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Viernes, 20 de Julio 2018

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Amlo vs Anaya

El promedio de las encuestas lo dan como un hecho: el Frente y Morena disputarán la Presidencia de la República, ante la caída de la candidatura de Meade

Por: Enrique Toussaint

De acuerdo con el portal Oraculus: la probabilidad de que López Obrador sea puntero y Ricardo Anaya se coloque en segunda posición es de 99%. EL INFORMADOR/ N. López

De acuerdo con el portal Oraculus: la probabilidad de que López Obrador sea puntero y Ricardo Anaya se coloque en segunda posición es de 99%. EL INFORMADOR/ N. López

Las elecciones presidenciales en México se juegan a dos vueltas. La primera, que dura desde que se oficializan las precandidaturas hasta el cierre de las intercampañas, siempre convoca a tres fuerzas políticas de alcance nacional. En el 2000 fueron Vicente Fox, Francisco Labastida y Cuauhtémoc Cárdenas. En el 2006, Felipe Calderón, Roberto Madrazo y Andrés Manuel López Obrador. Y en 2012, repitió el tabasqueño, Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota. Todos se mueven en el rango de una intención de voto entre los 21 y los 35 puntos porcentuales. Con más o menos posibilidades de ganar la Presidencia, pero el objetivo de este periodo es definir a los dos actores que se disputarán el poder: el puntero y su retador.
La segunda vuelta es la definición de la contienda. El puntero -en 2000 Labastida, 2006 López Obrador y 2012 Peña Nieto- polariza con el retador. El tercer lugar se descuelga de la batalla por Los Pinos y reza para que las dinámicas del voto útil no arrojen su candidatura a la insignificancia. Hace 18 años, el posicionamiento de Fox como el abanderado con más posibilidades de derrotar al partido hegemónico, atrajo hacia sí la preferencia electoral de una izquierda en caída libre. Hace 12 años, el miedo hacia López Obrador supuso que el elector priista reforzara al candidato del PAN, a través del fenómeno de voto estratégico más importante de la historia del país. En la última elección presidencial, López Obrador fue incapaz de seducir a la totalidad del elector anti PRI y Peña Nieto ganó la elección.

Es decir, entre marzo y abril, las elecciones mexicanas pasan de un modelo de tres partidos nacionales a una disputa bipartidista. Dicho movimiento de electores activa las últimas dos apuestas de los partidos políticos que sí pueden ganar la elección: la disputa por la intención de voto del tercer lugar y la pugna por el elector independiente, no alineado a los partidos políticos y tradicionalmente abstencionista. Tal vez muchos observadores de la realidad política lo pongan en duda, pero la realidad es que las encuestas y las tendencias de preferencias electorales ya definieron a los dos que se disputarán la Presidencia: López Obrador y Anaya.

Los números no mienten y menos cuando son tendencias agregadas de todas las encuestas que se han presentado. De acuerdo con el portal Oraculus: la probabilidad de que López Obrador sea puntero y Ricardo Anaya se coloque en segunda posición es de 99%. Es decir, solamente existe una posibilidad de entre 100, de que José Antonio Meade alcance el segundo lugar. El promedio de encuestas marca lo siguiente: López Obrador 39%; Ricardo Anaya 29%, mientras que Meade marca 23 por ciento. Para que nos demos una idea, en este momento hace seis años, el promedio de las encuestas daba lo siguiente: Peña Nieto 42%; López Obrador 25%; Vázquez Mota 21%. El escenario es muy similar al que se registró en 2000, 2006 y 2012.

Y las tendencias no favorecen una resurrección de Meade como candidato. Los estudios demuestran que al ex secretario de Hacienda le está costando mucho conectar con el electorado, incluso el del PRI. Tiene nula intención de voto entre los jóvenes y los ciudadanos con nivel educativo mayor a los 10 años. El elector independiente, apartidista, no tiene intención de votar por el PRI y el indeciso se dirime entre Morena, el Frente o la abstención. Los casos de corrupción de su partido y el desprestigio del PRI, colocan a Meade en un escenario que lo acerca a ser presa de la pugna por el voto útil entre López Obrador y Anaya. Partiendo de esta premisa, hay al menos cuatro factores que definirán a dónde se oriente la balanza.

Primero, el votante priista decepcionado, ¿por quién apostará? En 2006 fue por el PAN. Calderón logró conectar con las incipientes clases medias que veían con preocupación una Presidencia del tabasqueño. Sin embargo, lo que parecen revelar los estudios que se han presentado es que López Obrador está empatizando más con las bases del PRI que Ricardo Anaya. Las posiciones nacionalistas del tabasqueño parecen conectar más con el voto duro del tricolor, que los postulados tecnocráticos de Anaya.

Segundo, las distancias en los bastiones. Está claro el reparto geográfico de la elección. Anaya encabeza en el Norte-Bajío, mientras que López Obrador “reina” de la Ciudad de México hacia el Sur. Difícilmente los bastiones cambiarán de mano, pero tanto el tabasqueño como el queretano dependen de ampliar sus ventajas en sus estados duros y reducir su desventaja en los fortines del adversario. Por ejemplo, difícilmente Anaya le competirá a López Obrador en la Zona del Valle de México, pero no es lo mismo perder por un millón de votos que ser apaleado. Lo mismo podemos decir de López Obrador en Jalisco, no es lo mismo caer por 300 o 400 mil votos, que repetir el millón de votos que le sacó Calderón en 2006. No estamos en un escenario de arrebatar bastiones, sino de reducir hegemonías.

Tercero, el votante independiente. Un fenómeno de esta elección es el crecimiento del elector apartidista. En un lustro, el votante que se considera no partidista pasó del 39 al 67%. Esto quiere decir que, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, tanto Anaya como López Obrador deberán seducir al elector que no simpatiza con sus partidos políticos para ganar la

Presidencia. Así, más que una guerra de maquinaras, la elección de 2018 es una batalla por el elector suspicaz.
Cuarto, las candidaturas locales. “Toda la política es local”, decía Tip O´Neill. Esto a veces lleva a los analistas nacionales a soslayar o restarles importancia a las coaliciones locales. Lo cierto es que tanto López Obrador como Anaya han puesto mucha atención en la selección de candidatos competitivos y con penetración en los distintos estados. Jalisco es el caso más claro: Anaya apoya a Alfaro -en lugar del candidato panista- y López Obrador optó por un empresario que estaba en MC, el pragmatismo como brújula.

Cinco, las coordenadas políticas de la elección. Si el plano cartesiano político se divide en torno al priismo; es decir, PRI/antiPRI, Ricardo Anaya podría reclamar para sí un cierto valor agregado a su candidatura y capitalizar las dudas frente a AMLO. Sin embargo, si vemos una elección en donde las identidades políticas se estructuran en torno al apoyo o rechazo al sistema, López Obrador tendría ventaja al ser considerado como el mejor antídoto para lucha contra el sistema.

DR

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