El presidente Nicolás Maduro bailaba en mítines una música tecno con una frase suya en inglés: “No war, yes Peace”. Pero Estados Unidos lo capturó junto a su esposa este sábado por orden de Donald Trump tras un bombardeo en varios puntos de Venezuela.Maduro siempre intentó dar una imagen de hombre común, de “presidente obrero”, aunque carga a cuestas acusaciones de violaciones de derechos humanos.Alto, con espeso bigote, este ex chofer de bus y dirigente sindical de 63 años explota los estereotipos de “hombre de pueblo” para su beneficio.Maduro avanzaba en su tercer mandato (2025-2031), con el que habría acumulado 18 años en el poder, más que el fallecido Hugo Chávez, que estuvo 14 en el palacio presidencial (1999-2013), y solo superado por el dictador Juan Vicente Gómez, que gobernó por 27 (1908-1935).Pero la vida de Maduro va mucho más allá del volante del bus que condujo en su juventud. Formado en Cuba, fue parlamentario, canciller y vicepresidente de Chávez. Sus rivales, erróneamente, le subestimaron desde todos los flancos.Tildado de “dictador” por sus detractores, Maduro fue designado por Chávez como su heredero el 9 de diciembre de 2012, antes de que el entonces presidente viajara a Cuba para tratar un cáncer por el que murió tres meses después. Su “opinión firme, plena como la luna llena”, era que su entonces vicepresidente le sucediera. Durante su gobierno, masivas manifestaciones fueron duramente reprimidas en 2014, 2017 y 2019 por militares y policías, con centenares de muertos.Maduro maniobró también entre una batería de sanciones internacionales tras su primera reelección en 2018, boicoteada por la oposición y desconocida por medio centenar de países.Se mantuvo en el cargo a pesar de una crisis económica sin precedentes en esta nación de casi 30 millones de habitantes, con un PIB que se redujo en 80% en una década y cuatro años seguidos de hiperinflación.Maduro no tiene el carisma de Chávez, aunque lo emuló con discursos de horas en los que mezcla asuntos políticos duros, beligerantes, con chistes y anécdotas personales.No obstante, más allá de lo retórico, supo hacer “realpolitik”: recortó el gasto público, eliminó aranceles para impulsar importaciones que acabaran con el desabastecimiento y permitió el uso informal del dólar, que hoy reina en un país donde tiendas y restaurantes de lujo reaparecieron, aunque solo para el disfrute de unos pocos. CT