Como preveían especialistas en relaciones internaciones, las elecciones intermedias de Estados Unidos dieron un giro a la política del país vecino, transformando el equilibrio de poder en Washington. Tras dos años de "mayoría conservadora" en manos del partido Republicano, el electorado estadounidense optó por un contrapeso legislativo al dar la mayoría a los demócratas.En la Cámara de Representantes (que podría considerarse como la Cámara de Diputados en México) los demócratas superaron holgadamente el umbral de los 218 puestos necesarios para la mayoría (alcanzando 253 de las 435 bancas existentes). Esto les da el control absoluto de las comisiones parlamentarias, el poder de definir la agenda legislativa y la facultad exclusiva de iniciar proyectos de ley de presupuesto y gastos federales.Por su parte, en el Senado, el partido Demócrata aseguró también una mayoría, al alcanzar 54 de los escaños. Con esto, los demócratas pueden asumir el control sobre las ratificaciones de nombramientos del Ejecutivo (como jueces federales, embajadores y miembros del gabinete) y el bloqueo de iniciativas conservadoras impulsadas por la Casa Blanca. ¿Pero qué significa esto y por qué ocurrió?Para Tzinti Ramírez Reyes, directora Regional del Departamento de Relaciones Internacionales y Economía en el Tecnológico de Monterrey (Tec), el resultado electoral respondió a cuatro factores principales: el descontento de la población estadounidense con la guerra contra Irán, la preocupación por el costo de vida y el combustible, el rechazo a la política migratoria de Donald Trump y la inconformidad con la manera en que Estados Unidos se relaciona con la inteligencia artificial.La especialista explicó que estos elementos reflejaron una pérdida de respaldo hacia la administración republicana, particularmente por el impacto de sus decisiones en la vida cotidiana de la población y por las consecuencias de sus políticas en distintos ámbitos. Entre ellos, mencionó el costo de los combustibles, relacionado con el conflicto internacional, así como las críticas a las medidas migratorias impulsadas por el presidente. "Me parece que responde a una serie de elementos. El propio vicepresidente, J. D. Vance, ya señalaba en un comunicado que sacó el primero, siendo un deseo de la población estadounidense de terminar la guerra contra Iraq, contra Irán, por ejemplo. Y luego también hay una preocupación, la deuda pendiente de la administración de Donald Trump en cuanto al costo de vida, incluyendo el costo del combustible, que también está relacionado con la guerra contra Irán", manifestó.Respecto a las facultades que conservará Donald Trump, Ramírez Reyes aclaró que el resultado de las elecciones no implica que el presidente pierda las atribuciones propias del Poder Ejecutivo, pues podrá continuar emitiendo órdenes ejecutivas y tomando decisiones en materia de política exterior, comercial y migratoria sin requerir la aprobación directa de las dos cámaras del Congreso.En ese sentido, consideró que el principal cambio estará en la capacidad de los demócratas para actuar como contrapeso de la administración mediante mecanismos de supervisión, dificultades para negociar y aprobar presupuestos y obstáculos para ratificar determinados nombramientos presidenciales. Esto también podría traducirse en una mayor presión política hacia Trump para moderar algunas de sus decisiones. "De hecho, puede seguir emitiendo, por ejemplo, órdenes ejecutivas como lo ha hecho desde el primer día de su administración. También es el principal encargado de la política exterior, entonces puede seguir empujando, por ejemplo, por medios intervencionistas, como ha sido hasta el momento. Y el tema arancelario, también comercial, pues depende del propio Ejecutivo, también la política migratoria", indicó.Sobre las posibles repercusiones para México, particularmente en la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y las relaciones comerciales con el país vecino, la académica consideró que el resultado electoral no modifica el mecanismo de revisión del acuerdo comercial, pero sí puede cambiar las condiciones políticas en las que México y Canadá negocien con la administración estadounidense.Explicó que, con un Donald Trump debilitado por los resultados electorales y la pérdida de respaldo entre la población, ambos países podrían tener una posición distinta frente a las pretensiones del mandatario estadounidense, pues algunas de sus propuestas podrían enfrentar mayor resistencia política, incluso dentro de su propio partido."Lo que cambia más bien es la correlación de fuerzas o la capacidad de México a partir de ahora, con un Donald Trump debilitado, y también el propio Canadá, porque es un mensaje que en realidad no tiene el apoyo de la población estadounidense. Ahí, pues, es posible negociar desde otro lugar para nuestro país y para Canadá", manifestó.En materia migratoria, Ramírez Reyes descartó que la nueva composición del Congreso represente una posibilidad inmediata de regularización o naturalización para los mexicanos que viven en Estados Unidos, pues señaló que esas medidas no forman parte de la plataforma política del presidente ni de las propuestas que ha planteado el vicepresidente J. D. Vance.Aunque consideró que podría presentarse cierta moderación en la aplicación de las políticas migratorias, principalmente por la presión política y el desgaste de la administración, aclaró que esto no significa que vayan a detenerse las redadas ni que exista la posibilidad de impulsar una reforma migratoria profunda."J. D. Vance mencionó incluso que no hay ninguna posibilidad de ningún tipo de administración ni de reforma migratoria. Entonces, esto en realidad no está en la plataforma del propio presidente Donald Trump, y el vicepresidente ahora está buscando quedarse con la base electoral. Entonces, no me parece que pudiéramos esperar estos resultados, regularización o naturalización, etcétera, como ha habido en otros momentos de la historia".La especialista añadió que uno de los aspectos que podría modificarse es la manera en que se ejecutan las medidas migratorias, particularmente ante las críticas que han generado los operativos y las redadas, en las que incluso ciudadanos estadounidenses han llegado a ser detenidos o afectados. También explicó que el presupuesto destinado al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) ya se encuentra asegurado para el nuevo Congreso que entrará en funciones en enero, por lo que la mayoría demócrata no podrá retirarlo de manera inmediata. En consecuencia, los cambios dependerían más de la presión política sobre el presidente que de una limitación legislativa directa."Recuerda que en el tema migratorio, el presupuesto para ICE, por ejemplo, es un presupuesto que ya tiene asegurado ese nuevo Congreso que entraría en enero, no se le puede quitar. Entonces, más bien lo que podíamos esperar es una serie de moderación en ciertas políticas, pero por una presión política y una pérdida de respaldo, más que por un proceso legislativo, digamos, contra".Por último, respecto a los posibles riesgos u oportunidades para México en materia comercial, migratoria y de seguridad, Ramírez Reyes consideró que el resultado electoral no representa un cambio directo en la relación bilateral, debido a que las decisiones sobre la política exterior y los vínculos con México continúan dependiendo principalmente del Poder Ejecutivo estadounidense.Por ello, indicó que la relación entre ambos países seguirá desarrollándose a través de los canales institucionales que ya existen, particularmente mediante las instancias encargadas de la política exterior y económica. "El legislativo no es el que lleva la relación con México, entonces eso sí depende del Ejecutivo. Te dará alguna relación, tanto a nivel de la Cancillería como a nivel de la propia Secretaría de Economía", finalizó. JM