Jueves, 20 de Febrero 2020

Brille la luz de ustedes ante los hombres

“Entonces surgirá tu luz como la aurora”

Por: El Informador

Brille la luz de ustedes ante los hombres

Brille la luz de ustedes ante los hombres

PRIMERA LECTURA: Is. 58, 7-10.. “Entonces surgirá tu luz como la aurora”.
EVANGELIO: Mt. 5, 13-16. “Ustedes son la luz del mundo”.
SEGUNDA LECTURA: 1Cor. 2, 1-5. “Les he anunciado a Cristo crucificado”.

“Ustedes son la luz del mundo”

Hoy, quinto domingo ordinario, el mensaje es del Evangelio de San Mateo. Cristo les dice a sus 12 apóstoles: “Ustedes son la luz del mundo” y los envía como antorchas a eliminar con la buena nueva, con la luz que es el Hijo de Dios, muerto y resucitado. Llevaron el Evangelio por el mundo de entonces: Asia, Europa, África.

Pocos años después un escritor de Roma, Tertuliano, escribió. “Somos de ayer y ya lo llenamos todo”, admirado ante la maravilla de la expansión del cristianismo, cómo era aceptado el mensaje cristiano, y las multitudes que acudían a la predicación y a recibir el bautismo.

Los apóstoles fueron las primeras antorchas, las luces de su siglo. Con ellos empezó la misión de la Iglesia, que es iluminar y hacer de cada bautizado una nueva luz, para que a su vez ilumine a otros.

“Brille la luz de ustedes ante los hombres”. El que ha tenido la gracia de recibir el sacramento del bautismo, pasa de las tinieblas a la luz y debe después vivir como hijo de la luz. Al recién bautizado le ponen en su mano una vela encendida en el cirio pascual, y el ministro dice: “A ustedes, padres y padrinos, se les confía el cuidado de esta luz, a fin de que este niño que ha sido iluminado por Cristo camine siempre como hijo de la luz, y si persevera en la fe, pueda salir, con todos los santos, al encuentro del Señor cuando venga el final de los tiempos”.

El bautizado es luz y debe alumbrar, es sal y tiene que darle sabor distinto a su propia vida, en su manera de pensar, de hablar y de actuar: iluminado para iluminar. El que ha tenido la gracia de recibir el bautismo de Cristo desde ese momento ya es luz. Así se expresa el compromiso contraido por el nuevo cristiano: si has sido iluminado por Cristo, ya eres luz, ya no podrás ocultar esa luz.

José Rosario Ramírez M.

El Dios de la gratuidad

Para la teología cristiana Dios ama al hombre independientemente de la actitud o respuesta de éste. La “gracia” es la donación de Dios mismo para renovar y potenciar al hombre. Por esta donación, vivir la vida humana es al mismo tiempo vivir la vida de Dios. Sin embargo, esta noción (gracia) tendrá que ser tratada de manera adecuada, pues no puede ser asimilada a una cosa u objeto, ni a providencialismos, ni a “sobre-añadidos”, sino a una presencia personal que actúa en y con el hombre (en él porque no suplanta su libertad), dinámica que responde a las más hondas expectativas de la condición humana; por lo tanto, no sobreviene como algo heterogéneo o extraño, sino como lo desde siempre añorado y buscado.

El horizonte de la gratuidad es “contracultural”, en el sentido de que no participa de la lógica del mérito y de la retribución a la que estamos tan acostumbrados: habituados a dar para recibir; a poner lo valioso de la vida en el esfuerzo, en el sacrificio; lo que nos cuesta (en todos los sentidos de la palabra: económicamente, afectivamente, etcétera.) se convierte en el eje alrededor del cual gira nuestra existencia. Mientras que el don recibido en Jesús es despilfarro, derroche, exceso, donación de sí mismo en la alegría plena de saberse, sin motivo alguno, Hijo muy amado del Padre; es fiesta que no conoce los límites de los miedos e inseguridades de atesorar algo para mañana, porque todo es hoy; es la experiencia de sentirse gratuitamente recibido por el amor incondicional de Dios, en la confianza plena de que sólo Él basta.

