Viernes, 23 de Enero 2026

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Provoca, somete y avanza; la brutalidad como estrategia

Por: Ismael del Toro

Provoca, somete y avanza; la brutalidad como estrategia

Provoca, somete y avanza; la brutalidad como estrategia

El orden internacional contemporáneo, cimentado sobre la sombra de los conflictos armados del siglo XX, se estructuró mediante una arquitectura de organismos multilaterales y consensos jurídicos que pretendían llevar las relaciones a través del derecho internacional. Durante décadas, la soberanía y los derechos humanos operaron como los ejes prácticos de un régimen que privilegiaba la estabilidad comercial y la predictibilidad diplomática. Sin embargo, el inicio del segundo mandato de Donald Trump en 2025 marcó el agotamiento de este modelo, sustituyéndolo por una doctrina de imposición que ha dejado en la obsolescencia la estructura del régimen internacional generalizado.

En sus inicios, los críticos norteamericanos acuñaron el concepto TACO (“Trump Always Chickens Out”) para señalar la disonancia entre la agresividad del discurso y la supuesta timidez de la ejecución del presidente. No obstante, la realidad de 2026 ha sepultado esa percepción. La incursión de Fuerzas Especiales y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en territorio venezolano para extraer a Nicolás Maduro constituye un mensaje claro que le advierte a los países de sus designios. Esta operación sacó a un adversario político al tiempo que enviaba un mensaje inequívoco: Washington es dueño del balón y cambió las reglas del juego donde la capacidad de proyección de fuerza ha desplazado por completo al derecho internacional.

México, factor recurrente en la narrativa de seguridad de Trump, enfrenta hoy un escenario de vulnerabilidad estratégica. Ya lo vimos, primero, de manera opaca con la captura de Ismael “El Mayo” Zambada en territorio nacional; segundo, de manera oficial con la entrega de dos grupos, cada uno con más de 30 delincuentes de alta peligrosidad con el aval de las Fuerzas Armadas dejando en ridículo nuestro sistema judicial y penitenciario que no puede contenerlos. Al igual que con el caso venezolano, la ejecución de estas operaciones deja un vacío de información que no puede ser explicado por nuestro Gobierno.

Estos ejercicios de extracción de gran calado confirman que, para la Casa Blanca, las fronteras aliadas son meras formalidades geográficas ante objetivos de seguridad interior.

La ofensiva se extiende al flanco Norte del continente y al otro lado del océano. La reactivación de las ambiciones territoriales sobre Groenlandia, bajo la premisa preventiva de contener la influencia de China y Rusia en el Ártico, demuestra que la administración Trump busca una expansión territorial inédita. En este proceso, Europa ha sido víctima de una guerra arancelaria diseñada para doblegar voluntades políticas mediante el estrangulamiento económico. La degradación de las formas ha llegado al extremo de la ruptura del sigilo diplomático: la publicación de comunicados confidenciales y la difusión de capturas de pantalla de conversaciones privadas con el presidente Emmanuel Macron evidencian un desprecio absoluto por los protocolos que otrora garantizaban la confianza y el respeto entre potencias.

Ya lo dijo en Davos: “Amo Europa, y quiero que Europa vaya bien, pero no va en la buena dirección”.

Bajo la doctrina MAGA, el derecho internacional que Occidente respaldó durante casi un siglo ha sido atropellado por una visión extraterritorial y transaccional del poder. Para México, el horizonte hacia 2029 es de alto riesgo. La narrativa recurrente de Trump, que califica al Gobierno Federal como una entidad capturada por el narcotráfico, sugiere que el siguiente paso será una imposición de fuerza unilateral orientada a capitalizar políticamente la captura de perfiles de alto impacto. Esta estrategia de “limpia” externa ignora deliberadamente las capacidades de las Fuerzas Armadas mexicanas y vulnera la autonomía institucional del país.

A Venezuela, Groenlandia y México les restan tres años de una presión geopolítica que se aleja de la diplomacia tradicional para transformarse en una cruda correlación de fuerzas con extorsiones económicas. Estamos ante un escenario donde las ventajas competitivas, el músculo económico y la superioridad militar son los valores que integran la ecuación de las decisiones de la Casa Blanca.

En este contexto, la soberanía y el derecho internacional son variables inexistentes en el cálculo presidencial; pretender que la relación bilateral mejore bajo los estándares diplomáticos convencionales puede hacernos caer en un error de diagnóstico.

@DelToroIsmael_

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