia, fruto de un amor grande que nos precedió: el de  nuestros padres y el de Dios. Aunque también es cierto que después ha de haber una ratificación personal de la categoría adquirida, para asumir la responsabilidad de ser cristiano, como la de ser persona y ciudadano.

Dios Padre nuestro, en este día del bautismo de Jesús te damos gracias por el amor con que nos entregas a tu Hijo, ungido por el Espíritu para anunciar la buena nueva a los pobres. Igualmente te agradecemos los dones de nuestro bautismo. Tú nos has hecho también tus hijos en la Iglesia, tu pueblo. Concédenos, Señor, asumir libre, consciente y gozosamente nuestra condición de bautizados, creyentes y discípulos de Jesús, para mostrar a nuestros hermanos tu rostro esperanzador. Amén.

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