Lunes, 01 de Junio 2026

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Los que sembraron el diamante

Por: Salvador Cosío Gaona

Los que sembraron el diamante

Los que sembraron el diamante

Fue particularmente grato observar el ambiente vivido recientemente en el Estadio Panamericano durante el encuentro entre Charros de Jalisco y Sultanes de Monterrey. Por supuesto, buena parte de la asistencia obedecía al atractivo natural de un duelo entre dos de las organizaciones más importantes del beisbol mexicano. Pero también resultaba evidente la presencia de numerosas personas convocadas por el homenaje rendido a Don Guillermo Cosío Vidaurri, personaje que décadas después de haber ocupado responsabilidades tan relevantes como la alcaldía de Guadalajara y el gobierno de Jalisco sigue despertando afecto, respeto y reconocimiento entre amplios sectores de la sociedad jalisciense. Muchos acudieron por el juego. Otros por el homenaje. Y precisamente ahí apareció una reflexión que vale la pena compartir.

El beisbol suele recordar con justicia a sus héroes uniformados, a sus grandes peloteros y a sus campeones. Sin embargo, con demasiada frecuencia olvida a quienes ayudaron a construir las condiciones para que esos héroes existieran. Porque el crecimiento que hoy vive el beisbol jalisciense no apareció por generación espontánea. Fue sembrado, fue construido durante décadas y fue sostenido por hombres y mujeres que creyeron en este deporte mucho antes de que los estadios lucieran llenos y las audiencias crecieran como lo hacen actualmente.

Jalisco ofrece quizá uno de los mejores ejemplos de cómo el beisbol puede abrirse paso incluso en una tierra considerada históricamente la gran catedral del futbol mexicano. Durante muchos años hubo empresarios, dirigentes, promotores y aficionados que decidieron apostar por el rey de los deportes cuando hacerlo parecía una empresa contracorriente. Ahí aparecen nombres como José Guillermo Cosío Gaona, Álvaro Lebrija, Adalberto Ortega Solís, Salvador Quirarte y otros impulsores que ayudaron a sostener equipos, fortalecer ligas y mantener viva una afición que hoy disfruta uno de los mejores momentos de su historia.

También merece reconocimiento el histórico líder sindical Heliodoro Hernández Loza, quien impulsó vigorosamente el beisbol entre amplios sectores del movimiento obrero organizado, particularmente entre trabajadores del transporte y de la industria cervecera. Desde el ámbito universitario, cada uno desde su propia visión institucional, tanto Raúl Padilla López en la Universidad de Guadalajara como Antonio Leaño Álvarez del Castillo en la Universidad Autónoma de Guadalajara contribuyeron igualmente a mantener presencia y espacios para el desarrollo del beisbol en la entidad.

A esa suma de esfuerzos también deben agregarse distintas acciones institucionales desarrolladas a lo largo de los años por diversos gobiernos estatales. Cada uno desde su circunstancia y visión, administraciones encabezadas por Aristóteles Sandoval, Enrique Alfaro y actualmente Pablo Lemus han contribuido de una u otra forma al fortalecimiento de la infraestructura deportiva, al respaldo de eventos y al mantenimiento de condiciones que han permitido al beisbol seguir creciendo en Jalisco. Como ocurre en toda obra colectiva, los avances alcanzados responden a la participación de múltiples actores que, desde distintos ámbitos, han ayudado a consolidar la presencia del rey de los deportes en la entidad.

Esa herencia encuentra hoy continuidad en la labor de la actual directiva de Charros de Jalisco, encabezada por José Luis González Íñigo e Íñigo González Covarrubias, quienes junto con muchos otros colaboradores han contribuido a consolidar uno de los proyectos deportivos más exitosos del país. Tampoco deben olvidarse los miles de aficionados anónimos, las ligas infantiles, los entrenadores voluntarios, los promotores regionales y agrupaciones como la Peña Beisbolera de Jalisco Los Peloteros, que durante años mantuvieron viva la pasión por el juego cuando el beisbol todavía no ocupaba los espacios mediáticos ni despertaba el interés que hoy genera.

Precisamente por eso resultan tan importantes homenajes como el realizado a Don Guillermo Cosío Vidaurri. Porque reconocer a quienes ayudaron a construir el beisbol no es solamente un acto de gratitud; también es una forma de fortalecer la memoria del deporte e inspirar a quienes deberán seguir impulsándolo en el futuro. Quizá todas las plazas beisboleras del país deberían mirar hacia atrás e identificar a sus propios constructores: empresarios, dirigentes, entrenadores, promotores, líderes sociales, patrocinadores y aficionados que ayudaron a sostener el juego cuando todavía no llenaba estadios ni ocupaba espacios importantes en los medios.

Reconocerlos no solamente es un acto de justicia; también es una forma de fortalecer la memoria y el futuro del béisbol. Y por qué no, algunos de ellos incluso merecerían ser considerados para integrar el Salón de la Fama del Beisbol Mexicano. Porque los peloteros escriben las hazañas, los campeones levantan los trofeos y los ídolos ocupan las portadas. Pero muchas veces son otros quienes hacen posible la historia.

El homenaje a Don Guillermo Cosío Vidaurri nos recordó precisamente eso: que detrás de cada gran momento del béisbol siempre existen hombres y mujeres que, mucho antes de los aplausos, decidieron sembrar el diamante.

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