Sábado, 31 de Octubre 2026
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Ningún auto es mejor que el mío, ¿verdad?

Por: Sergio Oliveira

Ningún auto es mejor que el mío, ¿verdad?

Ningún auto es mejor que el mío, ¿verdad?

Se dice que, si ponen a un hombre a elegir entre tres mujeres —una sencilla, una ahorradora y una buena madre—, él escogerá a la que tenga la mayor talla de brasier. Más allá del machismo y el sexismo de este viejo chiste, lo cierto es que, a la hora de escoger un auto, todos, hombres y mujeres, nos comportamos con la misma irracionalidad y llevamos a casa el que más nos gusta.

Pero hay quienes llevan su elección a un nivel casi religioso y no entienden cómo alguien podría comprar un coche distinto al suyo. Ese fanatismo encuentra terreno fértil en las redes sociales, donde los fanboys muestran los dientes ante cualquier crítica a su auto o marca favoritos. México, obviamente, no es la excepción.

Uno de los grupos de fanáticos más importantes es el de los amantes de Volkswagen. Los “vaguetos”, en referencia a VAG, siglas asociadas al Grupo Volkswagen, tradicionalmente han mirado a los demás desde arriba, argumentando la supuesta superioridad alemana. Desde el primer Golf, vendido aquí como Caribe, hasta el GTI, considerado por ellos el mejor hatchback del mundo.

Pero en México nadie ha elevado tanto el nivel de pasión por un auto como los fanáticos del Jetta, en especial los de su cuarta generación que, dicho sea de paso, fue la mejor. Que nadie se atreva a criticar sus 115 caballos, ni la suspensión trasera, ni tampoco su “europrecio”. El Jetta era “el auto”.

Algo similar ocurrió en su momento con la Chevrolet Cheyenne. Ninguna pickup se le acercaba en capacidad, diseño y suavidad de suspensión, dirían muchos de sus siempre fieles clientes, cuyo fanatismo solo competía con el de los amantes de su rival de enfrente: la Ford Lobo, considerada también un vehículo superior, sin nada que se le compare.

En ciudades donde las pickups son amadas y se utilizan para todo, menos como vehículos de carga, como Guadalajara o Monterrey, ambas fueron y siguen siendo veneradas. Hoy, el fanatismo de los amantes de las “trocas” se concentra en la Tacoma, cuyos defensores la colocan en un pedestal tan alto que necesitan binoculares para mirar a los demás desde ahí. La Tacoma es una divinidad para ellos.

De Mazda a Tesla

Desde su llegada a México, Mazda conquistó el corazón de muchos. En otros países, su auto más emblemático y el que más fanatismo despierta es el MX-5, pero, probablemente por una cuestión de poder adquisitivo, en México fue el Mazda 3 el que logró construir una enorme base de fanáticos.

Estos se sentaban en la supuesta superioridad nipona para mirar desde ahí a los demás feligreses, con la parsimonia de quien los perdona por su ignorancia al no reconocer que su «M3» era, en realidad, el mejor.

Ya que hablamos de M3, los dueños de BMW también tienen un elevado nivel de egocentrismo. Aunque su coche pudiera costar la mitad que, digamos, una Suburban, quien no llevara la hélice azul y blanca de Baviera en la carrocería se encontraba, de inmediato, en un nivel inferior al suyo. ¿Mercedes-Benz? Para viejitos. ¿Audi? Para “vaguetos”. Solo su marca y, en especial, su auto son los buenos.

Otro grupo importante es el de los amantes de los muscle cars estadounidenses, en particular los fanáticos del Mustang. Han sido capaces de defender sus autos hasta el punto de transformar sus defectos en virtudes. La suspensión trasera de eje rígido no era un problema: era algo “hecho para los que realmente saben hacer curvas con los pies”.

El Camaro y el Challenger también tienen lo suyo, pero, sobre todo, el fanatismo se hace evidente entre los defensores de Mopar, la marca estadounidense de partes y accesorios del grupo Stellantis.

Hay varios grupos más, pero hoy, cuando hablamos de fanatismo automotriz, quienes más se acercan a una secta son los amantes de Tesla. En general, son millennials que crecieron convencidos de que los autos eléctricos son la salvación del planeta y de que, entre todas las marcas, Tesla es la única que vale la pena.

Estuvieron solos en esa cima imaginaria durante tanto tiempo que, cuando BYD superó a los estadounidenses en ventas totales de autos eléctricos, no supieron muy bien cómo reaccionar. Hoy, sin embargo, argumentan a favor de la “pureza” y el carácter pionero de Tesla. Lo hacen con vehemencia y parecen dispuestos a utilizar cualquier medio a su alcance para defender a su amada marca.

Es inútil intentar demostrarle a un fanático que todo cambia y que el Jetta no es el mejor auto del mundo, como algunos llegaron a pensar. Tesla tampoco lo es.

Para ellos, su auto es el mejor. Punto.

oliveiraserg@gmail.com

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