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Jueves, 15 de Noviembre 2018

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La salvación viene de Dios

En la liturgia de Adviento, la presencia y la voz de los profetas señalan la manera de prepararse a recibir, bien dispuestos, al que ha de venir

Por: El Informador

Hoy nos toca a nosotros recordarnos cuál sigue siendo el personaje importante de toda Navidad, de esta alegre espera, y qué es lo que viene a traernos. ESPECIAL

Hoy nos toca a nosotros recordarnos cuál sigue siendo el personaje importante de toda Navidad, de esta alegre espera, y qué es lo que viene a traernos. ESPECIAL

• Segundo domingo de Adviento
• Dinámica Pastoral UNIVA

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA
Isaías 40, 1-5. 9-11

“Preparen el camino del Señor en el desierto, construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios”.

SEGUNDA LECTURA
Segunda carta de san Pedro 3, 8-14

“Piensen con cuánta santidad y entrega deben vivir ustedes esperando y apresurando el advenimiento del día del Señor”.

EVANGELIO
San Marcos 1, 1-8

“Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias”.

Evangelio de hoy: Este es el principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. En el libro del profeta Isaías está escrito:
“He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti, a tu camino. Voz del que clama en el desierto: ‘Preparen el camino del Señor enderecen sus senderos’.

‘En cumplimiento de ésto apareció en el desierto Juan el Bautista, predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados. A él acudían de toda la comarca de Judea y muchos habitantes de Jerusalén; reconozcan sus pecados y él los bautizaba en el Jordán’.

‘Juan usaba un vestido de pelo de camello, ceñido con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Proclamaba: ‘Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco, ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo’’’. (Mc 2, 1-8).

Aunque el hombre poco se ocupa de pensar en su destino, que es vivir eternamente en Dios, ha sido creado para llegar al puerto seguro, después de esa navegación llamada vida.

Ha de llegar, llegará el día de ponerle punto final a los años, los meses y los días de su vida, como corresponde al mortal que es. A cada momento tiene noticias de otros, cercanos o lejanos, que ya han llegado a ese final, y muchas veces tal pensamiento espanta, porque lo turba, le roba el gusto de vivir, de holgar, de pasarla bien; pero si es mortal, morirá.

Morirá para vivir. Eternamente quiere vivir todo mortal y en su Dios espera esa gracia, la salvación eterna.

La salvación tiene un nombre: Cristo. Para que a todos llegara la vida, la salvación eterna, Dios envió a su hijo único al mundo. Hecho hombre, abrió para todos los hombres las puertas de la salvación. Él es Salvador Él es Redentor, Él es único Mediador.

“El único Mediador y camino de salvación es Cristo, quien se hace presente a todos los hombres en su Cuerpo, que es la Iglesia. Él mismo, al inculcar con palabras explícitas la necesidad de la fe y el bautismo (Marcos 16, 16 - Juan 3, 5), confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como por una puerta”. Así se expresaron los obispos de todo el mundo, reunidos en el Concilio Vaticano II, el 21 de noviembre de 1964.(Lumen Gentium número 14).

Prepárense para recibirlo. Año por año se rejuvenece el mundo, al conmemorar el nacimiento del Hijo de Dios en la tierra. Para esta solemnidad se prepara el tiempo del Adviento, con el signo de la alegría, mas también de una purificación interior.

En el culto divino, en la liturgia de Adviento la presencia y la voz de los profetas señalan la manera de prepararse a recibir, bien dispuestos, al que ha de venir.

El primero es Isaías, quien hacia el año 540 antes de Cristo infunde esperanzas y ánimo a sus compatriotas desterrados en Babilonia y anuncia una Buena Nueva: la venida del Salvador, el bondadoso, el Buen Pastor vencedor; pero ante todo, el condicirá al rebaño a pastos abundantes y a fuentes cristalinas.

Y el segundo, Juan el Bautista, es presentado por el evangelista San Marcos en las primeras líneas de su Evangelio: “Apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento... usaba un vestido de piel de camello”.

Juan fue el último de los profetas del Antiguo Testamento y el primero y a la vez el último del Nuevo Testamento.

 Él era humilde; decía de sí mismo que era “la voz que clama en el desierto”, y que su misión era anunciar al que había de llegar. Y les decía:

“Preparen el camino del Señor”. El símbolo es un camino con obstáculos, con problemas, y los simbolizados son ahora y aquí los creyentes, los cristianos del siglo XXI, a quienes la palabra del profeta invitan a disponerse por dentro. Ese es el verdadero camino, el corazón, para que pueda llegar hasta lo íntimo del ser la presencia salvadora de Cristo.

José Rosario Ramírez M.

¿Quién viene?

Seguimos en el tiempo de Adviento que recién hemos iniciado, y es importante en esta segunda semana, recapitular, si el Adviento es “venida” es importante preguntarnos: ¿Quién viene? ¿A quién estamos esperando?

San Juan Bautista, en el texto evangélico nos da unas ciertas pinceladas que nos permiten comprender a quien esperamos: alguien que es más importante que él, quien nos bautizara con el Espíritu Santo. Esto descrito en el inicio del evangelio de Marcos, que pretende presentarnos a Jesús como Mesías e Hijo de Dios, identidad que irá descubriendo a lo largo de todo el evangelio.

El riesgo que hemos de evitar es, nos pase como al tonto que el sabio le apunta el cielo  y él permanece mirando el dedo. Cuando Dios interviene en la historia del hombre, su palabra está en boca de un personaje no oficial, de un tipo un poco selvático, que grita en el desierto. Tenemos que saber descubrir y escuchar la voz de Dios que se hace resonar a través de la voz y el comportamiento de Juan, el Bautista.

Hoy podemos vivir una situación muy semejante, distraernos en tantas cosas, en otro tipo de desiertos, que nos olvidemos o ignoremos a quien estamos esperando. En tiempos de Juan el Bautista, algunos se confundieron y creyeron él era el esperado, la gran ventaja es que el con prontitud decía que no, que detrás de él vendría alguien a quien él no era digno de desatarle ni la correa de sus sandalias. Hoy podemos hacer muchos preparativos para Navidad, pero sin esperar al que viene, tonta espera, hacer tanto para no recibir a nadie, o al que debiéramos acoger.

Juan en el evangelio nos recuerda que él no es el personaje importante, hoy toca a nosotros recordarnos cuál sigue siendo el personaje importante de toda Navidad, de esta alegre espera, y qué es lo que viene a traernos.

Juan Bautista, con su predicación, tiene la tarea de preparar los corazones para la venida del Enviado. Todas las imágenes usadas, descritas en el evangelio, sirven para subrayar el empeño por parte del hombre para que quite los obstáculos y trace un camino despejado, de manera que pueda verificarse el encuentro con el Salvador. Sobre todo, es necesario despojarse de las autosuficiencias y seguridades y de las propias tortuosidades y ambigüedades. La conversión es un trabajo de espoliación, con vistas a recibir al que viene a salvarnos.

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