El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha propiciado en los últimos días una confrontación con el Papa León XIV debido a los posicionamientos del jefe de Estado del Vaticano, que se ha expresado abiertamente en contra del ataque militar del Gobierno estadounidense en Medio Oriente y sus intervenciones en América Latina, desaprobando también las consecuencias que están generando. Esto provocó una respuesta negativa por parte del presidente estadounidense, que incluso sugirió que el Papa “le debe el cargo”, generando un intercambio de declaraciones que ha tensado la relación entre las dos partes.Este desacuerdo ocurre en un momento importante, ya que cerca del 20% de la población en Estados Unidos se identifica como católica, lo que representa alrededor de 70 millones de personas, de acuerdo con el Pew Research Center. Este sector ha tenido un peso importante en elecciones pasadas y ahora se encuentra en medio de la confrontación entre el poder político que Trump dice tener y la autoridad moral del Pontífice.La situación también ha tenido repercusiones fuera de Estados Unidos. En Europa, algunos jefes de Estado y de Gobierno se han posicionado en contra de la postura del mandatario estadounidense. La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, expresó su desacuerdo sobre los posicionamientos de Trump hacia el jefe de Estado del Vaticano, calificándolos como “inaceptables”.En ese sentido, la activista internacional Dolores Pérez Lazcarro advirtió que este tipo de posturas son parte de una reconfiguración del sistema internacional“Cuando figuras con peso político comienzan a posicionarse, se abre un efecto en cadena que permite a otros actores, gobiernos, liderazgos sociales y bloques regionales asumir posturas más firmes frente al conflicto”, señaló.Por otro lado, faltan siete meses para las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos, en las que se va a renovar la totalidad de la Cámara de Representantes y una parte del Senado. Por lo que el desacuerdo entre Estados Unidos y el Vaticano está generando que el foco también se dirija hacia la legitimidad del gobierno de Donald Trump frente a todo su electorado y a la opinión pública.Las declaraciones del presidente Donald Trump se han enfocado principalmente en la defensa de su política exterior y descalificaciones contra el jefe de Estado del Vaticano. El 12 de abril, a través de su red Truth Social, el mandatario reaccionó a los posicionamientos del Vaticano rechazando la guerra, señalando que el Papa “no entiende la amenaza que representa Irán”, sosteniendo que su administración no permitirá que esa nación desarrolle capacidades nucleares. Además, señaló que no quiere un “líder religioso que acepte que dicho país tenga armas nucleares”, describiéndolo como alguien “débil” con el crimen y “terrible” en su gestión.El 14 de abril, mediante una conferencia de prensa en Washington, Trump insistió en que “alguien debería explicarle al Papa lo que está pasando en Irán”, en referencia a la situación interna del país y a su papel en el conflicto. Asimismo, reiteró que el Vaticano no debería intervenir en asuntos políticos ni de seguridad internacional.El discurso del presidente estadounidense también ha incluido simbolismos. Entre el 13 y el 15 de abril, Trump compartió en sus redes sociales contenido o “memes” con referencias religiosas —que eliminó posteriormente—, donde da a entender que tiene un vínculo directo con Jesucristo, las cuales fueron interpretadas como parte de una estrategia política para reforzar la base electoral con que ya cuenta.Para la Dra. Giovanna Ríos Godínez, licenciada en asuntos internacionales y experta en derechos humanos y paz, estos posicionamientos se deben a una lógica más compleja.“Trump no solo responde a una crítica, construye una narrativa donde desacredita al Papa frente a su base, particularmente entre sectores conservadores que ven en este tipo de posturas una reafirmación de liderazgo. Hay un componente mediático muy claro, pero también uno electoral, porque este tipo de confrontaciones le permite polarizar y consolidar a su electorado”, explica.Asimismo, señaló que este choque también puede funcionar como un mecanismo para desviar la atención de otras tensiones internas y reposicionar temas en la agenda pública que puedan ser más favorables para el discurso político de Trump.Finalmente, el jueves 16 de abril, antes de viajar a Las Vegas para promover sus iniciativas de cero impuestos a las propinas, el mandatario fue abordado por los medios de comunicación, quienes lo cuestionaron sobre este tema.