Después de muchas versiones, las autoridades mexicanas han reconocido que los derrames de hidrocarburos en el Golfo de México y que han afectado cientos de kilómetros de costas mexicanas son responsabilidad de PEMEX. Cada crisis como ésta vuelve a evidenciar la tensión que existe entre la explotación energética y la protección efectiva del medio ambiente.Desde el punto de vista jurídico el derrame en el Golfo nos plantea cinco dimensiones a analizar:En primer lugar, la responsabilidad ambiental y la reparación integral, hoy en día no es suficiente con contener el daño que se hace al medio ambiente, sino que hay que repararlo, lo cual incluye la restauración de ecosistemas, la indemnización de las comunidades afectadas y el monitoreo futuro para poner los medios y evitar que vuelva a ocurrir.En segundo lugar, es necesario una regulación y supervisión efectiva, en este punto no podemos echar la culpa a administraciones pasadas, porque lo que se requiere hoy es la capacidad técnica y autonomía de las autoridades regulatorias para supervisar operaciones complejas, muchas de ellas en aguas profundas.En tercer lugar, transparencia y acceso a la información. Desafortunadamente en los hechos recientes hemos visto lo que no se debe hacer ante una crisis ambiental, minimizar los hechos y señalar a particulares como los responsables sin que existiera una investigación o transparencia en la misma. No podemos olvidar que la afectación al medio ambiente activa el derecho de la sociedad a saber: qué ocurrió, cuáles son los riesgos y qué medidas se están tomando. El acceso a la información ambiental debe ser completo, inmediato y verificable.En cuarto lugar, la dimensión internacional, todo daño ambiental repercute en el mundo en el que vivimos, pero al hablar de un desastre natural en un espacio compartido como lo es el Golfo de México, la evidencia del daño es aún mayor. Los derrames en el mar y más en un espacio como el Golfo no reconocen fronteras, lo que obliga a fortalecer los mecanismos de cooperación internacional.En quinto lugar, pero no por ello menos importante, tenemos la dimensión ética, tratar de normalizar los derrames como “costos inevitables” de la industria energética es bajar los brazos en materia de prevención. La prevención es una obligación concreta que debe reflejarse en estándares más estrictos, auditorías independientes y sanciones proporcionales al daño causado.El Golfo de México es un ecosistema y un sustento económico para miles de familias, muchas de ellas mexicanas. Cada mancha de petróleo en sus aguas nos interpele para plantearnos bajo qué condiciones seguiremos explotando los recursos energéticos y de qué forma salvaguardaremos el medio ambiente, pues no podemos olvidar que en materia ambiental la omisión también contamina.