A poco más de una semana de que arranque el Mundial de Futbol organizado por la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) los tapatíos y los jaliscienses podemos constatar que a lo largo del año, los sucesivos gobiernos Federal, Estatal y municipal han concentrado sus principales esfuerzos en atender los requerimientos de la FIFA en lugar de atender las necesidades y prioridades de la sociedad por las que prometieron gobernar. Ahora todo se ha centrado en el Mundial, como la renovación de espacios públicos con una millonaria inversión que evidentemente distrae recursos humanos y económicos que serían tan necesarios para atender prioridades sociales, como la búsqueda de personas desaparecidas o el aumento de personas y equipo para el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses que atraviesa una seria crisis de identificación de personas. En la renovación de la Glorieta de la Minerva, corredor Chapultepec, Plaza de la República, Plaza Liberación y Plaza Tapatía se han gastado más de mil millones de pesos en tanto se descuida el resto de problemas sociales que nos aquejan, desde las desapariciones hasta la calidad del agua que ofrece el SIAPA, pasando por diversas obras pendientes como la reparación de drenajes y calles en Analco que llevan más de nueve meses de retraso, mientras que a las obras “mundialistas” se le dedican cuadrillas de trabajo día y noche.Es necesario el mejoramiento del transporte público, pero con el pretexto del Mundial de la FIFA, aceleró los trabajos de la construcción del Macrobús desde el aeropuerto internacional de la ciudad, hasta el estadio de las Chivas, el cual será sede de solo cuatro partidos de futbol del Mundial 2026. Y para llevar a cabo esta obra se permitió que se talaran más de 1,500 árboles en la zona más contaminada del Área Metropolitana de Guadalajara. Con las obras de renovación y relumbrón del Mundial se llevó a cabo un proceso de “blanqueamiento” social que desplazó a cientos comerciantes ambulantes del Parque Rojo y del centro de la ciudad, 30 boleros de la Plaza Liberación, trabajadoras sexuales del parque Morelos y la expulsión de indigentes de todo el primer cuadro de Guadalajara y de Zapopan. Las autoridades justifican que la realización de cuatro juegos de futbol habrá una importante derrama económica gracias a la llegada de más de tres millones de turistas y ventas en el comercio y el sector de servicios. Pero las cifras parecen demasiado optimistas, cuando no infladas, como empieza a notarse al admitir que las reservaciones en hoteles está muy por debajo de lo esperado. Pero aunque llegara esta cifra de turistas, hay que recordar que el Mundial es organizado por una empresa privada, que es la FIFA, y que dicha empresa se llevará todas las ganancias sin invertir nada. Se estima que en el Mundial de este año que se celebrará en Canadá, Estados Unidos y México la FIFA se lleve 13 mil millones de dólares (unos 234 mil millones de pesos) en ganancias, sin prácticamente invertir ningún dólar en las ciudades sedes. Se trata del típico negocio capitalista: inversión y gasto público y ganancias totalmente privadas. Los Gobiernos de México (el Federal y el de los Estados de Jalisco y Nuevo León) aceptaron sin chistar las condiciones impuestas por la FIFA, es decir, llevar a cabo las inversiones y luego entregarles la administración de los espacios públicos como las plazas donde se llevará a cabo los Fan Fest. Solamente una autoridad alzó la voz en contra de las leoninas condiciones que impone la FIFA: la gobernadora de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, exigió que la FIFA “debería pagar” los costos de los trenes al estadio MetLife de la ciudad anfitriona. En otras ciudades de Estados Unidos, los alcaldes han cuestionado los enormes costos en seguridad que invierten al servicio de la FIFA, sin que la empresa dueña del Mundial pague algún costo. Aquí en Guadalajara ni siquiera se discuten los términos y condiciones impuestos por la FIFA y se tienden de tapete para satisfacer las necesidades de este negocio privado. Al fin y al cabo, parecen decir, las prioridades sociales de los jaliscienses y de los tapatíos, pueden esperar.