“No tengo ningún desacuerdo con el hecho de que el Papa pueda decir lo que quiera —y quiero que diga lo que quiera—, pero puedo estar en desacuerdo con él. El Papa hizo una declaración. Dice que Irán puede tener un arma nuclear. Yo digo que Irán no puede tener un arma nuclear”, aseguró el líder republicano.Por su parte, el Papa León XIV mantuvo una postura ecuánime hacia el conflicto y las declaraciones del presidente estadounidense. El 12 de abril, durante su homilía en la Plaza de San Pedro, cuestionó el uso del poder militar y sus consecuencias humanitarias, señalando que existe una “ilusión de omnipotencia” en actores políticos involucrados en la guerra, mensaje que desde Estados Unidos interpretaron como una crítica directa a su estrategia, a pesar de que el jefe del Vaticano no dio ningún nombre en específico.Durante la homilía, también hizo un llamado a los líderes políticos para evitar los conflictos y utilizar el diálogo como solución ante las tensiones.Posteriormente, el 14 de abril, durante su visita a Camerún en su gira por África, el Papa volvió a expresar su postura, señalando que “la guerra nunca es el camino” y que las decisiones políticas deben considerar los efectos ocasionados en las poblaciones más vulnerables.Sobre esto, el académico Antonio Gil Fons, experto en geopolítica, explica que este elemento es importante para entender el impacto del posicionamiento que tuvo el Vaticano.“El Papa no está hablando únicamente desde la fe, está utilizando categorías propias del derecho internacional y de la ética de la guerra para cuestionar decisiones de Estado. Eso lo coloca en un terreno incómodo para los gobiernos, porque deja de ser una opinión moral abstracta y se convierte en una crítica con implicaciones políticas concretas”, señaló.Este jueves, León XIV cargó de nuevo, durante una visita a Camerún, en contra de quienes usan las religiones y a Dios para sus intereses militares, económicos y políticos; afirmó que “el mundo está siendo destruido por unos pocos tiranos”.El Obispo de Roma aclaró el 18 de abril que no está intentando “debatir con el presidente de EU. Eso no me interesa en absoluto”.El conflicto entre Donald Trump y el Papa León XIV también puede llegar a tener consecuencias en la política interna de Estados Unidos. De acuerdo con datos del Pew Research Center, alrededor del 20% de la población se ha identificado como católica, quien en 2024 se inclinó mayoritariamente hacia Trump, con cerca del 55% de respaldo frente a poco más del 40% para los demócratas.Este es un segmento que históricamente ha estado dividido. Por ejemplo, en 2020, el voto estuvo prácticamente empatado, lo que lo convierte en un sector volátil a cambios políticos. Dicho esto, aunque una mayoría de los católicos está respaldando la postura de seguridad de Trump, existe el 40% que podría percibir como excesiva la confrontación con el Papa, lo que puede abrir tensiones dentro de este electorado para los futuros comicios.La Dra. Giovanna Ríos señaló que este escenario puede generar una división dentro del que denominó “trumpismo”.“Hay católicos conservadores que apoyan a Trump, pero también hay sectores que pueden sentirse incómodos con el ataque directo al Papa. Esto abre una grieta interna. No es lo mismo enfrentarse a un adversario político que a una autoridad moral. El Papa tiene legitimidad frente a millones de personas y eso puede influir en la percepción del liderazgo”, expresó.Mientras, Dolores Pérez Lazcarro advirtió que el impacto que genera el jefe de Estado del Vaticano no es solo a corto plazo ni únicamente en el ámbito electoral.“La figura del Papa tiene una capacidad de influencia que va mucho más allá de una coyuntura política. Su voz incide directamente en la construcción de opinión pública a nivel global, particularmente en sociedades donde la religión sigue siendo un referente central. Cuando fija una postura frente a la guerra, no solo está enviando un mensaje ético, también está generando presión sobre los liderazgos políticos que tienen que responder ante sus propias bases”, indicó.Desde su perspectiva, ese efecto puede generar consecuencias en el ámbito político. “No es un actor neutral. El Papa tiene legitimidad y esa legitimidad puede incomodar a gobiernos que están tomando decisiones bélicas porque introduce una narrativa alternativa que cuestiona el uso del poder y abre espacio para que otros actores políticos, sociales e incluso electorales se posicionen en consecuencia”, explicó.