La ausencia de políticas claras, seguras y firmes que, por lo mismo, se deben sostener en cualquier circunstancia explica los bandazos que hemos podido observar en días recientes, en los que pasamos de la represión a la total impunidad.No es la primera vez que se daña severamente el edificio del Palacio de Gobierno, junto con otros monumentos emblemáticos de la ciudad, así como la propiedad privada de vecinos y comerciantes. Quienes perpetran estas agresiones se basan en el principio de la “iconoclastia” y en la necesidad de “visibilizar” sus luchas. Ambos conceptos son considerados válidos por los vándalos que cometen estos actos y por los ideólogos que los justifican, sin que jamás haya mediado diálogo o debate al respecto.Simplemente, esos son sus principios y se los imponen al conjunto de la sociedad, aquí y en todas partes, a pesar de la democracia, que muchos de esos mismos ideólogos consideran un instrumento de dominación de los poderosos sobre los desprotegidos.Con evidente ausencia de lógica, el vandalismo proclama que las personas son más importantes que las piedras pintarrajeadas, como si semejante comparación estuviera en disputa, y que agredir a la ciudad, sus bienes y su patrimonio es la mejor forma de hacerse oír, de visibilizarse, y nadie los va a sacar de su error. Una cosa es cierta en toda esta revoltura de ideas, pasiones y justos reclamos: la autoridad no escucha, y si escucha, no actúa, y si lo hace, no logra satisfacer las expectativas. Lo contradictorio es que sea toda la sociedad la que deba pagar luego tanto la sordera o ineptitud de las autoridades como los destrozos y las violencias que cometen los exponentes de tales o cuales legítimas causas, persuadidos de que el fin justifica los medios.Hoy día ya no sabemos quiénes son los encapuchados vestidos de negro que, como el genio de la lámpara, aparecen apenas se inicia una manifestación. ¿Son el brazo armado de los pacíficos manifestantes? ¿Son sicarios a sueldo del propio Gobierno o de sus contrarios políticos? ¿Son anarquistas libres que hasta pagan por delinquir? ¿Quién ha fomentado en ellos un odio tan radical? ¿Quién o quiénes los adiestran y lideran, enseñándoles a armar bombas molotov, sacar ladrillos de bardas perimetrales o levantar los pisos para obtener proyectiles? Para disfrutar, como lo hacen, de dar martillazos, lanzar rejas, romper vidrios y quemar puertas, se necesita tener cierto perfil violento más que determinadas convicciones.Y como el 11 de octubre la represión de manifestantes y vándalos fue por igual, ocasionando un escándalo nacional, un duro golpe al partido en el Gobierno y al Gobierno mismo, quedaron los señores de la justicia tan apabullados que decidieron ausentarse y dejar a la ciudad y a sus habitantes a expensas de los vándalos, no de los manifestantes, que también fueron agredidos cuando trataron de expulsar de su grupo a los alborotadores.Lucrar con el dolor, la penuria o las necesidades de la población es vil y repulsivo, y los actores políticos de todos los partidos debieran tener la suficiente calidad humana y honestidad profesional para saber distinguir los frentes, considerando que buena parte de los males que tenemos como sociedad han sido consecuencia de las acciones de políticos de todos los partidos desde hace sexenios, sea por acción, por omisión o por complicidad.Al paso que vamos, la única manera de preservar nuestro patrimonio sería sacar del Centro Histórico a los tres poderes y convertir sus antiguos edificios en espacios menos vulnerables al vandalismo o bien legislar al respecto con inteligencia y aplicar la ley con responsabilidad y osadía.