Es sabido que los primeros habitantes del occidente de México eran hombres sabios que observaban la naturaleza y aprendían de ella. Entre los recursos naturales a su alcance, el cocodrilo ocupó un lugar importante en su cosmovisión. En este saurio reconocían a un ser mítico que podía acompañarlos o facilitarles el paso al inframundo. Cipactli es el nombre de esta deidad, representada como un señor cocodrilo, y significa también «el primero» o «el número uno». Su figura dejó huella en los petroglifos de la región, así como en las artesanías que hasta la fecha elaboran las culturas ancestrales.Los primeros exploradores, en su mayoría frailes, fueron quienes realizaron algunas de las primeras descripciones biológicas y relatos sobre estos animales. En sus escritos mencionaban que los «lagartos eran capaces de arrastrar a un hombre o bestia de carga entre sus fauces hasta el agua donde habitaban». Asimismo, las expediciones de naturalistas de los siglos XVIII y XIX relataron la presencia de «numerosos caimanes que se observaban tomando el sol» en las playas que bordeaban el río Ameca. Fue precisamente en esa época cuando comenzó la explotación del cocodrilo por el aprovechamiento de su piel, actividad que se extendió hasta mediados del siglo XX y que abasteció los mercados peleteros de Guadalajara, Jalisco, y León, Guanajuato.Sin embargo, a partir de la década de 1950, las poblaciones de cocodrilos comenzaron a disminuir rápidamente. El crecimiento urbano fue una de las principales causas de su fragmentación y desplazamiento, además de provocar modificaciones drásticas en su hábitat. Como consecuencia, estos animales quedaron expuestos a la captura, la caza, los atropellamientos y la pérdida de zonas de anidación.En la actualidad, el área que habitan estos cocodrilos abarca aproximadamente 600 hectáreas y está sometida a una creciente presión por el desarrollo de infraestructura, como hoteles, residencias, marinas, campos de golf, un aeropuerto, una dársena portuaria y delfinarios. Este crecimiento ha dejado apenas algunos relictos de los distintos tipos de vegetación que caracterizaban la región: manglares, pastizales, bosque espinoso, bosque de galería, bosque tropical caducifolio y bosque tropical subcaducifolio.Si tomamos en cuenta la extensión del territorio y sus características geológicas y biológicas, la población de cocodrilos debió alcanzar aproximadamente un millar de ejemplares, sin contar las crías. Algunos superaban los seis metros de longitud y podían alcanzar los 60 años de edad. Actualmente, esta población se ha reducido a apenas 300 ejemplares adultos, mientras que no más de cinco superan los cuatro metros de longitud.La batalla que los cocodrilos libran contra la especie humana por el espacio está, de antemano, perdida frente a la ambición económica. Esta parece no considerar ni reconocer que estos grandes reptiles han sobrevivido durante millones de años y que los seres humanos todavía tenemos mucho que aprender de ellos. Helios Hernández Hurtado y Pablo Simitrius Hernández Hurtado son Profesores e investigadores del Centro Universitario de la Costa, Universidad de Guadalajara.Crónicas del Antropoceno es un espacio para la reflexión sobre la época humana y sus consecuencias producido por el Museo de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guadalajara que incluye una columna y un podcast disponible en todas las plataformas digitales.