Leo en internet sobre cómo la inteligencia artificial burló no solo las reglas de lo que se le ordenó, sino que trató de borrar las pistas de sus trampas y su autoorganización. Al reflexionar la dimensión de lo que implica ese recuento, noto mi alivio. Qué maravilla vivir en México y no tenerme que preocupar por algo que suena tan lejano a nuestra hermosa patria.Si uno es un feliz gobernado de Claudia Sheinbaum no tiene para qué invertir minutos en leer a Dwarkesh Patel* sobre cómo en un periodo de tres meses dentro de OpenAI vivieron una rebelión en tres oleadas, con organización y tácticas de sacrificio entre los cibernéticos participantes, que lograron acceso propio a internet con una secrecía que, nos dice el autor, hace palidecer la omertá de la Mafia.Qué cosas ocurren en la bahía de San Francisco. Qué bueno que uno tiene otros temas en qué invertir la preocupación. A qué mexicano le puede mortificar que 100 empresas de inteligencia artificial suenen las alertas, como ocurrió la semana pasada, de que sus criaturas ya son el más grande Frankenstein de la historia, si en México volvimos de golpe y porrazo al priismo puro y duro. Los retos de la inteligencia artificial a los mexicanos nos quedan como en Marte, pues el Gobierno se amachó en dar, en los lineamientos para las audiencias, potestad a una Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, inexperta en la materia y sin prestigio, para hacer todo requerimiento sobre contenidos de radio y TV: Sheinbaum revive la “inteligencia” de la oscura era priista. Qué bonito futuro. Hablando del porvenir. Bien decía Vicente Fox que si se quiere ser feliz no hay que leer prensa. Y en el caso de que se desoiga tan sabio consejo, queda la buenaventura de ser mexicanos y sentirse a salvo de lo que pasa, por ejemplo, con China y los automóviles según la entrevista de Ezra Klein** con Brad Setser, quien advierte que la sobrecapacidad china para armar vehículos es tal que podría producir las diez millones de unidades que demanda la comunidad europea, y en eléctricos estaría lista para proveer toda la oferta mundial.Perdería uno el sueño con las declaraciones de Setser, experto en comercio internacional del Council on Foreign Relations, si no se hubiera adelantado mi Presidenta Sheinbaum el 19 de agosto a presentar Olinia Carga. Sí, la familia Olinia crece. Qué más da que no haya nacido, vendrá con hermanitas: la de carga se veía rechula en un patio de Palacio Nacional con sus huacales (se venden aparte). Y como la tilma de ese gran exponente de los pueblos originarios que es Juan Diego nos consagró para la abundancia, ¿qué tal la jugada de diez del Gobierno mexicano con el litio? Sí, mientras Estados Unidos y Canadá se dan hasta con el agua del Lago Ontario en su guerra arancelaria, pero dejan a salvo los metales raros, Morena la hizo en grande con LitioMx. Los colegas de “El Universal” no le entendieron. La verdad. Ellos el viernes publicaron que mientras en cuatro años la Federación ha gastado 40 millones en salarios en LitioMx, la empresa ha producido 0 kilos. Ojo, AMLO primero y Claudia después son visionarios: lo están guardando mientras otros países se acaban el suyo. Será como la última Coca del desierto, digamos. Todo un as bajo la manga.Para el apátrida que vea de manera distinta las cosas aquí comentadas, le recomiendo la nueva temporada de “Lioness”, donde se atacan con drones como esos que a los narcos mexicanos ya les bajan en la frontera con EU. ¿Ven? El mundo nos queda chico. *The Rise and Fall of Agent Civilizations. The Whole OpenAI/Hugging Face Story in plain English. Blog, 29 de agosto. **The China Shock 2.0, NYT podcast 21 de agosto.