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Sábado, 15 de Diciembre 2018

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Amnistía y amnesia

La propuesta de Andrés Manuel López Obrador ha reabierto el debate público sobre la estrategia de combate al crimen organizado
 

Por: Enrique Toussaint

En materia jurídica, amnistía es perdonar una serie de delitos por alcanzar un bien mayor. EL INFORMADOR/ J. López

En materia jurídica, amnistía es perdonar una serie de delitos por alcanzar un bien mayor. EL INFORMADOR/ J. López

No entiendo por qué no pactan con los narcos, que vendan su droga y dejen de asesinar y causar violencia”, es un argumento que escucho cotidianamente de algún ciudadano o ciudadana harto con la inseguridad. “Como se hacía antes”, agregan. O, en palabras del ex gobernador de Nuevo León, Sócrates Rizzo: “se tenía resuelto el conflicto del tránsito de drogas. Había un control y un Estado y un presidente fuerte. Entonces, de alguna manera, decían: ‘Tú pasas por aquí, tú por aquí, pero no me toques aquí estos lugares’”. La comentocracia se puede escandalizar por la propuesta de dar amnistía a los narcos de Andrés Manuel López Obrador, pero hay una realidad tozuda: la idea del pacto, de la pax narca, no se ha esfumado entre amplios sectores de nuestro país.

La declaración de López Obrador agitó las aguas de los mares políticos rumbo a 2018. El tabasqueño dijo lo siguiente: “Se van a explorar todas las posibilidades y no descarto que se someta a discusión que se consulte al pueblo sobre la posibilidad de una amnistía para lograr la paz. Ya no queremos la guerra, queremos la paz en el país”. Amnistía significa olvidar. En materia jurídica, es perdonar una serie de delitos por alcanzar un bien mayor. En las transiciones a las democracias, las amnistías aparecían como fórmulas para lograr la concordia e incorporar al viejo funcionariado del régimen autoritario al marco de las libertades. O en guerras civiles como camino para la paz. Incluso en escenarios terroristas como en Colombia, y se ha debatido también en el País Vasco. Sin embargo, en casi todos los casos en donde se habla de amnistía, el origen del conflicto es de naturaleza política. En el caso del narco, no lo es.

¿Es deseable otorgar una amnistía a un capo que ordenó el asesinato de una familia entera? ¿Avanzamos en el combate a la impunidad si se otorga amnistía a quien ejecutó el secuestro de decenas de personas o la ejecución de otras tantas? No sabemos si López Obrador habló en serio cuando propuso eso o fue simplemente un brote de verborrea electoral, pero queda claro que olvida lo que las amnistías han significado para un país como México.

Leyendo un poco de historia del narcotráfico en México, y su relación con el poder político, es imposible no verlo como el régimen de la impunidad más absoluta. O utilizando la nueva gramática: de amnistía universal. Como soltó Rizzo en su ataque de sinceridad, el Estado ordenaba al crimen. Definía pautas y ponía límites. Muchos participan del negocio y garantizan la impunidad a través de las instituciones del Estado. ¿Y qué significaron tantos años de amnistía en pro de tener un narco en paz y que no alterara la estabilidad pública? Simple: que el narco creció a tal nivel que se volvió inmanejable para el Estado. La amnistía de aquellos tiempos, aquella que olvida López Obrador o que niega el PRI y el PAN, provocó que el crimen organizado se convirtiera en un problema de seguridad nacional que amenaza al Estado mismo. El narcotráfico se infiltró por doquier y domó a los aparatos del Estado. Como dirían, de aquellos polvos, estos lodos.

La amnistía, más que impunidad, porque no aplicaba para todos, sino que protegía a los grandes capos, a sus familias y amigos, nos tiene hoy en un escenario de ingobernabilidad y sin las corporaciones necesarias para enfrentar al crimen organizado. El olvido tiene sentido, o podría llegar a tener sentido, si aseguramos plenamente que, como sociedad, pudiéramos obtener un bien mayor que valga la pena sacrificar el estado de derecho. ¿Es confiable sentarse y pactar con el narcotráfico? ¿Es un acuerdo cumplible por las dos partes? ¿Quién representa al crimen? ¿Por qué hacerlo con los narcotraficantes y no con el resto de delincuentes de una sociedad? El problema de la declaración de López Obrador no es su inaplicabilidad, sino la irresponsabilidad de soltar una idea vaga, simplemente para ganar titulares, pero que no tiene ni detalles, límites, ni seriedad programática.

La auténtica amnistía, la que están emprendiendo decenas de países a nivel mundial, es enterrar el prohibicionismo y apostar por la legalización de las drogas. Entender que las drogas es un problema de salud pública que cuando lo trasladas a las policías, los ministerios públicos y los jueces, es imposible que no devenga en una grave amenaza  a los derechos humanos y la convivencia pacífica-particularmente en países con instituciones débiles. La legalización no es admitir que las drogas son positivas para la salud-ninguna lo es-, sino asumir que dichas consecuencias son mejores que el canon prohibicionista que es culpable de más de 200 mil homicidios en los últimos 10 años. No tendríamos que pensar en amnistías si López Obrador, Meade o Anaya entendieran que es posible plantear un proceso de legalización ordenado que atienda el problema desde la raíz. Le tienen miedo al castigo del votante conservador.

A pesar de no compartirla, agradezco la iniciativa de López Obrador; al menos dice algo distinto al monotema de la guerra al narcotráfico que ha dominado la agenda desde 2007. Las elecciones son cansadas y las campañas aburridas, pero tienen la virtud que abren debates que muchas veces se cierran por los equilibrios políticos. México necesita un debate en serio sobre la estrategia de combate al crimen organizado, luego de dos sexenios que no cambiaron un ápice el abordaje institucional de la violencia y la inseguridad. No soy partidario de la amnistía, cuando el origen del delito no sea político o de conciencia, pero considero que es importante que se debatan todas las alternativas en un país que ve como muere asesinado un mexicano cada 15 minutos. El único consenso debe ser que lo más peligroso para México es repetir la fórmula de los últimos dos sexenios.

DR

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