Ante los desastres y el desgaste del poder, no caen igual los hombres que las mujeres. No quiero llevarlo al debate de género, pero sí al evidente juicio social de la descalificación estereotipada, articulada por la estructura patriarcal. Nunca me atrevería a describir esto desde una lógica victimizante, pero sí desde la profunda preocupación y decepción.Siempre he dicho que la corrupción no tiene género. Las leyes son neutras y deben juzgar por igual a una mujer y a un hombre que cometen actos de corrupción. Pero el juicio social no actúa de la misma manera. Porque no es lo mismo ser un hombre corrupto y corrompido por amor que una mujer que comete actos de corrupción por esa causa: de manera inmediata, ella es juzgada socialmente con misoginia, edadismo y desprecio.Escribo lo anterior no para justificar acciones que exceden y transgreden la ley, mucho menos actos de ilegalidad asociados al poder. Pero sí llevo tiempo pensando que a las mujeres que participan en la política y las instituciones nunca se les juzga socialmente igual que a los hombres, y que eso juega en demérito de su propia representación, esa por la que muchas luchamos durante décadas para tener presencia en los espacios de poder.Lo central en los presuntos actos de corrupción del INE no son las cuestiones amorosas, sino las posibles ilegalidades sistemáticas durante la gestión de una persona que dirigía una institución que, poco a poco, habría sido colonizada por proveedores que construyeron un microcosmos de operación política presuntamente corrupta y fuera de la ley.Sin embargo, leer todo lo que se escribió en las plataformas digitales en torno a los señalamientos contra Guadalupe Taddei resulta denigrante. Rescato solo dos publicaciones en X para ejemplificarlo. Un hombre escribió: “Por lo visto en el INE se tomaron muy en serio eso de tener amigos con derechos”. Otro escribió: “Esto de Taddei me recuerda al gran libro de Ibargüengoitia, ‘Las muertas’: ¿y qué culpa tengo yo de haber nacido apasionada?”. La sentencia no fue exigir justicia y la aplicación de la ley ante posibles ilegalidades. La condena social se concentró en una presunta relación personal que habría llevado al otorgamiento de contratos millonarios en el INE.Si aún tiene dudas sobre la diferencia del juicio social entre hombres y mujeres, describamos un ejemplo. Hubo una vez un senador que, según se dijo, regaló una jirafa a su enamorada: la jirafa Benito, que provocó un escándalo en Chihuahua en 2023. Hubo también un proveedor del INE que ofreció llevarle a su pareja una sopa con pescado para hacerla feliz “con tan poco”. El senador sigue en su escaño; la mujer que dirigía el INE ya renunció. Claro, sobre la jirafa no hay videos; en torno al proveedor “poniendo París a los pies del hijo”, han surgido audios y videos que exhibirían irregularidades dentro del poder institucionalizado. Al final, el asunto de la jirafa Benito terminó en un rumor sin pruebas que acreditaran un regalo personal. Aun así, las críticas se dirigieron contra la mujer y no contra el senador. Tan mal una cosa como la otra. Mi punto es el rasero diferencial del juicio social.No se trata de discutir la vida privada e íntima de hombres o mujeres que se dedican a la política o que ocupan espacios de poder. Repito: la corrupción no tiene género. Lo que digo es que, en el linchamiento digital articulado desde lo social, no se ataca igual a los hombres que a las mujeres, y eso preocupa. Lo importante jamás será de quién se enamoran o con quién tienen romances quienes ejercen el poder político. Lo trascendente es su conducción ética y apegada a la norma.Desde la lógica de la justicia, Taddei debe ser juzgada conforme a las leyes. Hasta hoy, podemos inferir que ejerció un superpoder que mermó la colegialidad de un organismo como el INE, un poder administrativo que le habría permitido otorgar contratos a allegados o conocidos que fueron colonizando no solo al INE, sino a las autoridades electorales de muchos estados. Solo hay una palabra para describir lo que pasa en el INE y en el país: grotesco. Y, por cierto, decir que Taddei no es de Morena es como decir que Cuauhtémoc Blanco nunca jugó en el América. Todo esto duele, y duele un poco más porque existe una enorme parte del INE que nos pertenece y se articula desde la propia ciudadanía, a la que sistemáticamente han ido traicionando. Taddei se traicionó a sí misma y, con ello, a Morena, pero, sobre todo, al pueblo de México.