La madrugada del 3 de enero de este año, el Ejército y Fuerzas especiales de los Estados Unidos llevaron a cabo un operativo minuciosamente preparado para secuestrar y detener al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores. Aunque la operación se centró en sedes del poder y cuarteles militares de Caracas, no fue limpio ni quirúrgico, pues dejó más de 100 personas muertas, entre ellas parte del equipo cubano de seguridad de Maduro. Esa operación militar cambió la historia reciente de Venezuela.Esa misma madrugada, luego del secuestro de Maduro, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio se puso en contacto con la entonces vicepresidenta, Delcy Rodríguez para darle un ultimátum, según un reportaje del New York Times: “Hablando en español, Rubio le dijo que tenía dos opciones: colaborar con Estados Unidos o presenciar un ataque a mayor escala contra la infraestructura, las bases militares y los altos cargos de Venezuela. Tras algunas negociaciones, Rodríguez aceptó (‘The New York Times, 11 de julio 2026’)”. Comenzó así un periodo político que bien se puede calificar como un protectorado de Venezuela por parte de Estados Unidos, con el presidente estadounidense como emperador y con Marco Rubio como procónsul o un virrey semejante a los de la Corona española.Sin haber pisado Venezuela desde la invasión del pasado 3 de enero, Rubio controla a distancia los ingresos fiscales del país, el petróleo y los contratos petroleros, toma la última decisión sobre los más importantes cargos del Gobierno sudamericano. Marco Rubio y Delcy Rodríguez mantienen comunicación de manera constante ya sea mediante llamadas telefónicas o mensajes de WhatsApp, destacan en su reportaje del “Times”, Tyler Pager y Anatoly Kurmanaev: “El secretario de Estado está profundamente involucrado en el día a día del país y mantiene un contacto cercano con Delcy Rodríguez, quien fue vicepresidenta de Maduro y ahora dirige su país de forma interina, con el visto bueno de Estados Unidos. Los dos se mandan mensajes en español por WhatsApp, intercambiando chismes, felicitaciones de cumpleaños y selfies”, (“The New York Times”, 11 de julio 2026). Y más adelante detallan que Rubio tiene el control directo sobre los ingresos públicos de Venezuela, lo que le da una influencia enorme sobre Rodríguez, “que depende de ese dinero para pagar a los trabajadores y sostener la moneda nacional”.Además Rubio supervisa la aplicación de las sanciones de Estados Unidos a Venezuela, decidiendo quién puede hacer negocios en el país y cómo, en tanto que la presidenta interina de Venezuela le consulta sobre los nombramientos gubernamentales importantes, como el del ministro de Defensa. Al final de todo, el objetivo final de Trump consiste en: “asegurarse el petróleo venezolano para los intereses de Estados Unidos”.En el reportaje del “Times” señalan otro episodio que refuerza la idea de que Venezuela es ahora, lamentablemente, un protectorado estadounidense. Cuando Estados Unidos e Israel atacaron a Irán, el pasado 28 de febrero, el canciller de Venezuela Yvan Gil, “emitió una condena moderada de la agresión contra el viejo aliado de Venezuela. El gobierno de Trump le comunicó a Rodríguez que debía eliminar la publicación y le advirtió que no volviera a apoyar públicamente a sus adversarios. Gil borró la publicación unas horas después de publicarla”, (“The New York Times”, 11 de julio 2026).Por esa capacidad de intervenir en asuntos claves en Venezuela, “Rubio se ha convertido en el virrey de facto de Venezuela, ejerciendo su influencia sobre una nación soberana de una forma que ningún funcionario estadounidense había hecho desde que L. Paul Bremer III llegó a Bagdad en 2003 para dirigir el Irak ocupado por Estados Unidos” .Aunque la conserve nominalmente, Venezuela ha perdido su soberanía. Así lo admitió Carlos Mendoza Potellá, ex asesor del banco central venezolano. “Ya no somos una nación. Somos un territorio con algunos administradores delegados que implementan decisiones tomadas en el extranjero. ¿Quién decide? El emperador Trump, que tiene a su procónsul Marco Rubio”.En un análisis sobre el peculiar estatus político del régimen de Venezuela, la politóloga Linda Kinstler se pregunta: “Entonces, ¿qué es exactamente Venezuela ahora? ¿Es una nación soberana? ¿Es un nuevo territorio del gobierno de Estados Unidos? ¿Es algo intermedio? La toma de control de Venezuela por parte de Estados Unidos refleja la mecánica de la nueva era imperial, en la que se ha vuelto cada vez más innecesario, inconveniente, costoso e ilegal para las grandes potencias declarar ocupaciones formales de Estados pequeños”, y pone como ejemplos las invasiones de Estados Unidos a Irak y Afganistán (“The New York Times”, 19 de julio 2026).El caso Venezuela (como el caso de Gaza), demuestran que el orden de diplomacia liberal creado tras la Segunda Guerra Mundial, con un sistema de Naciones Unidas que supuestamente regularía los conflictos entre naciones, ya no existe, ha volado por los cielos detrás de los bombardeos indiscriminado y las intervenciones descaradas de los países poderosos que sienten que ya no tienen freno para poseer poblaciones, territorios y recursos de los países que se les antojen. No deberíamos consentir un régimen mundial de dominio imperial.rubenmartinmartin@gmail.com