Paradójicamente lo más valioso de la vida es gratuito. No podemos comprar el amor, la amistad, la belleza, la ternura, la fidelidad… Estas experiencias acontecen, con una cierta dosis de misterio, en el marco de lo que aquí hemos considerado como gratuidad. Alguien (Otro, con mayúscula) nos ha querido (a los otros, con minúscula) de esa manera. Como diría Angelus Silecius: “La rosa es sin porqué, florece porque florece”, haciéndonos capaces de convertir la vida en regalo.

Luis Alfonso González Valencia, SJ - ITESO

Brille la luz de ustedes ante los hombres

El evangelista San Mateo nos ofrece, en la liturgia de la palabra, la oportunidad de reflexionar sobre el papel del cristiano en la sociedad. Sal y luz del mundo, serán dos imágenes empleadas por Nuestro Señor para hablar del tema. Todos sabemos perfectamente qué es la sal y cómo se degrada si no se usa. De la misma forma, por las tinieblas, reconocemos la grandeza de la luz, del día, del sol. Probablemente son dos de las imágenes más conocidas del cristianismo y de las más logradas.

En los contratos antiguos, se usaba la sal como un símbolo de “permanencia”. Sabemos también que era signo de la Alianza en el ámbito del judaísmo por ese sentido de la fidelidad de Dios a su pueblo. Además, la sal sirve como conservador de alimentos entre otras tantas cosas.

Todo esto nos ayuda a entender perfectamente las palabras: “si la sal se vuelve insípida hay que tirarla”,  pierde su esencia. El cristiano que pierde el sabor es el que no puede resistir viviendo en la opción de las bienaventuranzas. La comunidad cristiana ha de ponerse al servicio de los demás buscando cómo orientar y proporcionar sabor y alegría a la vida. Dios nos ofrece a diario de su Gracia, hemos de buscar, como la sal, conservar esos dones en el corazón de todos los hombres. Impedir que el exquisito sabor de los dones divinos desaparezca en el prójimo.

Sobre la luz, sabemos que existe toda una teología desde la creación. Se usa en sentido religioso y se aplicaba a Jerusalén, como la ciudad de la luz, porque era la ciudad del templo, de la presencia de Dios. Por eso el: “no se puede ocultar una ciudad” hace referencia, sin duda, a estos simbolismos de la ciudad santa. El cristiano que vive de las opciones de las bienaventuranzas no puede vivir egoístamente. Está llamado a dar testimonio del seguimiento de Jesús. La comunidad cristiana debe estar en lo alto del monte, de la vida, de la historia, de los conflictos, de las catástrofes, no solamente para mostrar su fidelidad sino para iluminar a toda la humanidad.

“Que brille la luz de ustedes ante los hombres”. Estamos llamados a hacerla resplandecer en el mundo, a donarla a los demás mediante nuestras buenas obras. La misión de los cristianos en la sociedad es la de dar “sabor” a la vida con la fe y el amor que Cristo nos ha donado y, al mismo tiempo, pesa sobre nosotros la tarea ineludible de mantenernos lejos de los gérmenes contaminantes del egoísmo, de la envidia, de la maledicencia y otras cosas semejantes. Estos gérmenes arruinan el tejido de nuestras comunidades, que deben resplandecer como lugares de acogida, de solidaridad, de reconciliación.

Señor, guarda con incesante amor a tu familia santa, que tiene puesto su apoyo en tu gracia, para que encontremos siempre en tu protección nuestra fortaleza. Haz que comprendamos el verdadero espíritu del Evangelio, para que, fervorosos en la fe, nos convirtamos de verdad en luz del mundo y en sal de la tierra.

Temas

Lee También