Lunes, 14 de Septiembre 2026

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Septiembre, el mes patrio

Por: Eugenio Ruiz Orozco

Septiembre, el mes patrio

Septiembre, el mes patrio

La historia está hecha de verdades, medias verdades, mentiras, mentirillas, chismes, interpretaciones sesgadas y mitos. Los llamados “mitos fundacionales” como el de Rómulo y Remo siendo amamantados por una loba en Roma, o el de los mexicas fundando Tenochtitlan en el lugar que encontrasen un águila devorando una serpiente, son solo creaciones de los gobernantes para vincular a sus pueblos a un origen predestinado o justificar sus decisiones. En el caso de México, hay una marcada tendencia a interpretar los hechos y juzgar a nuestros héroes a partir de una posición frecuentemente dogmática y excluyente, descontextualizada e inevitablemente influenciada por quien la escribe. Los míos son impolutos y los tuyos son inaceptables. Cultura de buenos contra malos.

¿Por qué es importante conocer la historia? No tan solo la nacional, sino la local, la regional y la universal, la próxima y la remota. La importancia de hacer un análisis crítico de los hechos históricos nos permitirá entender mejor nuestro pasado, eliminar prejuicios y tratar con mayor objetividad personajes y circunstancias. Somos síntesis de la extraordinaria cultura judeocristiana y la indiana con su natural idiosincrasia. 

Afortunadamente, existen autores con una visión plural que nos permite observar, desde distintos ángulos, el mosaico de realidades que, por espacio de más de quinientos años, le han dado forma y contenido a lo que hoy somos: Juan Miguel Zunzunegui, Friedrich Katz, Josefina Zoraida Vázquez, Andrés Oppenheimer, Luis González y González, Enrique Krauze, Miguel León-Portilla, Paco Ayón Zester, José Ma. Muriá, Carmen Castañeda y Luis Sandoval Godoy, entre muchos. 

D. Andrés Henestrosa, excepcional mexicano -como Juárez, zapoteca-, expresó reiteradamente que México será una gran nación el día que los abuelos dejen de reñir: insurgentes contra realistas, conservadores vs. liberales, revolucionarios contra porfiristas, primero, y contra reaccionarios después y, en la actualidad, chairos contra fifís, ricos contra pobres, indigenistas vs. hispanistas. El problema es que, una vez superados los acontecimientos en el tiempo, nos enredamos, irracionalmente, en nuestras contradicciones y, por qué no decirlo, también en nuestra ignorancia. No cerramos capítulos. Ejemplos tenemos muchos, desde la bizantina discusión que condena a Hernán Cortés y a los conquistadores, veja la memoria de Malintzin (una mujer extraordinaria), condena a Moctezuma y sacraliza a Cuauhtémoc, hasta la práctica goebbeliana que el Gobierno utiliza todas las mañanas como instrumento para fomentar la discordia. 

Finalmente, debemos tener claro que el propósito de las celebraciones es mantener viva en la memoria colectiva la idea de que el progreso y la justicia son el resultado de las luchas del pueblo mexicano. El que dediquemos este mes a reconocer a quienes nos dieron patria nos permite echar un ojito al pasado, reconocer errores y aciertos e insistir en nuestra condición de mexicanos: mestizos, habitantes de un territorio con un pasado común y con un futuro maravilloso, si nos alejamos de los prejuicios que nos dividen. Podríamos decir que alcanzaremos el bienestar cuando la suma de las partes logre el equilibrio social, alejados de la violencia, la polarización y los intereses partidistas.

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