Sábado, 31 de Enero 2026

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¿Presidenta pararrayos?

Por: Erika Loyo Beristán

¿Presidenta pararrayos?

¿Presidenta pararrayos?

Una nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación, que se supone fue elegida por voto abierto de la ciudadanía, resultó no tan nueva. Luego del escandaloso caso de la compra de nueve camionetas blindadas que le costaron al erario 21 millones de pesos, el ministro presidente, Hugo Aguilar Ortiz, tuvo que salir a justificarse, pero nunca a aceptar un error. 

Dijo que no era “una compra caprichosa” sino necesaria. Que las camionetas no se pueden regresar, y que entonces serán asignadas para jueces y juezas que sí viven condiciones de inseguridad que ponen en peligro su vida, es decir, no las y los ministros de la Corte para quienes fueron asignadas inicialmente. 

Al final dijo, que él, no tenía problema en moverse en el metro de la Ciudad de México. Luego, la ministra Lenia Batres, declaró en “El Universal”, que la Corte “trabajaba el doble con menos recursos”. Una Corte pobre o una pobre Corte, qué terrible debe ser trabajar tanto para corregir los enormes vacíos de justicia en México desde la justa medianía. 

Al día siguiente de las declaraciones de Aguilar Ortiz, la Presidenta Sheinbaum salió en la mañanera, como una suerte de pararrayos, a señalar las razones por las cuales esta corte era supuestamente “nueva” contrastando con los increíbles gastos y dispendios que generaba la Corte anterior, entre ellos, seguros de gastos médicos privados y hasta costos de operación para la empresa de venta de boletos de espectáculos Ticketmaster, con lo cual, dejó en claro que cuando el entonces presidente de la Corte Zaldívar, que hoy trabaja en su gobierno, se declaró “swiftie” (fan de la cantante Taylor Swift) y asistió al concierto de esta artista en la Ciudad de México, nosotros los ciudadanos, fuimos quienes pagamos su costoso boleto de entrada. 

La voz pública de la Presidenta ha demostrado ser fuerte y contundente cuando debe serlo, tan solo decir “que lo aclaren esas personas”, seguramente ha puesto a temblar a muchos políticos mexicanos. Pero algo sucede y que nadie sabemos, que ha pasado de decir contundentemente “que lo aclare”, a hoy, defender públicamente a personajes políticos o a un poder distinto al de ella y supuestamente independiente como el Poder Judicial. 

No sé cuántas veces la Presidenta deba salir a defender o a hacer la suerte de pararrayos de personajes del Gobierno y de la 4T que son verdaderamente impresentables. Hace unos meses salió a defender desde la mañanera casos tan escandalosos como gastos excesivos de legisladores y legisladoras, sus lujosos viajes, la compra de artículos de lujo y demás escándalos que la prensa dio a conocer. La Presidenta no debe servir para defender a nadie de su partido que, por decisión propia y codicia, ha decidido personalmente sumergirse en los excesos que predicaron no tener. Ella no tendría que pagar el costo político del desgaste de estos personajes impresentables, menos encubrir actos de dispendio y posible corrupción. Ella es la mujer con mayor poder político en este país y el uso de ese poder, tendría que ejercerse apegado a la legalidad y a la justicia. 

Sin duda, no han sido las mejores semanas de la Presidenta, pero las personas que conforman el partido político que la llevó al poder tampoco ayudan. El tema no es que ayuden, sino que asuman por sí mismas su propia responsabilidad y que se sometan a procesos de auditoría y transparencia que permitan visibilizar el origen de sus lujos, dispendios y decisiones. Alguien escribía esta semana, “Morena se tragó y multiplicó lo peor del PRI”, pensando que este tipo de escándalos que se han exhibido en los últimos meses demuestran que sus prácticas políticas son iguales, sistémicas y estructurales.

Me espanta la palabra estructural, porque entonces quiere decir que desde la lógica de la política y del propio sistema político (hecho de prácticas y costumbres), el poder político sigue usándose para hacer lo mismo que siempre se ha hecho: vivir con lujos, gastar el dinero del erario público en exceso, vivir desde la corrupción y la impunidad. Perder credibilidad para la Presidenta, a costa de su partido, es un alto riesgo que no sabemos si está dispuesta a asumir. 

Para aprender: En el debate en torno a las infancias trans, solo hay que recordarle al Gobernador de Jalisco que sexo y género no son lo mismo. Que valdría la pena que comprendiera que no existe la llamada ideología de género y espero que alguien le regale el último libro de Marta Lamas que lo explica claramente. Que la autopercepción es un derecho humano fundamental. Que el enemigo no son las personas diversas ni quienes defienden sus derechos, sino las mentalidades cerradas y abyectas que se rehúsan a gobernar desde la diversidad y la pluralidad. Las disidencias siempre han sabido resistir, estoy segura que, a pesar de usted y de su partido, lo seguirán haciendo.

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