El fin de la justa mundialista no solo marca el cierre de un evento deportivo de gran escala, sino el término de un respiro político para la administración federal. En su columna de este miércoles, el periodista Carlos Loret de Mola sostiene que la Presidenta Claudia Sheinbaum vivió el Mundial como un periodo de "distracción" ante los problemas estructurales del país, una "tregua incómoda" que ahora ha llegado a su fin.Para el columnista, la ausencia de la Mandataria en los estadios no fue una casualidad, sino un reflejo de su vulnerabilidad ante la opinión pública real. A diferencia de otros jefes de Estado que utilizan estos encuentros para proyectar cercanía, Sheinbaum optó por el aislamiento para evitar la confrontación directa con la ciudadanía."La presidenta que presume dos veces a la semana su popularidad de 70% no pudo ir al estadio. Le tuvo miedo a los abucheos. (...) La presidenta se escondió pero eso no la libró de que la abuchearan y corearan negativamente su nombre en los lugares públicos donde el pueblo se reunía a ver los partidos", afirma Loret de Mola.El periodista subraya que, fuera del entorno controlado de sus conferencias matutinas o los mítines con seguidores, la Presidenta no encontró las "garantías" necesarias para presentarse, lo que, a su juicio, confirma que "el estadio no es la mañanera".Más allá de la figura presidencial, el análisis señala que el torneo deportivo expuso las carencias del Estado mexicano en rubros críticos. Según el texto, la infraestructura insuficiente, las obras entregadas a destiempo y los problemas de movilidad fueron constantes que pusieron en entredicho la gestión actual.Loret de Mola es contundente al contrastar la calidez del pueblo con la gestión oficial: "La postal fue cruel: México tiene la mejor afición, pero tiene el peor gobierno". Además, destaca que el evento no pudo ocultar temas de fondo que la prensa internacional señaló durante el torneo, como la crisis de inseguridad y las desapariciones en México.El núcleo de la crítica radica en la naturaleza "distractora" que tuvo el Mundial para el gobierno. Según el columnista, durante las tres semanas que duró la participación mexicana, la atención pública se desplazó de las crisis regionales y políticas hacia el desempeño de los jugadores, llegando incluso a registrarse una baja temporal en los índices de homicidios."Ahora viene la parte más difícil. Porque cuando se apaga el último foco del Azteca y se desmonta el último escenario, se termina también el paréntesis. Se agota el oxígeno. (...) Y el gobierno regresa al terreno donde las cosas no van bien", sentencia el periodista.El saldo que deja el Mundial, según el autor, es el de una Presidenta que "no lo disfrutó cuando estaba y lo va a extrañar ahora que se ha ido", dejando a México de vuelta frente a sus problemas más graves, sin el velo distractor que significó la euforia mundialista.Con información de Carlos Loret de Mola*** Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp ***OA