No todos los hombres… pero algunos sí. Siete estudiantes de la Universidad Cornell, en Nueva York, son acusados de haber abusado sexualmente de Jane Doe (seudónimo utilizado para proteger su identidad). El rostro y el nombre de cada uno de los jóvenes han estado circulando en los últimos días por redes sociales, donde se exige un castigo contra “los siete de Cornell”.La agresión habría ocurrido en octubre de 2024, en la casa de la fraternidad estudiantil Chi Phi, de Cornell, una de las universidades de élite de Estados Unidos. Jane Doe, que entonces tenía 20 años, los denunció, pero los fiscales -solo con base en el reporte de la policía y sin investigar más- desestimaron los señalamientos de la víctima y no presentaron cargos contra los jóvenes porque consideraron que no había ningún delito. Hoy, dos años después, la chica presentó una demanda civil y el caso fue reabierto el lunes, con pruebas adicionales de la agresión.Un chat grupal de la fraternidad se ha vuelto parte medular del juicio. En la conversación de esa madrugada, los estudiantes invitaban a otros compañeros a participar en la agresión. Con expresiones vulgares como “Free p**ssy” (algo así como “cul… gratis”), los mensajes hacían alusión a que la víctima estaba “disponible” en la habitación; incluso, habrían enviado una fotografía de Jane Doe en el lugar.Es un chat en el que había más de 50 estudiantes. Todos recibieron los mensajes; hubo quienes respondieron celebrando la situación y otros que callaron… pero ni uno solo enfrentó al grupo. Nadie los detuvo. No todos participaron directamente, pero lo permitieron.No todos los hombres… pero sí quienes toleran la violencia, quienes la aceptan y se mantienen indiferentes. Es un principio, un valor, una responsabilidad no permitir agresiones contra las mujeres.Esa madrugada, Jane Doe habría llegado a la casa de la fraternidad con uno de los estudiantes involucrados, con quien habría estado consumiendo drogas y alcohol. La víctima estaba intoxicada, inconsciente e incapaz de consentir los encuentros, pero, aun así, los jóvenes habrían abusado sexualmente de ella durante horas.No todos los hombres… pero sí quienes se aprovechan de que una mujer está inconsciente, de que no comprende lo que está ocurriendo. Sí, consumir drogas o beber en exceso te expone, pero estar borracha no significa estar disponible. El silencio no es consentimiento. No es excusa. Ninguna mujer merece ser violada ni lastimada. Culparla es ponerse del lado de los agresores. Es justificarlos. Y la violencia no tiene justificación.A las mujeres se les educa para cuidarse, cargándoles toda la responsabilidad de evitar la violencia. Pero ¿y a los hombres? La gran responsabilidad es educar varones respetuosos, que no participen en agresiones contra otras personas ni permanezcan callados, que sepan que se puede pedir ayuda, salirse de chats e intervenir de forma segura en situaciones de riesgo. Porque, independientemente del género, se trata de no hacer daño y tampoco celebrarlo. Si alguien propone lastimar a otra persona, no hay que mirar hacia otro lado. No hay que proteger conductas violentas de nadie.No todos son agresores… pero faltan más hombres capaces de reconocer la violencia, rechazarla, denunciarla y detener a otro hombre antes de que agreda a una mujer.